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LA LECCIÓN DE ANATOMÍA

Tardé mucho en aprender a atarme los cordones de los zapatos. Por eso, siempre fui una alumna atenta en clase, consciente de mis limitaciones con la matemáticas y de mi falta de habilidad con la costura.

La novela que tenemos entre manos tuvo una primera versión en 2008. Había tenido aquella una buena acogida pero la autora parece ser que no estaba del todo satisfecha con el resultado y decidió editar una segunda parte. No es una reeedición, es mucho más y parece que definitivo.

¿Y que nos cuenta que no hubiese hecho entonces?. Lo que hace es revisar lo ya escrito, ampliar la historia con dos nuevos capítulos y recolocar mejor parte de la narración.

Todo está basado en las propias vivencias de la protagonista/autora. Marta, es ella y el personaje quienes narran dichas vivencias. A traves de lo escrito sabemos como fueron las distintas etapas de su vida, infancia, adolescencia, juventud y madurez. No escatima palabras para describirnos sus recuerdos y hacernos conocer sus íntimos secretos. Como fueron las personas que más influyeron en su formación, -su madre, a la que dedica la novela, su abuela Juanita, su tia Maribel… -. Nos las describe, nos hace ver sus acuerdos y desacuerdos, lo que para ella parecían aptitudes positivas o defectuosas. Lo hace siempre desde el cariño y salpicando las narraciones con humor e ironía, lo que ayuda a que la lectura nos resulte agradable. Sobre la ironía resaltar sus primeros pasos como profesora de español para extranjeros con su alumno, en clases one to one, Mr. Jonathan Cohen, un Corredor de Bolsa británico.

Estructura su obra en tres partes, precedidas de un breve pero significativo capítulo titulado “Aprender a leer el reloj”. La primera, “Vallar el jardín”, recuerda su infancia, la de la pequeña Marta. De como pronto aprende que tiene deberes pero también derechos. Que va al colegio, que se siente maltratada por parte de una de sus profesoras, doña Carmen, al tiempo que fue quien  “me ayudó a bajar del guindo y me robó la ingenuidad”. Es un tiempo en el que tomará una importantísima decisión, “ella no será madre”.

Son veranos con cine al aire libre, acompañada de su tia Maribel. Con amigas que serán para siempre y momentos para olvidar. Lo normal; pero que ella positiviza y serán la base de su futuro.

En la segunda de las partes “Los gusanos de seda” aborda su adolescencia. Octavo de EGB. Amores más o menos explícitos, motes sobre su figura o algún rasgo que la define. Una época de sueños y ambiciones que van dando paso a la realidad de lo que es la vida en sí.

Y esa vida se describe en la tercera de las partes, “Desnudo”. Detalla como fue su juventud y edad adulta hasta el presente.

La lección de anatomía puede decirse que es una singular novela de aprendizaje. “A los niños hay que pasearlos por la casa diciéndoles que son príncipes. Después ellos solos se convencen de que no y, al salir al exterior, tienen la oportunidad de ser modestos, de darse cuenta de que la vida es ir perdiendo poco a poco – se van gastando las monedas, las fuerzas y la salud – y de que ganar a cualquier precio no sirve de nada, aunque siempre es necesario conservar esas ilusiones que llegan a destiempo o no llegan”

Al final del libro nuestra escritora manifiesta “El ser humano es su máscara. Ya he mostrado mi máscara”. ¿Es real todo lo que nos cuenta o es solo su máscará?. Da igual. La narración es muy buena, se lee con agrado, no hay autocomplacencia. Es un juego de realidad y ficción. Un juego muy serio que en feliz expresión de Mario Vargas Llosa, es “la verdad de las mentiras”.

Puede sorprender que una persona de la edad de la autora decida publicar un libro basado en su biografía. No parece que su vida sea tan interesante que dé para un relato de ese tipo. No es cierto. Lo cotidiano, lo sencillo puede convertirse en una aventura existencial. Es lo que sucede en esta obra en la que muchos nos podemos ver retratados. En la narración hay momentos que nos acercan a cosas que cada uno de nosotros ha podido vivir. Es su habilidad para contarlo lo que hace que esos momentos, anodinos para la mayoría, cobren un especial sentido si los enmarcamos en el relato vital de una existencia.

 

Marta Sanz, nace en Madrid en 1967. Es Doctora en Literatura Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid, su tesis se trató sobre La poesía españóla durante la transición (1975-1986). La carrera literaria de Marta Sanz comenzó cuando se matriculó en un taller de escritura de la Escuela de Letras de Madrid y conoció al editor Constantino Bértolo, quien publicó sus primeras novelas en la Editorial Debate. Quedó finalista del Premio Nadal en 2006 con su novela Susana y los viejos. En su obra La lección de anatomía (RBA 2008) utilizó su propia biografía como material literario. Dentro del genero de la novela negra, en Black, blac, black (Anagrama, 2010) creó el personaje del detective homosexual Arturo Zarco, que recupero en Un buen detective no se casa jamás (Anagrama 2012). En 2013 publicó Daniela Astor y la caja negra  (Anagrama,2013), donde recrea el mundo de la cultura popular y las actrices de la Transición española como Susana Estrada, María José Cantudo o Amparo Muñoz. Tras su publicación, esta novel recibió distintos premios (el premio Tigre Juan, el Premio Cálamo “Otra mirada” 2013 y el de la página de crítica literaria Estado Crítico).

Ha publicado también cuentos, poesía y ensayos; ha ejercido la crítica literaria en distintos medios, la docencia en la Universidad Antonio de Nebrija de Madrid y ha dirigido la revista literaria Ni hablar. Colabora habitualmente en los periódicos El País y en Público y con la revista El Cultural de El Mundo.

Los días – Memorias de infancia y juventud

  Los insultos no han probado jamás    una verdad ni desvanecido un error.

Me parece una buena frase para iniciar el comentario de un libro que ha sido para mi todo un descubrimiento. Los días de Taha Husein nos dice mucho sobre la cultura islámica y sobre la forma de vida de sus seguidores, entre los que se encontraban estos campesinos egipcios de principios del siglo XX.

El protagonista ha nacido y vive en esa comunidad, sujeto a sus normas y costumbres, a su ignorancia disfrazada de conocimiento memorístico del Corán en  su totalidad. Él, pese a  ser ciego desde que a los tres años le trataron mal una enfermedad ocular, no queda exento de dicho aprendizaje. Debe asistir a la escuela regentada por un maestro dictatorial e ignorante que lo único que sabe hacer es obligar a memorizar los textos sin ninguna explicación sobre lo que aprenden y de la misma manera que diez siglos antes los alumnos de entonces hacían. No es esta escuela un caso aislado, la universidad de El Cairo, Al-Azar, donde se enseña  Corán, Hadiz, Derecho islámico, Fundamentos teológicos, Gramática…… , sigue el mismo procedimiento, memorizar, repetir como un papagayo todo lo estudiado y librarse mucho de exponer ideas que no se ajusten a la tradición. Esta forma de formarse, amén de tediosa, es totalmente inoperante y solo sirve para sacar unas monedas o algo más a los ignorantes aldeanos, cuando los maestros son llamados a los pueblos a salmodiar en las ceremonias y eventos que en ellos se dan.

Y  eso que cuando él  llega a la Universidad comentada ya ha habido una cierta reforma aperturista, emprendida por Muhammad Abduh, que ha introducido para su estudio asignaturas como Aritmética, Geografía, Historia o Literatura Clásica. Pero mover costumbres arraigadas durante siglos no se hace en un período de tiempo corto y pese a estas novedades nuestro protagonista tendrá que vérselas con dichas anticuadas formas de pensar y mandar.

Para su familia, campesina relativamente acomodada, poder mandar a sus hijos a la escuela rural y después a Al-Azar es un signo de prestigio y valía. Nuestro pequeño, pese a su ceguera, aprende rápido, sabe memorizar bien, pero se aburre. No le encuentra lógica a estudiar de esa manera. Pero superará las pruebas necesarias y viajará a El Cairo, donde su hermano mayor ya está en la comentada Universidad  y de mala gana le servirá de lazarillo.

Pese al cambio de lugar no aprecia  diferencia de sistema, sigue siendo memorístico. Tanto que sus alumnos pese a disponer y alegrarse de tener la asignatura de Literatura, se limitaban a leer los grandes poemarios clásicos y a comprar después el  comentario oficial del texto matriz, ya que era el que otorgaba sentido y autoridad al original. Absurdo pero real.

Esto no era para lo que se había esforzado tanto. Ya antes había discutido con Sayyidna su maestro y con su padre, a quien le reprochaba su ingenuidad en materia de Fe. Aquello fue un buen aprendizaje para enfrentarse solo con su dialéctica a los shaijs de alAzar  en defensa de su dignidad y su capacidad intelectual.

Fueron años duros y de extrema pobreza, pero los aprovechó para salir del infernal círculo que aquel ambiente significaba y llegar a las metas que de adulto alcanzó en la élite intelectual de su país.

A través de las páginas del libro no solo vamos conociendo como se desarrollaba la enseñanza y distribución de las teorías coránicas, también quedan recogidas la manera en que se estructuraba la familia, las distintas formas de vida, clases y castas. El poder de los que conocían las escrituras y estaban autorizados a enseñarlas. En definitiva los motivos por los que estas sociedades no han evolucionado en paralelo a los conocimientos técnicos, filosóficos e intelectuales, que configuran el mundo no musulmán con algunas excepciones.

  Taha Hussein (14 de noviembre de 1889 – 28 de octubre de 1973) fue un escritor egipcio, comúnmente llamado el «decano de las letras árabes» o «Qahir al-Zalam» (en español: el conquistador de la oscuridad). Nacido en Magaga, Menia, (Egipto), Perdió la vista durante la infancia pero a pesar de este impedimento siguió con sus estudios y acudió a la Universidad Al-Azhar de El Cairo donde estudio Religión y Literatura.  Acudió posteriormente a la Universidad Egipcia —cuando Al-Azhar se negó a entregarle el diploma— y allí se convirtió en el primer estudiante en obtener un doctorado. Más tarde continuó sus estudios en La Sorbona en París, especializándose en Historia antigua, Griego y Latín, y también consiguió un doctorado. En Francia conoció a la que sería su esposa.

A su regreso a Egipto trabajó como catedrático y publicó Fil-Shiʿir al-Gāhilī (Sobre la poesía pre-islámica), donde expresaba serias dudas sobre la autenticidad de la poesía árabe pre-islámica y algunos capítulos de Corán, lo que le acarreó críticas y rechazo, por los que más adelante perdería su puesto. Una de sus obras más conocidas llamada Mustaqbil al-thaqafa fi Misr (El futuro de la educación en Egipto) fue publicada en 1938. Taha fue posteriormente rector de la Universidad de El Cairo, miembro de la Academia de la Lengua Árabe y Ministro de educación de Egipto, desde donde logró que la educación básica se convirtiera en obligatoria y gratuita.

Su obra se enfoca a analizar la Literatura árabe, la Historia del Islam, aunque también escribió de aspectos sociales y políticos.  Entre otras cosas, también tradujo al árabe múltiples obras de la literatura europea.  En 1973, recibió el Premio de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, un reconocimiento otorgado por la Organización de las Naciones Unidas a las personas y organizaciones que hayan realizado aportes significativos en «la promoción y protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales».