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UNA MADRE

Y es entonces cuando se me ocurre que este baile tan bien acompasado, este laberinto de gestos tan naturalmente hilados, todo este lenguaje fácil, reconocible, automático…, todo esto es lo que nos hace familia, historia común, comunidad. (76)

Una Madre habla de esto, de una familia, de los lazos que la unen, de cosas comunes, cariños no siempre bien expresados; problemas, también a veces mal expuestos; encuentros y desencuentros; variedad y comunidad. De eso nos habla Alejandro Palomas en las doscientas cuarenta y pico páginas de este libro.

Lo difícil es narrar las circunstancia que rodean a los personajes que componen dicha familia sin que el lector caiga en el desánimo de continuar queriendo ver a donde nos lleva lo que escribe. Y ese es para mi el primer mérito del relato, que interesa, que hace que lo sigamos con anhelo. Y no son personajes fáciles, ni la vida de la familia lo ha sido en todo su tiempo. Mama, personaje central de la odisea en la que estamos inmersos es una persona de 65 años. Hasta hace dos años casada con un hombre estafador, dominante y controlador. Con su voluntad anulada como la del resto de componentes de la unidad familiar. Ahora, libre al fin, ha descubierto un espíritu de aventura y no deja de iniciar cosas. Le ayuda su amiga Ingrid, una mujer que solo conocemos por los comentarios de Amalia, la madre, y que se nos revela como seguidora de algún tipo de vida extraño con influencias orientales.

Sigue su hija mayor, Silvia. También dominante como su padre y que ahora que él no está ha tomado esa función con los galones que conlleva ser la mayor de los hermanos. Soltera aunque viviendo con Peter, un sueco que nunca ha querido que le presentaran a la familia. Es una obsesa del orden y la limpieza. Viaja por trabajo por todo el mundo y es eficiente y cumplidora.

El tercero en discordia es Fer, el narrador de todo lo que pasa. Treinta años. Está viviendo un mal momento desde que su compañero Andrés  le abandonó dejándole como recuerdo un cachorro de gran danes de nombre Max, hoy un perrazo de 60 k de peso y su gran amigo. Su trabajo es  subtitular películas, además de doblar voces en ellas y prestar esta para anuncios publicitarios. Pero está solo, bueno con su madre, y no se ve con fuerzas para iniciar una nueva relación de pareja.

Enma es la tercera. Es lesbiana. La muerte accidental hace ya un tiempo de su compañera Sara de la que estaba muy enamorada ha influido de forma importante en su vida y manera de comportarse. Su actual amor con Olga, una ejecutiva bancaria, ha logrado paliar en algo aquella situación pero el recuerdo sigue ahí y parece que formará siempre parte de su existencia. Es maestra.

El quinto componente es Tio Eduardo. Hermano de Mama. Es una persona singular. No se llevaba bien con su cuñado y esto hacía que su presencia en reuniones familiares fuese una excepción. Ahora, con su hermana divorciada siempre que puede está en ellas. Eso si, nunca de forma anónima. Él tiene que ser uno de los centros de atención y para ello recurrirá a todo tipo de subterfugios, incluso inventándose situaciones o hechos. Necesita que le hagan el debido y, para él, merecido caso. Es todo corazón. Silvia es su sobrina predilecta y siente por su hermana un gran cariño. Sabe que esta familia, extraña y lejana, él vive en Lisboa, es el puerto al que siempre puede llegar y ser recibido.

Como es fácil deducir de la descripción hecha de los componentes del clan no se puede  decir que sea una familia-tipo. Es más, vistos desde fuera se diría que es una familia desestructurada. Ninguno encaja en lo que llamamos parámetros familiares normales. ¿Que les mantiene unidos?. Les mantiene unidos el urdimbre que pacientemente, con sus modales de mujer ingenua y en ocasiones ida, Amalia se afana en colocar para que los demás puedan pasar por el sus hilos llenos de amargura, esperanzas, logros no alcanzados y desamores. Hilos todos que tejen una fuerte tela en la que tienen cabida y en la que el cariño está siempre garantizado. Son conscientes de sus limitaciones, de sus casi siempre fracasos y al tiempo que pueden criticar tal o cual acción puntual de los demás saben asumirla y animar para que no pase a mayores, para que nadie caiga en el hoyo profundo del olvido, censura o desamor. Están vacunados contra todo pesimismo. De esa vacuna se encargó su desaparecido padre, un ser al que pintan despreciable en todos los ámbitos y el motivo por el que la madre les pide una y otra vez perdón, perdón por haberles dado como progenitor a una persona de ese pelaje.

En esa cena de fin de año se cuentan y recuerdan muchas cosas. Hay sorpresas y lo que pudiéramos llamar bromas. Amalia está muy contenta. Tiene a todos consigo y se siente feliz. Es una manazas de cuidado pero no le importa. Ella sabe lo que es sufrir un calvario como lo fue sus años con un hombre que la aniquilaba y despreciaba. Y sabe que ya no volverá a ser así; sabe lo que perdió hasta el momento en que su marido la abandonó y está dispuesta a que no vuelva a pasarle,  ni a ella ni a ninguno de los suyos. A eso les anima, Sabe que “no vale esperar a que pase algo para que las cosas cambien, porque por mucho que cambien, si no las miras, si no tiendes la mano para tocarlas, nunca te darás cuenta de que ya no son las que eran.”. Hay que agarrarlas y comenzar de nuevo cuantas veces haga falta.

Es un relato para leer despacio, masticar lo que se dice y ponernos en los zapatos de los intervinientes. Todos los actores de la historia están bien, incluso muy bien, perfilados. Sus personalidades definidas con sus anhelos aspiraciones y miedos. Se nos hacen cercanos y nos afecta lo que nos cuentan. Deseamos que sus vidas se resuelvan y sean felices.

Alejandro Palomas nació en Barcelona en 1967.

Estudio Filología Inglesa en la Universidad de Barcelona, completando su formación en el New College de San Francisco, donde cursó una maestría en Poesía.

Desde entonces ha trabajado como traductor de importantes autores, así como escribiendo para varios medios de comunicación, actividades que ha compaginado con su pasión por la escritura.

A lo largo de su carrera literaria ha publicado varias novelas, como El tiempo del corazón; El secreto de los Hoffman, (con el que fue finalista del Ciudad de Torrevieja 2008) o El alma del mundo (también finalista del Premio Primavera). Sus dos úlltimos libros, Una madre y Un hijo, han recibido el aplauso de la crítica.

Cuando todo cambió

Ella lo esperaba.

Lo que no esperaba era el sufrimiento que nos traería después como un viento frío.

Así termina el corto y primer capítulo de la novela que nos va a tener ocupados durante las próximas semanas. Y la frase encierra todo lo que el relato nos contará de la vida de sus protagonistas, especialmente de la de Natalie Ward, que a sus aproximadamente cincuenta años regresa desde Vancouver donde ahora vive a su pueblo natal, cercano a Atwood y a solo dos kilómetros de la frontera con EEUU,  en el que se desarrollarán los hechos que rememorará en el obligado y largo viaje y que son el fundamento de la historia.

Su vuelta obedece a la llamada de su hermano mayor Boyer. La causa es que su madre está muriendo y  desea volver a verla. Llevan décadas sin hacerlo pero se siente impelida a satisfacer su llamada. No quiere que la acompañe su marido Vern, un desconocido para su familia y con el que las cosas no van del todo bien.

A traves de sus introspecciones nos enteraremos de como era su vida hace treinta años. Una vida que transcurria en una familia unida y querida. Papa, mama, sus tres hermanos, Boyer, Carl y Morgan; el trabajo en la granja, las relaciones con vecinos. Un existencia plácida que se vió interrumpida por la llegada de River, el joven y guapo americano hippie, contrario a la guerra de Vietnam y desertor, uno más de los que cruzaban la frontera con Canadá para evitar ir a luchar a aquellas lejanas tierras.

Según avanzamos en la lectura vamos adquiriendo la certeza de que lo que Natalie hace es andar un camino por ella conocido que lleva a un punto en que algo importante sucedió. Algo que marcó su vida y la de todos de manera definitiva. El relato adquiere un nuevo valor y nosotros como lectores empezamos a interesarnos por todo lo que se describe intentando encontrar pistas que nos anticipe lo sucedido. Y cuando ocurre nos asombrará. Tendremos que admitir que no esperabamos ese desenlace y que la autora goza de recursos suficientes para sorprendernos e ir más allá de nuestra imaginación más enardecida.

El libro atrae y engancha. Tiene mucho que ver la estructura de la historia. Desde el principio sabemos que existe un algo y descubirlo es la meta que nos lleva a leer y no dejar de hacerlo. Ayuda a ello su buena prosa y el que las personalidades de  los protagonistas estén bien descriptas y desarrolladas. Nos relata como era la vida en aquella granja , los problemas diarios y el cariño entre los componentes de la familia. También como es Natalie ahora; las relaciones con su marido que la ama profundamente y con su hija, médico de profesión y que casulamente vive en el cercano pueblo de Atwood. Son personajes que se nos hacen familiares y llegamos a apreciar.

También está muy bien explicitado el ambiente que rodea la granja, las montañas, lagos, etc., lo que hace más agradable la lectura y más entrañable el relato.

Natalie es la narradora principal. En ocasiones tambien lo es su madre, pero son las menos. Es a traves de nuestra protagonista como nos vamos enterando de todo lo acaecido.

Dejó que cada uno  descubra por sí mismo el enigma de la narración y el desenlace. Creo que gustará a la mayoría. Es una buena historia y merece ser leída con interés y afecto . Donna Milner se lo merece.

Donna Milner nació en Victoria DC (Canadá) en el año 1946. Trabajó durante 25 años como agente inmobiliario, hasta que su marido Tom  la alentó a empezar a escribir. Le gusta crear personajes reales que se enfrenten a dilemas morales de verdad, que hablen al lector y se mantengan vivos en su memoria mucho después de acabar la lectura. Su primera novela Cuando todo cambió se publicó en 15 países, fue nominada al prestigioso Premio IMPAC de Dublín y elegida una de las cien mejores novelas por el periódico The Globe and Mail. Actualmente vive con su marido en la ciudad de su nacimiento.

Tiempo de vida

Cuando se es hijo único, cuando no se tiene el espejo de unos hermanos donde mirarse, la inseguridad sobre lo que somos parece mayor que si los tuviéramos, que si hubiésemos crecido al lado de alguien que ha tenido las mismas influencias, los mismos padres, y aun así es nítidamente diferente de ellos y por supuesto de nosotros.

Marcos Giralt Torrente escribe un relato intimista y muy personal. A lo largo de 200 páginas va desgranando una relación fraternal, la propia con su padre; no siempre fácil,  pero intensa, aún en los momentos de mayor desencuentro y lejanía. Y lo hace desde la posición que arriba se describe, la de ser “hijo único“; de no tener con quien comparar o compartir actitudes, momentos familiares, consejos y modos de ver las cosas que todo padre transmite a sus hijos a lo largo de su existencia; quiera o no hacerlo, pues nada es más cierto que el dicho “todos somos ejemplo aunque no seamos ejemplares”.

En general la vida de todos nosotros está influenciada por la educación recibida en el ámbito familiar. La que aquí describe tiene la singularidad de que ese ámbito no era el de una familia unida. Sus padres se divorciaron y cada uno buscó su desarrollo personal al margen del otro, sin por ello renunciar a mantenerse relacionados. Esto influyo de manera decisiva en las opiniones y sentimientos que el único hijo de la pareja tuvo de la actuación vital de cada uno de ellos y por supuesto de la relación que con él mantuvieron.

La trama es real, si bien el autor se permite licencias propias de la ficción. En lo que concierne a la relación con su progenitor es autobiográfica. A medida que leemos vamos percibiendo que el sentimiento hacia su padre es ambiguo. Han tendio cuentas pendientes y ello ha dejado su poso. Hay reproches sobre las veces que él debió estar y no estuvo, las ocasiones en que sus ausencias se alargaron más de lo que se entendía como debido, la falta de apoyo económico no solo en los buenos tiempos, tampoco en aquellas ocasiones en que su madre quedaba sin recursos o eran muy escasos, -era con esta con la que vivía la mayor parte del tiempo-. En este sentido podemos encontrar reiterativas estas explicaciones en las que una y otra vez y respecto al comportamiento de su padre relata que no se sentía suficientemente estimado.  Describe todo con una prosa liviana que permite seguir la lectura sin cansancio. La narración es en primera persona y no utiliza nombre alguno para referirse a sus progenitores. Tampoco lo hace cuando hace aparecer en la historia otros personajes.

La muerte de nuestros progenitores siempre nos parece que se produce de forma temprana. Aunque hayan alcanzado una edad longeva su desaparición dejará inconclusas innumerables situaciones que por unas cuestiones u otras no se han planteado en su momento o si se hizo no han sido suficientemente aclaradas y matizadas. Eso y el saber que ya no se puede acudir al consejo o experciencia que ellos aportaban a nuestra vida es algo con lo que hay que aprender a vivir. De todo esto es de lo que nos habla Marcos Giralt Torreente. En su caso ademas con el handicap de que su padre no era un desconocido, era un pintor de fama.

Creo que muchos lectores encontrarán puntos comunes con las relaciones que ellos han mantenido con sus padres. Lo que dice afecta a todos ya que, salvo excepciones, con más o menos intensidad las situaciones que nos cuenta son bastantes comunes en toda convivencia filial. Poco parece callarse el autor, lo que hace más creíble la historia. Tristezas, alegrias, encuentros, decepciones, comprensión y cariño. Todo muy bien expresado lo que provoca sentimientos conmovedores y, al menos a mí, empatía.

Marcos Giralt Torrente nace en Madrid en 1968 en una familia de artistas (es hijo del pintor Juan Giralt, nieto del escritor Gonzalo Torrente Ballester y sobrino del también escritor Gonzalo Torrente Malvido). Se lienció en Filosofía en la Universidad Auónoma de Madrid. Su primer libro fue el volumen de relatos Entiéndame, pero la celebridad no le llego hasta 1999, cuando ganó el Premio Herralde de Novela con su novela París. En 2011 gano el Premio Nacional de Narrativa con Tiempo de Vida, la novela que estamos leyendo.

Ha sido escritor residente en la Academia Española en Roma, en la Universidad de Aberdeen, en el Künstlerhaus Schioss Wiepersdorf, en la Maison des Écrivains Etrangers et des Traducteur de Saint Nazaire y en la Santa Maddalena Foundation. Es miembro de la Orden del Finnegans. En 1995 comenzó a colaborar con el periódico El Pais, donde fue crítico literario del suplemento Babelia hasta 2010. Su obras han sido traducidas al inglés, alemán, francés, italiano y portugués, entre otras.

Nada se opone a la noche

Mi madre llevaba varios días muerta.

Ese hecho, el encuentro de su madre Lucile muerta, es el motivo que lleva a la autora Delphine de Vigan  a indagar en su pasado  y por extensión en el pasado de la familia Poirier. Es el deseo de conocer como fue la vida de sus abuelos, George y Liane y la de sus numerosos hijos Lisbeth, Barthélémy, Lucile, Antonin, Jean-Marc, Milo, Justine, Violette y Tom. Narrada en primera persona, es una novela intimista y dura, que fácilmente llega al corazón. Y es que los sentimientos están ahí y aunque contenidos, no dejan de impresionar y emocionar; tanto por su crudeza como por el amor filial que destilan por encima de cualquier otra consideración.

A lo largo de la narración nos va también hablando de su propia niñez y de la de su hermana Manon. Nos esboza como fue la infancia y pubertad de ambas, sus miedos, alegrías, indecisiones y extrañezas sobre los sucesos que a su alrededor se producían, el divorcio de sus padres, Lucile y Gabriel y la relación que ellas tuvieron con él después de aquel hecho.

Divide la historia en tres partes. En la primera nos narra la infancia y juventud de Lucile y sus hermanos, los sucesos que alegraron aquellos momentos y los que los entristecieron, en especial la muerte de Antonin. Como eran sus padres, aparentemente una pareja feliz y emprendedora, acogedora y entregada a sus hijos. Por destacar algo diremos que Lucile era una exitosa modelo de ropa infantil. De la lectura de esta parte podemos sacar las primeras impresiones de como será su futuro.

En la segunda parte nos detalla su vida juvenil, un tanto bohemia. También como  fue la infancia de Delphine; sus recuerdos, la relación con su hermana Manon y sobre todo la sensación que la autora tiene de que su madre se ha apartado de ella al cumplir más o menos diez años. Relata igualmente los primeros síntomas  de la enfermedad de    Lucile.

La tercera nos describe la madurez de Delphine, el nacimiento de sus hijos y la lucha de su madre contra la enfermedad que la consume.

A lo largo de toda la narración nos va detallando las dificultades que encuentra para desarrollar la historia. Los esfuerzos para que las personas que conocieron y vivieron los hechos hablen de los mismos y le entreguen aquello que pueda servir para describirlos, fotos, diarios, grabaciones. La lucha contra los miedos a rememorar lo pasado, a enfrentarse con sus actitudes de entonces, a preguntarse el grado de responsabilidad que tuvieron en lo acaecido. Es una terapia de todos, de la familia entera. Es el sillón del psicoanálisis al que les convoca la llamada de Delphine y al que acuden, pese a saber que volver sobre aquellos días no va a ser siempre  agradable y puede abrir heridas que se creían muy cicatrizadas.

En el relato la autora pone distancia entre ella y los diferentes personajes que aparecen. Son familia, pero al describirlos  evita todo juicio de valor que sobre ellos pueda tener. Los detalla por lo que cuentan, por las aportaciones que hacen al común. Y, sinceramente, creo que acierta. Esa postura hace más creíble la historia que nos brinda.

Este  esfuerzo colectivo de evocación tiene un efecto colateral que la autora comenta. Nos dice que alguno de sus familiares le confesó que el  ejercicio de memoria llevado a cabo ha tenido el sorprendente efecto de conseguir que volvieran a hablar. La vida los había distanciado, emocional y físicamente. Lo hecho ha logrado que vuelvan a comunicarse y estar más unidos. Se han reencontrado

Animo a leer el libro con calma y con la mente muy abierta. Sin juicios de valor. El lector puede implicarse en lo que sucedió y juzgar,  pero siempre le faltará conocer  todos los matices. Lo que se narra de memoria por muchas pruebas físicas en que se base, viene filtrado por el paso del tiempo que, por mucho que nos esforcemos y sin ser conscientes de ello, distorsionan nuestra actual visión de lo sucedido.

Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966) . Novelista francesa. Actualmente vive en París.

Creció en una familia “difícil” lo que hizo que se refugiara en la lectura. Tras varios pequeños empleos, ocupó en Alfortville un puesto de ejecutivo en un instituto de encuestas. Más tarde retomó sus estudios; una licenciatura y un máster en recursos humanos y comunicación interna. En la actualidad, madre de dos hijos, vive de su pluma desde 2007.

Su primera novela, Jours sans faim, en la que contaba su lucha contra la anorexia, apareció en 2001 bajo el seudónimo de Lou Delvig. Siguió escribiendo bajo su verdadero nombre y su novela No y yo (2007), se convirtió en un best seller que recibió el Premio de los libreros y fue llevado a la pantalla por Zabou Breitman en 2010.

Las horas subterráneas (2009), con un gran éxito de crítica y muchos lectores figuró en la lista de obras seleccionadas para el Premio Goncourt y obtuvo el Premio de los lectores de Córcega. Nada se opone a la noche (2011) ha obtenido el Premio de novela FNAC, el Premio de novela de las Televisiones Francesas, el Premio Renaudot de los Institutos de Francia, el Gran Premio de la heroína Madame Figaro y el Gran Premio de los lectores de Elle. Ha tenido un éxito arrollador en Francia donde ha superado el medio millón de ejemplares y ha estado durante muchos meses en el raaking de las novelas más vendidas. Además ha sido o está siendo publicada por varías editoriales extranjeras.

Una Madre

Y es entonces cuando se me ocurre que este baile tan bien acompasado, este laberinto de gestos tan naturalmente hilados, todo este lenguaje fácil, reconocible, automático…, todo esto es lo que nos hace familia, historia común, comunidad. (76)

Una Madre habla de esto, de una familia, de los lazos que la unen, de cosas comunes, cariños no siempre bien expresados; problemas, también a veces mal expuestos; encuentros y desencuentros; variedad y comunidad. De eso nos habla Alejandro Palomas en las doscientas cuarenta y pico páginas de este libro.

Lo difícil es narrar las circunstancia que rodean a los personajes que componen dicha familia sin que el lector caiga en el desánimo de continuar queriendo ver a donde nos lleva lo que escribe. Y ese es para mi el primer mérito del relato, que interesa, que hace que lo sigamos con anhelo. Y no son personajes fáciles, ni la vida de la familia lo ha sido en todo su tiempo. Mama, personaje realmente central de la odisea en la que estamos inmersos, es una persona de 65 años. Hasta hace dos años casada con un hombre estafador, dominante y controlador. Con su voluntad anulada como la del resto de componentes de la unidad familiar. Ahora, libre al fin, ha descubierto un espíritu de aventura y no deja de iniciar cosas. Le ayuda su amiga Ingrid, una mujer que solo conocemos por los comentarios de Amalia, la madre, y que se nos revela como seguidora de algún tipo de vida extraño con influencias orientales.

Sigue su hija mayor, Silvia. También dominante como su padre y que ahora que él no está ha tomado esa función con los galones que conlleva ser la mayor de los hermanos. Soltera aunque viviendo con Peter, un sueco que nunca ha querido que le presentaran a la familia. Es una obsesa del orden y la limpieza. Viaja por trabajo a todo el mundo y es eficiente y cumplidora.

El tercero en discordia es Fer, el narrador de todo lo que pasa. Treinta años. Está viviendo un mal momento desde que su compañero Andrés  le abandonó, dejándole como recuerdo un cachorro de gran danes, de nombre Max; hoy un perrazo de 60 k de peso y su gran amigo. Su trabajo es  subtitular películas, además de doblar voces en ellas y prestar esta para anuncios publicitarios. Pero está solo, bueno con su madre, y no se ve con fuerzas para iniciar una nueva relación de pareja.

Enma es la tercera. Es lesbiana. La muerte accidental hace ya un tiempo de su compañera Sara de la que estaba muy enamorada, ha influido de forma importante en su vida y manera de comportarse. Su actual amor con Olga, una ejecutiva bancaria, ha logrado paliar en algo aquella situación, pero el recuerdo sigue ahí y parece que formará siempre parte de su existencia. Es maestra.

El quinto componente es Tio Eduardo. Hermano de Mama. Es una persona singular. No se llevaba bien con su cuñado y esto hacía que su presencia en reuniones familiares fuese una excepción. Ahora, con su hermana divorciada, siempre que puede está en ellas. Eso si, nunca de forma anónima. Él tiene que ser uno de los centros de atención y para ello recurrirá a todo tipo de subterfugios, incluso inventándose situaciones o hechos. Necesita que le hagan el debido y, para él, merecido caso. Es todo corazón. Silvia es su sobrina predilecta y siente por su hermana un gran cariño. Sabe que esta familia, extraña y lejana, él vive en Lisboa, es el puerto al que siempre puede llegar y ser recibido.

Como es fácil deducir de la descripción hecha de los componentes del clan no se puede  decir que sea una familia-tipo. Es más, vistos desde fuera, se diría que es una familia desestructurada. Ninguno encaja en lo que llamamos parámetros familiares normales. ¿Que les mantiene unidos?. Les mantiene unidos el urdimbre que pacientemente, con sus modales de mujer ingenua y en ocasiones ida, Amalia se afana en colocar para que los demás puedan pasar por ella sus hilos llenos de amargura, esperanzas, logros no alcanzados y desamores. Hilos todos que tejen una fuerte tela en la que tienen cabida y en la que el cariño está siempre garantizado. Son conscientes de sus limitaciones, de sus casi siempre fracasos y al tiempo que pueden criticar tal o cual acción puntual de los demás, saben asumirla y animar para que no pase a mayores; para que nadie caiga en el hoyo profundo del olvido, censura o desamor. Están vacunados contra todo pesimismo. De esa vacuna se encargó su desaparecido padre, un ser al que pintan despreciable en todos los ámbitos y el motivo por el que la madre les pide una y otra vez perdón, perdón por haberles dado como progenitor a una persona de ese pelaje.

En esa cena de fin de año se cuentan y recuerdan muchas cosas. Hay sorpresas y lo que pudiéramos llamar bromas. Amalia está muy contenta. Tiene a todos consigo y se siente feliz. Es una manazas de cuidado pero no le importa. Ella sabe lo que es sufrir un calvario como lo fue sus años con un hombre que la aniquilaba y despreciaba. Y sabe que ya no volverá a ser así; sabe lo que perdió hasta el momento en que la abandonó su marido y está dispuesta a que no vuelva a pasarle,  ni a ella ni a ninguno de los suyos. A eso les anima, Sabe que “no vale esperar a que pase algo para que las cosas cambien, porque por mucho que cambien, si no las miras, si no tiendes la mano para tocarlas, nunca te darás cuenta de que ya no son las que eran.”. Hay que agarrarlas y comenzar de nuevo cuantas veces haga falta.

Es un relato para leer despacio, masticar lo que se dice y ponernos en los zapatos de los intervinientes. Todos los actores de la trama están bien, incluso muy bien perfilados. Sus personalidades definidas con sus anhelos, aspiraciones y miedos. Se nos hacen cercanos y nos afecta lo que nos cuentan. Deseamos que sus vidas se resuelvan y sean felices.

Alejandro Palomas nació en Barcelona en 1967.

Estudio Filología Inglesa en la Universidad de Barcelona, completando su formación en el New College de San Francisco, donde cursó una maestría en Poesía.

Desde entonces ha trabajado como traductor de importantes autores, así como escribiendo para varios medios de comunicación, actividades que ha compaginado con su pasión por la escritura.

A lo largo de su carrera literaria ha publicado varias novelas, como El tiempo del corazón; El secreto de los Hoffman, (con el que fue finalista del Ciudad de Torrevieja 2008) o El alma del mundo (también finalista del Premio Primavera). Sus dos úlltimos libros, Una madre y Un hijo, han recibido el aplauso de la crítica.

 

 

 

 

Tenemos que hablar de Kevin

Un niño necesita más vuestro amor cuando menos lo merece (Emma Bombeck)

Lionel Shriver hace figurar esta cita como prólogo a la historia que nos va a contar, un largo monólogo a través de unas imaginarias cartas que la protagonista Eva Khatchadourian escribe a su  marido Franklin Plaskett.

Y lo hace para descargar los sentimientos, emociones, tristezas y desesperanzas que ha soportado desde el momento en que decidieron tener un hijo. Incluso antes de ese momento porque también expone las razones que le llevaron a admitir esa posibilidad. Ella era una mujer realizada, con una profesión que le satisfacía plenamente, recorrer el mundo buscando material para editar guías de viaje para otra gente tan feliz y urbana como ella. Casada con Franklin, un fotógrafo e iluminador que trabaja en publicidad. Son felices y se complementan pero él siente que falta algo en su matrimonio, un hijo que complete la bonanza en que se desenvuelve su unión.

Eva es reticente, pero accede al deseo de su esposo en un momento en que se da cuenta de la mortalidad del mismo, de que pasaría si él faltase. No quiere quedarse sola y piensa que ese hijo que él tanto desea puede ser el compañero que necesite, si se da el caso. La verdad es que los dos llevan una vida agitada, ella viajando constantemente en busca de datos para su libros y él viajando también buscando exteriores en los que filmar, o simplemente fotografiar, anuncios publicitarios.

El embarazo que Eva vive no es precisamente el momento más feliz de su existencia. Lo siente como algo extraño a ella, es más, es un freno a su forma de actuar y una permanente base de conflictos con su marido que le reprocha su poca preocupación por el estado en que se encuentra. Incluso el nombre o el apellido que llevará el nacido son motivos de controversia y discusión.

Lo que antecede preludia una relación madre-hijo complicada. Eva no se siente especialmente alborozada por el nacimiento del pequeño Kevin, un parto difícil, cuyo resultado no le proporciona ese estado emocional de maternidad feliz. Vemos que esa incompatibilidad parece tenerla también el pequeño, llora constantemente, rechaza el pecho de su madre, no quiere comer, en definitiva, desde su nacimiento es un niño complicado. Según va creciendo y recibiendo los estímulos de parte de las personas que lo tratan va tomando posiciones ante el mundo que lo rodea con una sola excepción, su padre. Este que pasa mucho tiempo fuera de casa por motivos laborales, cuando vuele lo trata como un colega, su compañero de juegos, su aliado, el clavo al que agarrarse ya que todo lo que hace mal él lo disculpa; sin darse cuenta que es un niño manipulador y que lo utiliza como una forma de castigo a su madre.  Franklin  la culpabiliza  del estado del pequeño y le echa en cara que no es una buena madre.

Leyendo el libro y pensando en la educación de Kevin, en el enfrentamiento que por él tienen sus progenitores, me vienen a la cabeza aquella pregunta de Mafalda a sus padres, con su hermano al lado: “Ustedes tienen un plan para educarnos o van improvisando“. Por que de eso trata también la historia, de como los padres deben enfocar la educación de sus hijos, de como marcar los límites y que estos estén consensuados y ambos sean firmes en su defensa. Un niño como Kevin necesita esto como el aire que respira.

Otras preguntas suscita su lectura. ¿La deriva de un niño hacia el mal es producto solo de una educación equivocada?. ¿Se nace con esa propensión o se adquiere?. ¿Como influye la falta de amor de uno de los progenitores, en este caso su madre, en su comportamiento futuro?. No hay duda que todos estas circunstancia son influyente en el futuro carácter de un  infante, como lo son los múltiples ejemplos de violencia que reciben diariamente y que en ocasiones se ensalzan por los medios sociales. Todo esto plantea el libro y  más. También  nos expone las consecuencias de lo que Kevin ha hecho, desde el dolor causado hasta la responsabilidad que Eva,  como madre, asume. Como su vida, antes feliz y plena, se rompe y debe comenzar de nuevo, pero ya no como antes. La losa de esa responsabilidad será la carga que la limitará hacia el futuro.

Los personajes están muy  bien descritos, la maldad de Kevin, el miedo a la soledad de Eva, la forma de ser de Franklin. Todo da como resultado un libro duro, sobrecogedor y que en algún momento puede hacerse difícil de leer, pero la buena prosa, la manera de expresar lo que sucedió y sucede y las ansias de llegar a una conclusión, hace que su lectura atraiga y emocione. Es normal comparar la historia con la tragedia de Columbine y sin duda este hecho fue importante para que el libro saliera a la luz.

Lionel Shriver (nacida Margaret Ann Shriver el 18 de mayo de 1957) es periodista y escritora. Nació en Gastonia (Carlolina del Norte), en el seno de una familia profundamente religiosa , siendo su padre un predicador presbiteriano. Cambió su nombre a la edad de 15 años porque le gustaba como sonaba. Se graduó por la Universidad de Columbia en Bellas Artes,  y también obtuvo un máster. Ha vivido en Nairobi, Bangkok y Belfast, y en la actualidad reside en Londres. Esta casada con el batería de jazz Jeff Williams.

Publicó su primera novela, The Female of the Specie, en 1986. Desde entonces ha escrito diez más, de las que se han traducido al español Tenemos que hablar de Kevin, 2005; El mundo después del cumpleaños, 2007; Todo esto para qué, 2010 y Big Brother, 213.

En 2005 ganó el Premio Orange de ficción por la novela que tenemos entre manos y que era la séptima que publicaba. El libro creó mucha controversia, y consiguió su éxito a través del boca a boca. La novela ha sido llevada a la gran pantalla en 2011, dirigiendo la película Lynne Ramsay.

En julio del 2005  Shriver empezó a escribir artículos para el diario inglés The Guardian, en los que comparte sus opiniones respecto a la forma de ver la maternidad en las culturas y sociedades occidentales, la estrechez de miras de las autoridades del gobierno británico y la importancia de las bibliotecas (planea dejar en herencia su librería al Belsfast Library Board de cuyas bibliotecas sacó tanto provecho cuando vivió en Irlanda del Norte).

Con esta novela el Club de Forum mañás da comienzo al curos 2015-2016. Esperamos que sea tan interesante como han sido todos los pasados.

Nada se opone a la noche

Mi madre llevaba varios días muerta.

Ese hecho, el encuentro de su madre, Lucile,  muerta, es el motivo que lleva a la autora Delphine de Vigan  a indagar en su pasado  y por extensión en el pasado de la familia Poirier. Es el deseo de conocer como fue la vida de sus abuelos, George y Liane y la de sus numerosos hijos Lisbeth, Barthélémy, Lucile, Antonin, Jean-Marc, Milo, Justine, Violette y Tom. Narrada en primera persona, es una novela intimista y dura, que fácilmente llega al corazón. Y es que los sentimientos están ahí y aunque contenidos, no dejan de impresionar y emocionar; tanto por su crudeza como por el amor filial que destilan por encima de cualquier otra consideración.

A lo largo de la narración nos va también hablando de su propia niñez y de la de su hermana Manon. Nos esboza como fue la infancia y pubertad de ambas, sus miedos, alegrías, indecisiones y extrañezas sobre los sucesos que a su alrededor se producían, el divorcio de sus padres, Lucile y Gabriel y la relación que ellas tuvieron con él después de aquel hecho.

Divide la historia en tres partes. En la primera nos narra la infancia y juventud de Lucile y sus hermanos, los sucesos que alegraron aquellos momentos y los que los entristecieron, en especial la muerte de Antonin. Como eran sus padres, aparentemente una pareja feliz y emprendedora, acogedora y entregada a sus hijos. Por destacar algo diremos que Lucile era una exitosa modelo de ropa infantil. De la lectura de esta parte podemos sacar las primeras impresiones de como será su futuro.

En la segunda parte nos detalla su vida juvenil, un tanto bohemia. También como fue la infancia de Delphine, sus recuerdos, la relación con su hermana Manon y sobre todo la sensación que la autora tiene de que su madre se ha apartado de ella al cumplir más o menos diez años. Relata también los primeros síntomas  de la enfermedad de su madre, Lucile.

La tercera nos describe la madurez de Delphine, el nacimiento de sus hijos y la lucha de su madre contra la enfermedad que la consume.

A lo largo de toda la narración nos va detallando las dificultades que encuentra para desarrollar la historia. Los esfuerzos para que las personas que conocieron y vivieron los hechos relaten los mismos y le entreguen aquello que pueda servir para evocarlos, fotos, diarios, grabaciones. La lucha contra sus miedos a rememorar lo pasado, a enfrentarse con sus actitudes de entonces, a preguntarse el grado de responsabilidad que tuvieron en dichos sucesos. Es una terapia de todos, de la familia entera. Es el sillón del psicoanálisis al que les convoca la llamada de Delphine y al que acuden, pese a saber que volver sobre aquellos días no va a ser siempre  agradable y puede abrir heridas que se creían muy cicatrizadas.

En la descripción la autora pone distancia entre ella y los diferentes personajes que aparecen. Son familia, pero al describirlos  evita todo juicio de valor que sobre ellos pueda tener. Los detalla por lo que cuentan, por las aportaciones que hacen al común. Y sinceramente creo que acierta. Esa postura hace más creíble el relato que nos brinda.

Este  esfuerzo colectivo de evocación tiene un efecto colateral que la autora comenta. Nos dice que alguno de sus familiares le confesó que el  ejercicio de memoria llevado a cabo ha tenido el sorprendente efecto de conseguir que volvieran a hablar. La vida los había distanciado, emocional y físicamente. Lo hecho ha logrado que vuelvan a comunicarse y estar más unidos. Se han reencontrado

Animo a leer el libro con calma y con la mente muy abierta. Sin juicios de valor. El lector puede implicarse en lo que sucedió y juzgar,  pero siempre le faltará conocer  todos los matices. Lo que se narra de memoria por muchas pruebas físicas en que se base viene filtrado por el paso del tiempo y las distintas maneras de entender un mismo hecho influenciado por el paso del tiempo.

Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966) . Novelista francesa. Actualmente vive en París.

Creció en una familia “difícil” lo que hizo que se refugiara en la lectura. Tras varios pequeños empleos, ocupó en Alfortville un puesto de ejecutivo en un instituto de encuestas. Más tarde retomó sus estudios; una licenciatura y un máster en recursos humanos y comunicación interna. En la actualidad, madre de dos hijos, vive de su pluma desde 2007.

Su primera novela, Jours sans faim, en la que contaba su lucha contra la anorexia, apareció en 2001 bajo el seudónimo de Lou Delvig. Siguió escribiendo bajo su verdadero nombre y su novela No y yo (2007), se convirtió en un best seller que recibió el Premio de los libreros y fue llevado a la pantalla por Zabou Breitman en 2010.

Las horas subterráneas (2009), con un gran éxito de crítica y muchos lectores figuró en la lista de obras seleccionadas para el Premio Goncourt y obtuvo el Premio de los lectores de Córcega. Nada se opone a la noche (2011) ha obtenido el Premio de novela FNAC, el Premio de novela de las Televisiones Francesas, el Premio Renaudot de los Institutos de Francia, el Gran Premio de la heroína Madame Figaro y el Gran Premio de los lectores de Elle. Ha tenido un éxito arrollador en Francia donde ha superado el medio millón de ejemplares y ha estado durante muchos meses en el raaking de las novelas más vendidas. Además ha sido o está siendo publicada por varías editoriales extranjeras.

 

Tenemos que hablar de Kevin

Un niño necesita más vuestro amor cuando menos lo merece (Emma Bombeck)

Lionel Shriver hace figurar esta cita como prólogo a la historia que nos va a contar, un largo monólogo a través de unas imaginarias cartas que la protagonista Eva Khatchadourian escribe a su  marido Franklin Plaskett.

Y lo hace para descargar los sentimientos, emociones, tristezas y desesperanzas que ha soportado desde el momento en que decidieron tener un hijo. Incluso antes de ese momento porque también expone las razones que le llevaron a admitir esa posibilidad. Ella era una mujer realizada, con una profesión que le satisfacía plenamente, recorrer el mundo buscando material para editar guías de viaje para otra gente tan feliz y urbana como ella. Casada con Franklin, un fotógrafo e iluminador que trabaja en publicidad. Son felices y se complementan pero él siente que falta algo en su matrimonio, un hijo que complete la bonanza en que se desenvuelve su unión.

Eva es reticente, pero accede al deseo de su esposo en un momento en que se da cuenta de la mortalidad del mismo, de que pasaría si él faltase. No quiere quedarse sola y piensa que ese hijo que él tanto desea puede ser el compañero que necesite, si se da el caso. La verdad es que los dos llevan una vida agitada, ella viajando constantemente en busca de datos para su libros y él viajando también buscando exteriores en los que filmar, o simplemente fotografiar, anuncios publicitarios.

El embarazo que Eva vive no es precisamente el momento más feliz de su existencia. Lo siente como algo extraño a ella, es más, es un freno a su forma de actuar y una permanente base de conflictos con su marido que le reprocha su poca preocupación por el estado en que se encuentra. Incluso el nombre o el apellido que llevará el nacido son motivos de controversia y discusión.

Lo que antecede preludia una relación madre-hijo complicada. Eva no se siente especialmente alborozada por el nacimiento del pequeño Kevin, un parto difícil, cuyo resultado no le proporciona ese estado emocional de maternidad feliz. Vemos que esa incompatibilidad parece tenerla también el pequeño, llora constantemente, rechaza el pecho de su madre, no quiere comer, en definitiva, desde su nacimiento es un niño complicado. Según va creciendo y recibiendo los estímulos de parte de las personas que lo tratan va tomando posiciones ante el mundo que lo rodea con una sola excepción, su padre. Este que pasa mucho tiempo fuera de casa por motivos laborales, cuando vuele lo trata como un colega, su compañero de juegos, su aliado, el clavo al que agarrarse ya que todo lo que hace mal él lo disculpa; sin darse cuenta que es un niño manipulador y que lo utiliza como una forma de castigo a su madre.  Franklin  la culpabiliza  del estado del pequeño y le echa en cara que no es una buena madre.

Leyendo el libro y pensando en la educación de Kevin, en el enfrentamiento que por él tienen sus progenitores, me vienen a la cabeza aquella pregunta de Mafalda a sus padres, con su hermano al lado: “Ustedes tienen un plan para educarnos o van improvisando“. Por que de eso trata también la historia, de como los padres deben enfocar la educación de sus hijos, de como marcar los límites y que estos estén consensuados y ambos sean firmes en su defensa. Un niño como Kevin necesita esto como el aire que respira.

Otras preguntas suscita su lectura. ¿La deriva de un niño hacia el mal es producto solo de una educación equivocada?. ¿Se nace con esa propensión o se adquiere?. ¿Como influye la falta de amor de uno de los progenitores, en este caso su madre, en su comportamiento futuro?. No hay duda que todos estas circunstancia son influyente en el futuro carácter de un  infante, como lo son los múltiples ejemplos de violencia que reciben diariamente y que en ocasiones se ensalzan por los medios sociales. Todo esto plantea el libro y  más. También  nos expone las consecuencias de lo que Kevin ha hecho, desde el dolor causado hasta la responsabilidad que Eva,  como madre, asume. Como su vida, antes feliz y plena, se rompe y debe comenzar de nuevo, pero ya no como antes. La losa de esa responsabilidad será la carga que la limitará hacia el futuro.

Los personajes están muy  bien descritos, la maldad de Kevin, el miedo a la soledad de Eva, la forma de ser de Franklin. Todo da como resultado un libro duro, sobrecogedor y que en algún momento puede hacerse difícil de leer, pero la buena prosa, la manera de expresar lo que sucedió y sucede y las ansias de llegar a una conclusión, hace que su lectura atraiga y emocione. Es normal comparar la historia con la tragedia de Columbine y sin duda este hecho fue importante para que el libro saliera a la luz.

Lionel Shriver (nacida Margaret Ann Shriver el 18 de mayo de 1957) es periodista y escritora. Nació en Gastonia (Carlolina del Norte), en el seno de una familia profundamente religiosa , siendo su padre un predicador presbiteriano. Cambió su nombre a la edad de 15 años porque le gustaba como sonaba. Se graduó por la Universidad de Columbia en Bellas Artes,  y también obtuvo un máster. Ha vivido en Nairobi, Bangkok y Belfast, y en la actualidad reside en Londres. Esta casada con el batería de jazz Jeff Williams.

Publicó su primera novela, The Female of the Specie, en 1986. Desde entonces ha escrito diez más, de las que se han traducido al español Tenemos que hablar de Kevin, 2005; El mundo después del cumpleaños, 2007; Todo esto para qué, 2010 y Big Brother, 213.

En 2005 ganó el Premio Orange de ficción por la novela que tenemos entre manos y que era la séptima que publicaba. El libro creó mucha controversia, y consiguió su éxito a través del boca a boca. La novela ha sido llevada a la gran pantalla en 2011, dirigiendo la película Lynne Ramsay.

En julio del 2005  Shriver empezó a escribir artículos para el diario inglés The Guardian, en los que comparte sus opiniones respecto a la forma de ver la maternidad en las culturas y sociedades occidentales, la estrechez de miras de las autoridades del gobierno británico y la importancia de las bibliotecas (planea dejar en herencia su librería al Belsfast Library Board de cuyas bibliotecas sacó tanto provecho cuando vivió en Irlanda del Norte).

 

El Abuelo

Es una  obra de teatro escrita en 1897 por Benito Pérez Galdós.

El viejo conde de Albrit que había emigrado a América en busca del oro que según él, debieron dejar allí sus antepasados, regresa a Jerusa a una casa   propiedad de  unos sirvientes, Gregoria y Venancio, antiguos asalariados suyos. Estos trabajaban y se alimentaban de las tierras de Lucrecia, nuera que D. Rodrigo,  que así se llama el citado conde de Albrit.  

Lucrecia es viuda del hijo del conde. Tiene dos hijas Leonor y Dorotea, (Nell y Dolly como cariñosamente su madre las llama) . Ambas viven en la casa de Gregoria y Venancio  bajo la tutela de un perceptor, un viejo maestro llamado Coronado, persona de carácter débil al que sus pupilas burlan y dominan totalmente. Las niñas se encariñan pronto con su abuelo.

Nada más llegar D. Rodrigo se cita con Lucrecia. Sabe por su difunto hijo, Rafael, que una de las niñas es fruto de un amor espurio de ella con un pintor.  Incluso la culpa de la muerte de su hijo debido al desengaño producido por su relación. Exige conocer cual de las dos es su verdadera nieta. La que debería heredar  su condado. Ella se niega a darle dicha información y que pueda hacer distinciones entre sus hijas.

Para conocer de otra forma cual puede ser dicha nieta, traba amistad con los conocidos de la familia y con los más próximos a las niñas. Con Coronado, el maestro,  al que trata de sonsacar como son y cual es el carácter de ambas. Este le confiesa que las dos son muy buenas e inteligentes. También habla con Senén que es un personaje muy ambicioso por si el sabe algo del asunto. Por último habla con las pequeñas y las estudia en sus reacciones y gustos. Así descubre que  una de ellas tiene aptitud para la pintura y como quiera que el amante de Lucrecia era un pintor deduce que esa es la hija ilegítima.

Lucrecia está muy enfadada. Decide que lo mejor es que el abuelo dada su edad sea recluido en un convento para su cuidado y reposo. Carmelo, el cura es el encargado de hablar con el padre Maroto, que está en deuda con ella debido a sus generosas donaciones,  y tramar un plan para que el abuelo vaya al cenobio y se queda allí para siempre. Con engaños consiguen que el conde acceda a comer en el convent0 y aprovechando que después del ágape  D. Rodrigo queda traspuesto,  Senén lo deja allí y supone que la aventura ha terminado. Nada más lejos de la realidad. Al despertar el conde, hombre de genio vivo, se enfrenta al padre Maroto y a cuanto monje sale a su encuentro y abandona el convento volviendo a Jerusa. En el camino encuentra a Coronado que le acompaña

Llegado al pueblo desprecia la hospitalidad de Venancio y Gregoria, al tiempo que afea a  los implicados en el hecho. No solo censura duramente  su conducta  y  les echa en cara lo que tanto su padre como él habían hecho por ellos, dejándolos avergonzados y humillados. Una de sus nietas se pode de su parte e interviene en la censura con toda dignidad.

Lucrecia se arrepiente de lo que ha hecho. Se confiesa con el padre Maroto y le da permiso para informar al conde de cual de sus  hijas es su verdadera nieta.  En éstas están cuando Senén también despechado al no ver cumplido sus anhelos de mejora por parte de la Condesa, decide contarle al D. Rodrigo la verdad sobre sus nietas. Él no le cree, pero el padre Maroto ratifica todo lo dicho y causa una gran tristeza y depresión al Abuelo

Durante todo este tiempo el abuelo y Coronado habían  labrado una buena amistad. El maestro está amargado y aburrido de la vida y quiere suicidarse pero no encuentra valor para arrojarse por el acantilado, así que D. Rodrigo se  había ofrecido  a ayudarle dándole un empujón. Ante la nueva situación decide acompañarle en el acto de quitarse la vida.

 Lucrecia decide llevarse a las niñas a Madrid para encargase de su educación.  Una de las niñas se niega a abandonar a su abuelo y escapa para reunirse con él. Llega cuando los dos suicidas están a punto de consumar su acto, arrojarse al mar desde el acantilado. Su presencia lo evita.

Esta nueva situación hace que el abuelo reaccione y tanto él como Coronado renuncien al suicidio, amen de variar su punto de vista sobre el binomio amor-honor. Ellos se conjuran para educar a la niña y hacer que todos disfruten de la nueva situación.

En los personajes de la obra queda reflejada una buena parte de la sociedad española de la época. La vieja aristocracia venida a menos que represente el Conde de Albrit. Personas que viven aferradas a lo que fueron y consideran que tienen derecho a exigir que sus antiguos vasallos sigan cuidando de ellos pese a no poder costear esa dedicación. Aferrados también a los conceptos de dignidad y honor. Llevan hasta la última consecuencia estas ideas. Mirando hacia el pasado, despreciando un presente que no les gusta y sabiéndose sin futuro.

Nos refleja también a la nueva burguesía provinciana, orgullosa de haber prosperado pero  egoísta y corta de miras. Son los nuevos amos y así quieren que les vean y respeten sus, hasta hace poco, compañeros de fatigas. Dentro de ella el campesinado rico, avaro de su  opulencia y despreciativo.

El cura de pueblo, adocenado, aburguesado, lejos de conseguir los objetivos de santidad que le acompañaban en sus días de seminario. Más preocupado de su bienestar que de su misión evangélica.

El funcionario trepa, adulador y fullero, que basa su prosperidad en los favores que pueda conseguir y no en su trabajo profesional.

Los despreciados, representado aquí por el maestro. Ellos que se dedicaban a desbrozar las duras mentes de los zagales y luchaban contra los ejemplos que estos recibían del entorno. Ellos son los que al final no tienen premio alguno.

Y por último las niñas bien. Muy educadas, bien habladas y con modales, pero que no siempre estas cualidades se correspondían con un carácter noble y generoso.

 Benito María de los Dolores Pérez Galdós,  fue un novelista, dramaturgo y cronista español. Se le considera el mayor representante de la novela realista del siglo XIX y uno de los más importantes escritores en lengua española.

Décimo hijo de un coronel del Ejercito, Sebastián Pérez y de una hija de un antiguo secretario de la Inquisición, Dolores Galdós, nace en Las Palmas de Gran Canaria el 10 de Mayo de 1843, falleciendo en Madrid el 4 de Enero de 192o.

Su padre, le inculcó el gusto por las narraciones históricas contándole asiduamente hechos de la Guerra de la Independencia en la que había participado. En 1852 ingresó en el Colegio de San Agustín, que aplicaba una pedagogía activa y avanzada para la época.

Obtuvo el título de bachiller en 1862 en el Instituto de La Laguna y empezó a colaborar con la prensa local con gacetillas, poesías satíricas, ensayos y algunos cuentos. La llegada a su casa de una prima suya le trastorna emocionalmente y sus padres deciden que se traslade a la capital a estudiar la carrera de derecho.

Llegó a Madrid en septiembre de 1862 matriculándose en la facultad. Entre sus profesores estuvieron, entre otros,  Fernando de Castro y Francisco de Paula Canalejas. Allí también conoció al fundador de la Institución Libre de Enseñanza, Francisco Giner de los Rios, que le animó a escribir y le hizo sentir curiosidad por una filosofía, el krausismo, que marcaría fuertemente su primera línea editorial. También frecuentó teatros y trabó amistad  con otros escritores paisanos suyos, creando la “Tertulia Canaria” en Madrid. Acudía con regularidad a leer en el Ateneo a los principales narradores europeos en inglés y francés. Allí, durante una conferencia conoce a Leopoldo Alas “Clarín”  del que se hace amigo.

En 1865 asiste a los hechos de la Noche de San Daniel, que le impresionaron vivamente.

En ese año comienza a escribir como meritorio en los diarios La Nación y El Debate, así como en la revista del Movimiento Intelectual de Europa. Al año siguiente, 1866, y en calidad de periodista asiste al pronunciamiento de los sargentos del Cuartel de San Gil, suceso del que deja constancia en el capítulo II de Memorias de un desmemoriado.

Su vida en Madrid es cómoda. Vive primero con dos de sus hermanas y después con un sobrino, José Hurtado de Mendoza. Era un descuidado en el vestir, siempre en tonos sombríos. En los inviernos llevaba enrollada al cuello una bufanda blanca con un extremo sobre su pecho y el otro a la espalda. Le gustaba igualmente llevar en la mano un puro a medio consumir y tener a sus pies cuando se sentaba a su perro alsaciano. Se cortaba el pelo al rape y tenía espantosas migrañas.

Persona tímida, sufría al hablar en público. Era muy observador y tenía una memoria visual excelente, lo que influyo de forma importante en su faceta de escritor.

En 1867 hace su primer viaje al extranjero, como corresponsal a la Exposición Universal de París. Volvió con las obras de Balzac y de Dikens. De éste escritor tradujo Los papeles póstumos del Club de Pickwick. Todas estas actividades le dejaban poco tiempo para sus estudios de Derecho, lo que lleva a la Facultad a borrarle definitivamente de la matrícula en 1868. En ese mismo año se produce el derrocamiento de Isabel II. Galdós que está volviendo de Paris y navega hacia Canarias, desembarca en Alicante y regresa a Madrid a tiempo de presenciar la entrada del general  Serrano y la de  Prin.

En 1870 publica su primera novela, La Fontana de Oro. La novela con todos los defectos de una obra primeriza, bosqueja la situación ideológica de España durante el Trienio Constitucional, (1820-1823).

En 1873 comenzó a publicar los Episodios Nacionales, un intento de entender la memoria histórica reciente de los españoles y donde se refleja la vida íntima de estos durante el siglo XIX, así como su contacto con los hechos de la historia nacional que marcaron el destino colectivo del país. Se trata de 46 episodios en cinco series de 10 novelas cada uno, salvo la última, que quedó inconclusa. Arranca con la Batalla de Trafalgar y concluye con la Restauración  borbonica en España. Este conjunto de novelas constituyen una de las obras más importantes de la literatura española de todos los tiempos y ejerció un gran influjo en la trayectoria de la novela histórica española.

El punto de vista adoptado es multiforme y refleja la evolución ideológica de Galdós, desde el aliento épico de la primera serie hasta el amargo escepticismo final, pasando por el radicalismo  político y la agresividad social-anarquistas de las series tercera y cuarta.

En 1876 publicó Doña Perfecta, una novela contra la intolerancia ideológica asentada en una imaginaria ciudad mesetaria, Orbajosa, semejante a la Fricóbriga de Gloria su siguiente novela (1877). Pese a la controversia que suscitó la obra Galdós fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1889.

Era un hombre poco inclinado a fanatismo ideológicos. Esto hizo posible que mantuviera amistad con personas de ideas no coincidentes, e incluso totalmente contrarias, a las suyas como José María de Pereda, Canovas del Castillo, Francisco Silvela y Marcelino Menéndez Pelayo. Viajó a Francia, Inglaterra e Italia en repetidas ocasiones. Su amistad con Pereda le aficionó a Santander, localidad en la que gustaba pasar sus veranos y donde construyó su celebre casa de San Quintin. También le gustaba Toledo, ciudad por la que sentida una especial predilección. Acompañado por Pereda visitó Portugal en 1884.

Influencias de las amistades le regalaron el acta de Diputado por Puerto Rico. Asistió a las sesiones del Congreso más como un observador de la realidad política del país que como un miembro activo de la Cámara.

En 1891 la actriz María Guerrero estrenó Realidad con el papel de Augusta. Fue una noche inolvidable para Galdós de lo que deja constancia en sus Memorias. Seguirían a esta obra las de La loca de la casa, cuyo libreto tuvo que cortar y modificar por su extensión y para lo que contó con la ayuda de José Echegaray. Luego La de San Quintin, el éxito más importante que obtuvo Galdós en el teatro hasta ese momento. Su representación duró en cartel 50 noches.

La vida sentimental de Galdós está poco estudiada, en buena parte por la discreción en que envolvió tales asuntos. Permaneció soltero si bien fue asiduo cliente de amores mercenarios. En 1891 tuvo una hija natural de una madre que se suicido posteriormente, Lorenza Cobian. También se conocen bien sus relaciones con la actriz Concha Morell y con la novelista Emilia Pardo Bazán.

Durante sus últimos años se consagró enteramente al teatro, al que entregó 22 piezas. En esa época empieza a aparecer el espiritualismo europeo en su obra, además de sentir un gran interés por la de León Tolstói. También en la última parte de su vida padeció las consecuencias de su descuido económico y su tendencia a endeudarse de forma continua.

Su afán de conocer bien España le llevo a recorrerla en tren, en compartimentos de tercera clase y a codearse con los míseros y hospedarse en posadas y hoteles de baja calidad.

Se levantaba con el Sol y escribía a lápiz hasta las 10 de la mañana, en que salía a pasear, observar y oir. No bebía pero fumaba cigarros de hoja uno tras otro. Adoraba la música. Leía mucho, especialmente los clásicos, tanto en inglés, francés o español. Rara vez iba al teatro. Se acostaba con las gallinas y cada trimestre acuñaba un volumen de 300 páginas.

Hizo sus pinitos en política. Se declaraba republicano y en 1909 fue, junto a Pablo Iglesias, de la coalición republicano-socialista. No obstante aquello no cuajó en su forma de ser y abandonó definitivamente toda actividad política y se dedicó de nuevo a la novela y al teatro.

En 1919 se realizó una escultura suya reconociendo  su  éxito en vida. Estaba casi ciego pero una vez que pudo palpar la obra se emocionó al sentir la similitud  de ésta con la propia. Cargado de laureles y considerado el mejor novelista español de siglo, murió en Madrid en Enero de 1920. Al entierro asistieron más de 20.ooo madrileños. Sus restos reposan en el Cementerio de La Almudena (Zona antigua, cuartel 2B, manzana 3, letra A).

Además de Episodios Nacionales ,  la novela que nos ocupa, El Abuelo  y algunas otras ya comentadas,  Galdós es el creador de una grande y prolija obra. No vamos a detallar aquí el conjunto de ellas, solo a modo de ejemplo algunas de las más conocidas como Fortunata y Jacinta, Tristana, Misericordia, Tormento, La de Bingas, etc. etc.. Algunas de estas novelas han servido de inspiración para guiones cinematográficos o series televisivas.