Category Archives: Club Fórum mañás

EL PALACIO AZUL DE LOS INGENIEROS BELGAS

…. la locura era una forma agradable de construirse universos propios cuando no nos gustaba el que teníamos alrededor, y era este un pensamiento acertado, porque era lo que de igual manera le ocurría a mi hermana Lucía, …. (117).

Un día de septiembre de 1927, Nalo entró a trabajar en el palacio azul de los ingenieros belgas; allá, en uno de los valles mineros de Asturias. Cuando entró llevaba un bagaje de sucesos que lo relacionaba con aquella casa. La descripción de lo que desde entonces le sucede, así como la historia de su familia y la de la sociedad en la que vive, -marcada por las diferencias de clase existentes-, es lo que configura el relato que nos disponemos a leer. Un relato que comienza en un momento concreto de nuestra historia, el que transcurrió desde la proclamación de la Dictadura del General Primo de Rivera, su caida, el advenimiento de la II República y los trágicos sucesos del año 1934 que configuraron lo que se denominó “la revolución proletaria de Asturias”. Siete años cruciales para el personaje y los que con él se relacionan.

He de confesar que el hojeo del libro me produjo un cierto desasosiego. La prosa escrita en las 318 páginas es densa. Escasean los puntos y aparte y no existe dialogo alguno perfectamente identificado. Pues bien; que esto no desanime a nadie. Lo que el autor nos describe está escrito de tal forma que no solo no nos cansa su lectura, deseamos continuar, que siga configurando frases como la que encabeza esta glosa. Escogí esa, podía hacerlo con muchisimas otras. Nos parece leer una continua poesía. Su destreza para describir los ambientes, las personas, los pensamientos y las situaciones es admirable. Vivimos los momentos que nos narra con toda la atención, deseando no perder ninguna de las expresiones con que los refleja. Es por eso que recomiento que el texto se lea despacio, saboreando cada palabra y cada frase. Nos encontramos ante un verdadero y hermoso banquete narrativo y no es deseable perderse alguno de los exquisitos bocados que en forma de frase el autor nos invita a disfrutar.

El personaje principal es Nalo. En torno a él gira la historia. Y al tiempo que nos acerca al ambiente de la época va describiendo el aprendizaje de nuestro protagonista en todo lo referente a su sensualidad.

Poco después de conseguir el trabajo de jardinero en el palacio azul muere su madre, una mujer infeliz desde la muerte de su marido pese a la brutalidad de este. Su familia queda reducida a su hermana Lucía y sus abuelos Cosme y Angustias. Desde el principio lo que cuenta del abuelo Cosme nos lleva a sospechar que existe una antigua relación de este con la familia de uno de los ingenieros.

Su formación se verá condicionada por lo que su abuelo dice o mejor, calla; por su hermana Lucia, que le muestra los misterios del cuerpo femenino y de la poesía; por el jardinero principal del palacio, Eneka, un hombre con una mente enciclopédica que lo formará en los misterios del mundo. No terminan aquí los personajes que configuran la trama y el magisterio. Esta la aya Julia, las  esposas e hijas de los ingenieros, mujeres que a la vez que su hermana parecen concebidas para la educación en los placeres sensuales de Nalo. Es el relato de un universo cerrado de felicidad y despertar a la vida, ajeno a lo que fuera de él pasa, a los asomos de intolerancia sobre las esperanzas de los pobres y los ilustrados. A la gran tragedia que está por venir y que los alcanzará en toda su magnitud.

Todo lo escrito está configurado en una atmosfera de irrealidad y ensueño. Una teoría que Nalo defiende es que en un momento caben, a veces, varios momentos. Un momento es algo concreto, cuando lo configuran varios es lo esencial, lo que da sentido a la vida, lo que vale la pena conocer. Y él sin duda conocera esas esencias de vida.

                                                                     1934 – Levantamiento minero en Asturias.

 

 

Fulgencio Argüelles nació en la aldea allerana de Orillés, oficialmente Uriés el 6 de Enero de 1955. Estudió psicología en las universidades de Comillas y Complutense de Madrid, especializándose en psicología del trabajo y de las organizaciones. En 1997 regresó a Asturias y reside en Cenera (Mieres) el lugar donde había pasado su infancia y juventud.

Ha recibido varios premios por sus relatos cortos, tanto en castellano como en bable. Todos ellos antes de publicar su primera novela Letanías de lluvia, Premio Azorín de 1992; Los clamores de la tierra; Recuerdos de algún vivir, Premio Principado de Asturias 2000 concedido por la Fundación Dolores Medio, y El Palacio de los ingenieros belgas, Premio Café Gijón 2003.

También ha publicado los libros de relatos Del color de la nada y Seronda, este último en  bable y en colaboración con el pintor asturiano J. Enrique Maojo.

Escribe habitualmente artículos de opinión, así como críticas literarias en el diario El Comercio, donde mantiene una sección fija denominada “Libros de siempre jamás”. Por estos artículos le fue concedido el Premio de la Crítica que concede la Asociación de Escritores de Asturias (AEA) al columnismo literario, en 2012.

LA LECCIÓN DE ANATOMÍA

Tardé mucho en aprender a atarme los cordones de los zapatos. Por eso, siempre fui una alumna atenta en clase, consciente de mis limitaciones con la matemáticas y de mi falta de habilidad con la costura.

La novela que tenemos entre manos tuvo una primera versión en 2008. Había tenido aquella una buena acogida pero la autora parece ser que no estaba del todo satisfecha con el resultado y decidió editar una segunda parte. No es una reeedición, es mucho más y parece que definitivo.

¿Y que nos cuenta que no hubiese hecho entonces?. Lo que hace es revisar lo ya escrito, ampliar la historia con dos nuevos capítulos y recolocar mejor parte de la narración.

Todo está basado en las propias vivencias de la protagonista/autora. Marta, es ella y el personaje quienes narran dichas vivencias. A traves de lo escrito sabemos como fueron las distintas etapas de su vida, infancia, adolescencia, juventud y madurez. No escatima palabras para describirnos sus recuerdos y hacernos conocer sus íntimos secretos. Como fueron las personas que más influyeron en su formación, -su madre, a la que dedica la novela, su abuela Juanita, su tia Maribel… -. Nos las describe, nos hace ver sus acuerdos y desacuerdos, lo que para ella parecían aptitudes positivas o defectuosas. Lo hace siempre desde el cariño y salpicando las narraciones con humor e ironía, lo que ayuda a que la lectura nos resulte agradable. Sobre la ironía resaltar sus primeros pasos como profesora de español para extranjeros con su alumno, en clases one to one, Mr. Jonathan Cohen, un Corredor de Bolsa británico.

Estructura su obra en tres partes, precedidas de un breve pero significativo capítulo titulado “Aprender a leer el reloj”. La primera, “Vallar el jardín”, recuerda su infancia, la de la pequeña Marta. De como pronto aprende que tiene deberes pero también derechos. Que va al colegio, que se siente maltratada por parte de una de sus profesoras, doña Carmen, al tiempo que fue quien  “me ayudó a bajar del guindo y me robó la ingenuidad”. Es un tiempo en el que tomará una importantísima decisión, “ella no será madre”.

Son veranos con cine al aire libre, acompañada de su tia Maribel. Con amigas que serán para siempre y momentos para olvidar. Lo normal; pero que ella positiviza y serán la base de su futuro.

En la segunda de las partes “Los gusanos de seda” aborda su adolescencia. Octavo de EGB. Amores más o menos explícitos, motes sobre su figura o algún rasgo que la define. Una época de sueños y ambiciones que van dando paso a la realidad de lo que es la vida en sí.

Y esa vida se describe en la tercera de las partes, “Desnudo”. Detalla como fue su juventud y edad adulta hasta el presente.

La lección de anatomía puede decirse que es una singular novela de aprendizaje. “A los niños hay que pasearlos por la casa diciéndoles que son príncipes. Después ellos solos se convencen de que no y, al salir al exterior, tienen la oportunidad de ser modestos, de darse cuenta de que la vida es ir perdiendo poco a poco – se van gastando las monedas, las fuerzas y la salud – y de que ganar a cualquier precio no sirve de nada, aunque siempre es necesario conservar esas ilusiones que llegan a destiempo o no llegan”

Al final del libro nuestra escritora manifiesta “El ser humano es su máscara. Ya he mostrado mi máscara”. ¿Es real todo lo que nos cuenta o es solo su máscará?. Da igual. La narración es muy buena, se lee con agrado, no hay autocomplacencia. Es un juego de realidad y ficción. Un juego muy serio que en feliz expresión de Mario Vargas Llosa, es “la verdad de las mentiras”.

Puede sorprender que una persona de la edad de la autora decida publicar un libro basado en su biografía. No parece que su vida sea tan interesante que dé para un relato de ese tipo. No es cierto. Lo cotidiano, lo sencillo puede convertirse en una aventura existencial. Es lo que sucede en esta obra en la que muchos nos podemos ver retratados. En la narración hay momentos que nos acercan a cosas que cada uno de nosotros ha podido vivir. Es su habilidad para contarlo lo que hace que esos momentos, anodinos para la mayoría, cobren un especial sentido si los enmarcamos en el relato vital de una existencia.

 

Marta Sanz, nace en Madrid en 1967. Es Doctora en Literatura Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid, su tesis se trató sobre La poesía españóla durante la transición (1975-1986). La carrera literaria de Marta Sanz comenzó cuando se matriculó en un taller de escritura de la Escuela de Letras de Madrid y conoció al editor Constantino Bértolo, quien publicó sus primeras novelas en la Editorial Debate. Quedó finalista del Premio Nadal en 2006 con su novela Susana y los viejos. En su obra La lección de anatomía (RBA 2008) utilizó su propia biografía como material literario. Dentro del genero de la novela negra, en Black, blac, black (Anagrama, 2010) creó el personaje del detective homosexual Arturo Zarco, que recupero en Un buen detective no se casa jamás (Anagrama 2012). En 2013 publicó Daniela Astor y la caja negra  (Anagrama,2013), donde recrea el mundo de la cultura popular y las actrices de la Transición española como Susana Estrada, María José Cantudo o Amparo Muñoz. Tras su publicación, esta novel recibió distintos premios (el premio Tigre Juan, el Premio Cálamo “Otra mirada” 2013 y el de la página de crítica literaria Estado Crítico).

Ha publicado también cuentos, poesía y ensayos; ha ejercido la crítica literaria en distintos medios, la docencia en la Universidad Antonio de Nebrija de Madrid y ha dirigido la revista literaria Ni hablar. Colabora habitualmente en los periódicos El País y en Público y con la revista El Cultural de El Mundo.

LAS VIUDAS DE LOS JUEVES

¿Detras o frente a la pared?, dice ella. “Es lo mismo”, “No, no es lo mismo, ¿viste ese dibujo que te muestran y tenés que decir si ves una mujer vieja o una mujer joven?” “Sí, yo vi la joven”, dice él. “La pared de la Cascada es lo mismo” dice Romina y recorre el círculo con la rama. “Uno puede mirar lo que la circunferencia deja dentro o puede mirar lo que deja afuera, ¿entendés?. “No” “¿Cual es el adentro o el afuera?” Juani la escucha pero no dice nada. “¿Nos encerramos nosotros o encerramos a los de afuera para que no puedan entrar?.

Esta conversación entre dos de los protagonistas de la historia, Juani y Romina, detalla perfectamente el argumento de la misma. Vivir en el country de Altos de la Calzada era estar en un mundo aparte. Un mundo en el que sus habitantes eran gente de clase alta, se regían por normas por ellos establecidas que determinaban el comportamiento colectivo en todo tipo de circunstancias, desde las más nimias a las más graves, siempre que estas no precisasen forzosamente la intervención de los cuerpos de seguridad o judiciales de la nación. Altos de la Calzada era una burbuja en una socidad en descomposición moral y económica. Allí parecía que lo que sucedía en el resto de la nación no les afectaba.

Para los habitantes de ese eden lo importante era su estatus, la aperiencia que daban de su persona y familia, el poder que traslucia de sus acciones públicas, fiestas, reuniones sociales, coches, viajes, etc., todo aquello que denota el nivel económico y social del que lo realiza. A esto se añadía la habilidad deportiva, lo bueno que se podía ser en el golf o el tenis.

Los hijos de esta élite eran educados en el  exclusivo colegio Lekelands que queda fuera del country. Se hacía hincapíe en el nivel de inglés de los alumnos y en su comportamiento tanto en clase como fuera del ámbito docente. La seguridad de la urbanización se encargaba de vigilar que los jovenes tuviesen un comportamiento ejemplar y cualquier alteración en dicho hacer era denunciado y puesto de relieve por una Junta de conducta que llamaba al orden a los descarriados imponiento las correspondiente sanciones. Todo dentro del ámbito urbanizado, cercado por el correspondiente alambrado, vigilado día y noche, con filtros para entrar y salir, incluso para aquellos residente que por cualquier razón estuviesen denunciados a dicha seguridad. Quince vigilante diurnos y veinte nocturnos aseguraban la tranquilidad de los que allí moraban.

La historia se centra en siete de las familias que allí viven. Cuatro de ellas seran especiales, son las que componen el grupo de los Jueves. Las mujeres de estas familias son las llamadas “viudas de los jueves“, día en que sus maridos se reunen para jugar en casa de alguno de ellos sin presencia femenina.

Tienen también especial relieve en toda la narrativa dos de los hijos de estas familias,  Juani,  hijo de Virginia y Ronie Guevara y RominaRamona -, hija adoptiva de Mariana y Ernesto Andrade. Romina, nombre que le asignó su madre adoptiva ya que el de Ramona no le parecia adecuado a personas de su posición social, tiene un hermano de madre, Pedro, también adoptado por el matrimonio Andrade. Romina se siente un tanto apartada del cariño de su madre debido a que es “morocha” y se le nota, cosa que no ocurre con su hermano. Mariana dice a quien quiera oirla que si adoptó a Ramona fue por que sin ese requisito no se hubiese podido llevar a Pedro.

El resto de familias que componen el elenco son: los Scaglia, Tano es el cabeza de familia y Teresa su esposa. Tienen dos hijos, Matias y Sofía.

Los Urovich familia formada por Marín y Lala. Tambien con dos hijos Ariel y Ariana.

Los Masotta, Gustavo y Carla forman dicha familia. No tienen hijos.

Los Insua, Alfredo y Carmen. Tienen dos hijos mellizos.

Y por último los Llambrías, Son Beto y Dorita.

Salvo los Guevara todos gozan de un buen estatus económico. Ninguno tiene problemas de dinero y algunos como es el caso de los Scaglia son famosos por su dadivosidad en fiestas y demás elencos.

Como ha quedado dicho, Ronie Guevara hace tiempo que se encuentra desempleado y es de todos los nombrados el que menor nivel económico tiene. Es su esposa Virginia quien aporta dinero al matrimonio. Ella creó una empresa inmoviliaria y su desempeño le permite poder seguir viviendo en la urbanización si bien sin lujo alguno.

A través de la vida de estos personajes y del comportamiento de sus hijos vamos conociendo como se desarrolla la convivencia en esta cerrada sociedad. Todo parece perfecto pero no es real. Importa tapar lo que no se ajusta al modelo, cueste lo que cueste. Así se tapan infidelidades, adicciones a drogas, alcohol incluido, comportamientos erraticos y poco éticos. Lo importante es lo que los demas ven en nosotros y no lo que realmente somos.

                                                Un country en Argentina

Los avatares de la vida van poniendo a todos en su sitio, en especial a los cuatro componentes principales. Los Guevara, Scaglia, Urovich y Masotta. Destacamos la fortaleza de Virginia, el sentido ético de Juani y Romina. A la vez vemos la sordidez de la dirección del colegio, el comportamiento errático de Tano o Gustavo, los que parecían más fuertes y seguros, el inadmisible comportamiento de Mariana hacia su hija y como ya dijimos la peculiar forma de tratar los asuntos éticos del colegio.

La autora describe todo este ambiente con una prosa fácil, plagada de modismos propios de la lengua castellana en Argentina. Parece conocer bien este mundo, lo que hace sospechar que ella estuvo dentro de él. La lectura interesa pero a mi modo de ver exige atención para no perder la relación que los personajes tienen entre sí, para casar quien es quien con relación a su familia. Recomiendo hacer una especie de escalilla donde quede claro a que clan pertenece cada uno de los componentes de la historia. Facilita mucho la comprensión y el motivo  de lo que se cuenta.

El final es un tanto sorprendente pero al tiempo es coherente con esa forma de vida donde perder la condición social es el peor de los desastres que pueden afectar al responsable familiar. Me atrevo a decir que el desenlace que se narra será poco ético pero desde el punto de vista de los protagonistas no deja de ser heroico

Claudia Piñeiro nació en Burzaco en Abril de 1960. Es escritora, guionista de TV, dramaturga y contadora argentina.

Se recibio de contadora en la Universidad de Buenos Aires. Esta profesión la ejercio durante diez años antes de dedicarse a la escritura.

Su primera novela publicada fue una juvenil, Un ladrón entre nosotros, en 2004. Este fue a la vez el año de su primer estreno teatral, Cuanto vale una heladera.

En 2005 obtuvo el Premio Clarín por la novela Las viudad de los Jueves, obra que fue llevada al cine por el director Marcelo Piñeyro.

Su producción literaria es variada. Va desde un intento de novela erótica, El secreto de las rubias, -texto sin editar pese a quedar finalista en un concurso de La sonrisa Vertical-, a la literatura infantil, juvenil, policiaca e incluso narrativa histórica. También es prolija en su produción teatral.

Está en posesión de diversos premios y distinciones destacando el Premio Clarín ya mencionado.

 

 

¿POR QUÉ SER FELIZ CUANDO PUEDES SER NORMAL?

Así que seguí leyendo. Y seguí leyendo, dejando atrás mi propia geografía e historia, dejando atrás las historias de niña abandonada y de los ladrillos Nori, dejando atrás al Demonio y la cuna equivocada. Los grandes escritores no eran algo remoto; estaban en Accrington.

Jeanette Winterson es una niña adoptada. Sus padres adoptivos, de clase obrera y pobres, pertenecen a la iglesia pentecostal. Son integristas, especialmente su madre. Define su manera de ser el hecho de tener una pistola en el cajón de los trapos y cocinar dos tartas cada noche para no tener que cumplir con sus deberes conyugales. Su obsesión era el libro del Apocalípsis y tenía cortocircuitado a su marido, un hombre de caracter débil que se plegaba a sus costumbres en aras de la paz familiar. Los libros, salvo la Biblia, estaban prohibidos ya que “nunca se sabe que contienen hasta que es demasiado tarde“.

Esta persona se quejaba continuamente de su hija, tanto en privado como ante desconocidos. Afirmaba que era “una ofensa para el cielo, para los muertos, para la naturaleza“. Una madre que a todas horas aseguraba que se había equivocado de cuna al elegir al bebé -de hecho esperaban que les entregaran un niño-. Con estos apuntes y otros que se citan a lo largo de la historia no parece extraño que la pequeña fuese un ser raro y solitario. Vivía en una casa pobre,  cuya figura maternal “no amaba la vida, no creía que nada pudiese hacerla mejor“. Castigos, represión e intentos de educarla en un fundamentalismo pentecostal fue su mundo en aquella temprana edad.

En ese ambiente se educaba Jeanette, una niña inquienta y que desde el momento en que descubrió lo que los libros contenían no quiso más que vivir sus historias y lo que le parecía mejor, contarlas, escribir ella sus propias narraciones y darlas a conocer.

Con estos principios uno puede imaginar el calvario vivido por la autora. A lo anterior se tiene que añadir que el castigo preferido de la Sra. Winterson era expulsar de casa a su hija y dejarla dormir a la intemperie. Hiciese frio o calor, daba igual. En todos los años que vivieron juntas nunca dispuso de una llave de la casa. En ocasiones tenía que pasar la noche en el porche; en otras el regreso de su padre a casa a altas horas de la noche por motivos laborales le permitía entrar y evitar el castigo.

Todos los años de niñez y adolescencia que vivieron juntas fueron para nuestra protagonista un continuo entrenamiento en el arte de la supervivencia. Por que eso fue su vida, supervivencia,  hasta que alcanzó una independencia económica que vino acompañada de la fama como escritora precoz.

La situación planteada hizo crisis el día que Jeanette le confesó a su madre que era lesbiana. La reación de la Sra. Winterson fue hacer que un miembro de su iglesia la sometiese a un exorcismo en cuyo transcurso llegó a sufrir un intento de ataque sexual. Aquello rompió definitivamente la convivencia familiar y con solo 16 años abandonó aquel hogar inóspito. Empezaba una nueva vida. Empezaba con mucho esfuerzo la andadura de un camino con el que había soñado desde que descrubrió el contenido prohibido de los libros. Su propio camino como literaria, como escritora de historias. La busqueda de sus sueños.

Se demostró así misma que su capacidad de supervivencia, aquel rudo entrenamiento desde su infancia, había valido la pena. Trabajó tarde y noche, vivió en un destartalado Mini y obtuvo la ayuda de personas que creyeron en ella. Su objetivo era estudiar en Oxford y lo consiguió. Su triunfo literario llegó con su primera novela, Fruta Prohibida, escrita cuando solo tenía 23 años. Siguieron otras con igual reconocimiento por parte del público. Al fin decidió escribir sus memorias, su andadura y su interés por conocer sus origines. Por saber quien había sido su madre biológica. No fue facil. Por el camino quedaron algunos proyectos de vida en común que no llegaron a cuajar. Su orientación sexual siempre fue clara y lo sigue siendo, pero en esto no siempre le sonrió la fortuna o no supieron hacer que la unión de dos personas funcionara.

                                                                                          Universidad de Oxford

El libro cuenta con todo lujo de detalles lo que antes se deja apuntado.  Una de las muchas frases que puede leerse en el relato es la que dice que “los niños adoptados nos autoinventamos, por que no tenemos otra salida“. Ella lo hizo en múltiples ocasiones.

Podía haberlo terminado cuando alcanzó la soñada cima de ser una reconocida escritora, pero no lo hizo. Nos cuenta también como después de la muerte de su padre, antes había muerto la Sra. Winterson, ella encontró documentos sobre su adopción. Al tiempo que esto sucedía se rompía la relación con su pareja. Fueron tiempos de aflicción y depresión, incluso con pensamientos suicidas, –suicidarse no es lo peor que puedes hacer, vivir muerto es mucho peor,– dice.

Una afortunada circunstancia, el encontrar un nombre y un teléfono, la supuso poder indagar y obtener la respuesta al interrogante que la dominó desde el principio, ¿porqué había sido abandonada por sus progenitores reales?. Supo que su madre adoptiva la había mentido, su madre biológica estaba viva. No era la persona que había creído ser, huérfana e hija única.

Lo que nos cuenta nos emociona e interesa desde las primeras líneas. Es un relato intimista en el que se intercalan frases y asertos que mejoran la comprensión del mismo. Gusta ver como todo aquel rencor se canalizó de una forma positiva. Como ese mundo mezquino y raquítico quedo anulado cuando descubrió en la biblioteca pública de Accrington los tomos de la literatura inglesa que se leyó de la A a la Z. Y finalmente el encuentro con su familia biológica que la introdujo en una nueva etapa de su existencia. Resalta la importancia de la eduación. Una educación general no solo para ser “objetos utiles”. Para ser personas útiles y creativas.

Animo a leer la historia con interés y a ser posible poniéndonos en los zapatos de la autora. Estoy seguro que gustará y servirá de acicate para conocer otras obras de esta luchadora y extraordinaria escritora.

Jeanette Winterson, nació en Mánchester el 27 de Agosto de 1959. Es una escritora inglesa cuyas obras se pueden situar dentro del ámbito posmodernista.

Lo que fue de su vida adolescente y juvenil queda descrita en la novela que da origen a este post, por lo que repetir aquí lo que en ella se cuenta parece redundante.

Comentar que ha escrito una veintena de obras en las que trata frecuentemente el tema de la homosexualidad femenina o lesbianismo. Esta considerada como una de las mejores escritoras anglosajosa de la época contemporánera.

En 20056 fue condecorada cn la Orden del Imperio Británico. Colabora de forma asidua con publicaciones periódica de su país.

Su vida sentimental ha sido intensa. Tuvo una relación de 12 años con la presentadora de la BBC Peggy Reynolds que terminó en 2002. Luego estuvo ceerca de sesis años, hasta 2007, con la directora de teatro Deborah Warner y a partir de 2009 con la escritora feminista Susie Orbac. Antes de todo esto en los años 80 mantuvo una relación sentimental con la agente literaria Pat Kavanagh -que llegó a dejar por ella a su esposo, el escritor Julian Barnes, aunque después regresó a su lado-. De esta relación surgió la inspiración para su novela Escrito en el cuerpo (1992).

 

 

EL CIELO ES AZUL, LA TIERRA BLANCA

He recorrido un largo camino, el frio penetra mi ropa gastada.

Esta tarde el cielo está despejado, ¡cómo me duele el corazón!.

Este poema de Seihaku Irako figura en la postrera hoja del libro que nos proponen leer en el Club. Es de lectura fácil, incluso puede parecer demasiado fácil; vamos, una novela romántica que nos narra el amor que surge entre una mujer de casi 40 años, Tsukiko, y su viejo maestro que ronda los 70, Harutsuna.

Pero la facilidad de la narración termina en lo antes expuesto. Muy pronto descubrimos que los personajes tienen una vida interior digna de estudio. Ella es una persona solitaria por propia elección. Ninguna relación con el sexo opuesto le parece suficiente para abandonar su estado. Gusta de frecuentar oscuros bares en los que degusta sus platos favoritos y bebe sake de forma generosa y si bien no rehuye a la gente tampoco busca compañía alguna. Su vida se resume en dos palabras, trabajo y soledad.

El “maestro” ´-así lo llamará Tsukiko en toda la narración-, es un caso similar al comentado para describir a la protagonista. También está solo y también eligió esta forma de vida desde que fue abandonado por su esposa hace ya muchos años. Tiene un hijo que vive en otra ciudad y con el que habla de vez en cuando, pero al que no visita ni desea que él lo haga. Es un hombre chapado a la antigua, con un rígido código moral, elegante en el vestir, de buenos modales y trato amable. Una de sus características es llevar siempre un maletín, donde se supone que guarda aquello que puede necesitar en su día a día. También le gustan las tabernas y la buena comida, y al igual que ella es un generoso bebedor de sake, al que añade con facilidad la cerveza.

Después de muchos años sin verse se encuentran en la taberna de Satoru. Allí se reconocen. El maestro incluso recuerda su nombre y que no era buena alumna en su especialidad, la literatura.

Aquel encuentro significa un cambio en la vida de ambos. Tsukiko siente la necesidad de hablar con él, de contrastar su vida con la suya, lo que el maestro dice o hace le influye de forma importante. Pese a que en ese tiempo le surge un pretendiente con el que incluso llega a planear un viaje, renuncia a él en una reflexión que significa un profundo cambio en su forma de ser y pensar. Una reflexión que le indica que con quiere estar es con el maestro, y quiere esto por el simple hecho de notar su presencia, de sentir sus palabras, de ver sus gestos, de aceptar sus consejos y críticas, de degustar sake en su compañía.

Por el otro lado, el maestro aunque con menos intensidad y con la lógica reserva dada la diferencia de edad, empieza a sentir también la necesidad de tenerla cerca. Se ven en la taberna de Satoru, celestina de encuentros aparentemente casuales. Empiezan así una relación sincera y llena de esperanza.

Habrá discusiones por cosas nimias, separaciones más o menos prolongadas, pero volverán a estar juntos, a disfrutar de sus compañías, a gustarse de sus gustos. Todo eso hace que surja un amor de verdad, lejos de la simple pasión sexual, pero no por ello menos profundo y verdadero.

Y como al principio dije llegados a este punto nos damos cuenta de la habilidad de la autora para llevarnos a un universo romántico que aceptamos de buen grado, alejado de tópìcos, que nos hace vivir lo que ellos viven, que nos hace identificarnos con sus emociones y deseos. Un verdadero acierto  en lo que a desarrollo narrativo se refiere.

No dudo que la mentalidad japonesa tiene mucho que ver en la forma de desarrollar el relato. Pero la lectura del mismo hace que disfrutemos de una historia bien construida y narrada,  y sobre todo, amable y  gratificante.

Hiromi Kawakami nace en Tokio en 1958. Actualmente es una de las escritoras más populares de Japón. Estudió Ciencias naturales y fue profesora de Biología hasta que en 1994 apareció su primera novela, (Kamisama). Sus libros han recibido los más reputados premios literarios, que la han convertido en una de las escritoras japonesas más leídas.

En 2001 ganó el prestigioso Premio Tanizaki por la novela que tenemos entre manos, adpatada posteriormente al cine con gran éxito.

Tiene traducido al castellano Algo que brilla como el mar; Abandonarse a la pasión; El señor Nakano y las mujeres; Manazuru y Vidas frágiles, noches oscuras. Todas ellas editadas por Acantilado.

 

 

LA OCULTA

Yo he olido esta tierra, me la he puesto en la nariz para tratar de saber – por el olor – por qué la queremos tanto.

La Oculta es una finca perdida en las montañas de Antioquia, al noroeste de Colombia. Es desde finales del siglo XIX la hacienda de la familia Ángel. Pilar, Eva y Antonio Ángel son los últimos descendientes de esta estirpe. Es a través de sus narraciones como iremos conociendo los pormenores y evolución de esta heredad, que es lo mismo que decir la historia de aquellos que hicieron posible el legado.

Los Ángel son de origen español. LLegaron a Colombia en busca de una vida mejor, como muchos otros en los siglos de la conquista. Se deja entrever que el motivo de abandonar España no fue unicamente el de poder amasar una fortuna allende los mares. Había una poderosa razón, el primero de los Ángel era judioconverso, –marrano-. Su apellido no era Ángel, era Angeli, pero esa i se perdió en alguno de los papeles que le identificaban, lo que no dejó de ser una ventaja, ya que ser converso no era algo que por aquel entonces diera una excesiva confianza.

Los hermanos citados han nacido en la finca. En ella han pasado su infancia y primera juventud. Entre sí tienen importantes diferencia de caracter. Pilar, la mayor, ha sido siempre una persona con ideas de futuro muy definidas, casarse con su novio de siempre, Alberto, tener hijos y criarlos en la hacienda. Es la más parecida a su madre, que era el nexo de unión de los tres hermanos cuando estos tomaron distintos rumbos en su madurez. Ella ama a aquella tierra, es su mundo y está dispuesta a sacrificar lo que sea para no perder la posesión en la que quiere acabar sus días. No ha sido una buena estudiante ni ha tenido más ambiciones que las comentadas. Vive en La Oculta y cuida de la casa. Eso pese a que uno de sus hijos fue raptado por la guerrilla. Ni un suceso tan trágico la hará cambiar de opinion sobre sus deseos de vida apegada a La Oculta.

Eva, la segunda, es la antítesis de su hermana. Persona dotada de una notable inteligencia y un cierto encanto femenino, su mente vuela lejos de allí. No es de las que piensan que el matrimonio es un fin. Quiere tener un mundo propio y la vida en su heredad le resulta opresiva. Incluso le molesta ser propietaria de una parte de la finca. Por ella se vendería, pero no tiene el consentimiento de sus hermanos, por lo que se ve obligada a sufragar los gastos comunes. Además y en los momentos difíciles que el país vivió con guerrillas y paramilitares campando a sus anchas, a ella le tocó  sufrir un trágico episodio que puso en pelígro su vida, Es uno de los relatos más interesantes de la novela por el climax con que el autor rodea lo que Eva nos cuenta sobre el suceso. Se disfruta leyendolo y deseando saber el desenlace. Uno de los aciertos de la narración, que tiene varios.

Antonio es el varón de la casa. Para él La Oculta es algo así como ese lugar en el que se han vivido momentos emocionantes y felices de la adolescencia y juventud, y al que se puede y desea volver en cuantas ocasiones se presentan.   Es homoxesual. Precisamente otro gran momento de la novela es el relato que nos hace de la primera vez que tiene relaciones con otro muchacho. La situación está descrita con toda la delicadeza y ternura que para ellos aquello representó. También cuenta las consecuencias que para él y su acompañante tuvo aquel acto. Sus intentos de regenerarse, de luchar contra su condición. Al fin la aceptación de su familia y la marcha de su entorno. Vive en Nueva York, es violinista suplente de una gran orquesta y da clases de ese instrumento. Está casado con Jon, un pintor de raza negra, al que nos dice querer. Pese al cariño por su estirpe, -es un estudioso del árbol genealógico de la familia-, siente remordimientos por saber que el apellido Ángel se perderá dada su condición sexual. No ve posible una adopción ni otra forma de conseguir una descendencia que permita continuar con el citado apellido.

El autor describe el relato de una forma original. Va intercalando ordenadamente lo que de su vida en la propiedad o fuera de ella, así como de las relaciones entre los protagonistas, ellos mismos nos cuentan. De esa manera vamos formando un calidoscopio de intimidades, deseos, relaciones con terceros y situaciones sociales que nos envuelven y atraen desde la primera página. Vemos como el tiempo condiciona lo que unos y otros quieren con respecto a La Oculta. La distinta vida que los tres hermanos llevan, así como la evolución social que los rodea, condicionará definitivamente el destino de la finca. Es un final lógico y que sentiremos doloroso, ya que no hay duda que llegados a ese punto nosotros como lectores nos consideraremos involucrados en el desenlace de la narración.

La lectura es amena, pese a que el autor es descriptivo y lógicamente utiliza nombres de plantas o animales propios de aquellas tierras, También giros y expresiones  del castellano que por allí se habla. En este sentido lo escrito es enriquecedor.

Héctor Joaquín Abad Faciolince, nació en Medellín en 1958, es un escritor y periodista colombiano.

Inició sus estudios de medicina, filosofía y periodismo en su ciudad natal. Finalmente estudió lenguas y literaturas modernas en la Universidad de Turín. Fue columnista de la revista Semana hasta abril de 2008 y a partir de mayo de ese mismo año se integró al ahora diario El Espectador como columnista y asesor editorial.

Hijo de Héctor Abad Gómez, médico, profesor universitario y defensor de derechos humanos, asesinado en Medellín en Agosto de 1987. Fue el único hombre de una familia con cinco hermanas. Sus estudios de primaria y bachillerato los hizo en el colegio Los Alcázares, dirigido por el Opus Dei en Medellín. Pese a la oposición de ideas que su padre tenía con la Iglesia, su matrícula en ese centro se debió a su buena calidad de la enseñanza. En dicho colegio se inicia en el oficio de escribir y junto con Mauricio García Villegas crean una revista llamada Criterio en la que publican comentarios críticos de los profesore, de la escuela y de otros temas cotidianos.

Su infancia es influenciada en gran medida por su padre, tanto en lo referente a sus ideas sociales como literarias, ya que era un amante de este arte, especialmente de la poesía.

Después de un viaje a México en compañía de su progenitor se matricula en Medellín en la Universidad Pontificia Bolivariana de donde fue expulsado por una publicación en el pediódico Paredón, creado junto con otros compañeros de su carrera de periodismo. A pesar de este suceso es aceptado en la Universidad de Antioquia en donde continua sus estudios pero debido a los constantes paros y suspensiones de semestre, decide abandonar e ir a vivir con su novia a Italia.

Allí completas sus estudios en lenguas y literaturas modernas en la Universidad de Turín, en la que se gradúa con una tesis laureada sobre la obra de Guillermo Cabera Infante: Tres tristes tigres.

Como escritor ha obtenido diversos premios y reconocimientos como el  logrado por sus libros Angosta, Premio Casa de América de Narrativa Innovadora en el año 2000. En el 2005 le fue concedido en China el Premio a la mejor novela extranjera y por El olvido que seremos, libro sobre la vida y asesinato de su padre Héctor Abad Gómez,   le fue otorgado el premio Casa de América Latina de Portugal y el Premio Wola-Duke en Derechos Humanos. Ha recibido también el Premio Nacional de Cuento, una Beca Nacional de Novela y dos Premio Simón Bolívar de Periodismo de Opinion. Ha traducido a autores italianos y publicado numerosos ensayos de tipo académico para revistas de uno y otro lado del Atlántico. Igualmente ha sido un conferenciante invitado en eventos literarios en diferentes países.

Su obra esta traducida a varios idiomas, entre otras Malos Pensamientos, Asuntos de un hidalgo disoluto, El amanecer de un marido. Su última obra Traiciones de la memoria fue editada en 2009.

Reside en Bogotá. Es columnista del periódico El Espectador y comentarista de Blu Radio.

UNA MADRE

Y es entonces cuando se me ocurre que este baile tan bien acompasado, este laberinto de gestos tan naturalmente hilados, todo este lenguaje fácil, reconocible, automático…, todo esto es lo que nos hace familia, historia común, comunidad. (76)

Una Madre habla de esto, de una familia, de los lazos que la unen, de cosas comunes, cariños no siempre bien expresados; problemas, también a veces mal expuestos; encuentros y desencuentros; variedad y comunidad. De eso nos habla Alejandro Palomas en las doscientas cuarenta y pico páginas de este libro.

Lo difícil es narrar las circunstancia que rodean a los personajes que componen dicha familia sin que el lector caiga en el desánimo de continuar queriendo ver a donde nos lleva lo que escribe. Y ese es para mi el primer mérito del relato, que interesa, que hace que lo sigamos con anhelo. Y no son personajes fáciles, ni la vida de la familia lo ha sido en todo su tiempo. Mama, personaje central de la odisea en la que estamos inmersos es una persona de 65 años. Hasta hace dos años casada con un hombre estafador, dominante y controlador. Con su voluntad anulada como la del resto de componentes de la unidad familiar. Ahora, libre al fin, ha descubierto un espíritu de aventura y no deja de iniciar cosas. Le ayuda su amiga Ingrid, una mujer que solo conocemos por los comentarios de Amalia, la madre, y que se nos revela como seguidora de algún tipo de vida extraño con influencias orientales.

Sigue su hija mayor, Silvia. También dominante como su padre y que ahora que él no está ha tomado esa función con los galones que conlleva ser la mayor de los hermanos. Soltera aunque viviendo con Peter, un sueco que nunca ha querido que le presentaran a la familia. Es una obsesa del orden y la limpieza. Viaja por trabajo por todo el mundo y es eficiente y cumplidora.

El tercero en discordia es Fer, el narrador de todo lo que pasa. Treinta años. Está viviendo un mal momento desde que su compañero Andrés  le abandonó dejándole como recuerdo un cachorro de gran danes de nombre Max, hoy un perrazo de 60 k de peso y su gran amigo. Su trabajo es  subtitular películas, además de doblar voces en ellas y prestar esta para anuncios publicitarios. Pero está solo, bueno con su madre, y no se ve con fuerzas para iniciar una nueva relación de pareja.

Enma es la tercera. Es lesbiana. La muerte accidental hace ya un tiempo de su compañera Sara de la que estaba muy enamorada ha influido de forma importante en su vida y manera de comportarse. Su actual amor con Olga, una ejecutiva bancaria, ha logrado paliar en algo aquella situación pero el recuerdo sigue ahí y parece que formará siempre parte de su existencia. Es maestra.

El quinto componente es Tio Eduardo. Hermano de Mama. Es una persona singular. No se llevaba bien con su cuñado y esto hacía que su presencia en reuniones familiares fuese una excepción. Ahora, con su hermana divorciada siempre que puede está en ellas. Eso si, nunca de forma anónima. Él tiene que ser uno de los centros de atención y para ello recurrirá a todo tipo de subterfugios, incluso inventándose situaciones o hechos. Necesita que le hagan el debido y, para él, merecido caso. Es todo corazón. Silvia es su sobrina predilecta y siente por su hermana un gran cariño. Sabe que esta familia, extraña y lejana, él vive en Lisboa, es el puerto al que siempre puede llegar y ser recibido.

Como es fácil deducir de la descripción hecha de los componentes del clan no se puede  decir que sea una familia-tipo. Es más, vistos desde fuera se diría que es una familia desestructurada. Ninguno encaja en lo que llamamos parámetros familiares normales. ¿Que les mantiene unidos?. Les mantiene unidos el urdimbre que pacientemente, con sus modales de mujer ingenua y en ocasiones ida, Amalia se afana en colocar para que los demás puedan pasar por el sus hilos llenos de amargura, esperanzas, logros no alcanzados y desamores. Hilos todos que tejen una fuerte tela en la que tienen cabida y en la que el cariño está siempre garantizado. Son conscientes de sus limitaciones, de sus casi siempre fracasos y al tiempo que pueden criticar tal o cual acción puntual de los demás saben asumirla y animar para que no pase a mayores, para que nadie caiga en el hoyo profundo del olvido, censura o desamor. Están vacunados contra todo pesimismo. De esa vacuna se encargó su desaparecido padre, un ser al que pintan despreciable en todos los ámbitos y el motivo por el que la madre les pide una y otra vez perdón, perdón por haberles dado como progenitor a una persona de ese pelaje.

En esa cena de fin de año se cuentan y recuerdan muchas cosas. Hay sorpresas y lo que pudiéramos llamar bromas. Amalia está muy contenta. Tiene a todos consigo y se siente feliz. Es una manazas de cuidado pero no le importa. Ella sabe lo que es sufrir un calvario como lo fue sus años con un hombre que la aniquilaba y despreciaba. Y sabe que ya no volverá a ser así; sabe lo que perdió hasta el momento en que su marido la abandonó y está dispuesta a que no vuelva a pasarle,  ni a ella ni a ninguno de los suyos. A eso les anima, Sabe que “no vale esperar a que pase algo para que las cosas cambien, porque por mucho que cambien, si no las miras, si no tiendes la mano para tocarlas, nunca te darás cuenta de que ya no son las que eran.”. Hay que agarrarlas y comenzar de nuevo cuantas veces haga falta.

Es un relato para leer despacio, masticar lo que se dice y ponernos en los zapatos de los intervinientes. Todos los actores de la historia están bien, incluso muy bien, perfilados. Sus personalidades definidas con sus anhelos aspiraciones y miedos. Se nos hacen cercanos y nos afecta lo que nos cuentan. Deseamos que sus vidas se resuelvan y sean felices.

Alejandro Palomas nació en Barcelona en 1967.

Estudio Filología Inglesa en la Universidad de Barcelona, completando su formación en el New College de San Francisco, donde cursó una maestría en Poesía.

Desde entonces ha trabajado como traductor de importantes autores, así como escribiendo para varios medios de comunicación, actividades que ha compaginado con su pasión por la escritura.

A lo largo de su carrera literaria ha publicado varias novelas, como El tiempo del corazón; El secreto de los Hoffman, (con el que fue finalista del Ciudad de Torrevieja 2008) o El alma del mundo (también finalista del Premio Primavera). Sus dos úlltimos libros, Una madre y Un hijo, han recibido el aplauso de la crítica.

Francamente, Frank

Las palabras también pueden ser los emisarios más inadecuados de nuestros sentimientos.

Richard Ford, Premio Princesa de Asturias de este año 2016, a través de uno de sus celebres personajes literarios, Frank Bascombe, sin duda uno de los más imborrables, provocativos y queridos personajes de la moderna literatura estadounidense, nos narra cuatro historias que describen situaciones de la vida en aquel país, como son las consecuencias de desastres naturales impredecibles, el racismo, la vejez y por último la amistad.  Bascombe tiene ahora sesenta y ocho años, edad en que buena parte  de tu existencia vital ya ha transcurrido. Por consiguiente no es extraño que las opiniones que expone estén  influenciadas por esta circunstancia, tamizadas por la experiencia de lo vivido y por las consideraciones que la edad permite hacer sobre lo que es importante para el resto de nuestro discurrir y aquello de lo que podemos prescindir sin sufrir una merma en la calidad de la vida venidera.

El relato nos lleva al Estado de New Jersey y concretamente a la localidad de Haddam. Es en ese espacio terrenal donde se desarrollan dichos hechos y son sus singularidades y las de las personas que lo habitan, las que dan forma a como ocurren los sucesos. Para el lector no americano esta circunstancia puede llegar a ser un handicap, sobre todo cuando hace referencia a personajes del mundo literario, artístico o político desconocidos para una buena parte de las personas que  allí no viven. También el hecho de ser muy detallista puede en algunos momentos llegar a cansar y hacerno farragosa la lectura; si bien en su descargo hay que constatar que su prosa es sencilla y las frases y pensamientos que nos va dejando aquí y allá son sencillamente buenos. Muy buenos incluso.

Como en anteriores ocasiones en está también hay una critica feroz a la forma de vida americana. Son historias a través de las que lanza sus envenenados dardos contra el fanatismo religiosos, el Tabernáculo del Amanecer de la Iglesia Episcopal Metodista Africana, la Asociación Nacional del Rifle, el Tea Party, el racismo, el desprecio hacía los veteranos de esas guerras lejanas que en el fondo no son entendidas por una mayoría de gente a la vez víctima de un nacionalismo de opereta. Añade su toque contra la vejez y las diversas formas de disfrazar la vida en esos momentos, formas más encaminadas a conseguir pingües beneficios que a facilitar lo que pueda quedar de existencia. Critica también como se gestionan desastres naturales, en este caso el huracán Sandy, y que pese a su cotidaneidad dejan sin recursos a miles de personas cuyos seguros no cubren las pérdidas que tienen que soportar.

En definitiva, Richard Ford a traves de su icónico Bascombe, con un gran equipaje de nostalgia y sabiendo que no queda mucho tiempo futuro, sigue quejándose del “sueño americano” en el que ha dejado de creer. Lo hace a sus anchas, con un corrosivo humor no siempre apreciado por el lector foraneo mientras desayuna All-Bran, masca chicle y teme al alzhéimer.

Richard Ford nació en Jackson (Misisipi), el 16 de Febrero de 1944.

Sus padres fueron Edna y Parker Carroll Ford. A los 16 años murio su padre de un ataque al corazón. Su madre tuvo que buscar un trabajo. Para facilitar esto envió a su hijo, que se había convertido en un problemático adolescente,- “robaba coches, me peleaba, hacía carreras“- junto a su  abuela que administraba un hotel en Little Rock (Arkansas). Allí dejó de meterse en líos y todo ¨fue genial“. Años más tarde su madre se reunió con ellos.

A los 19 años Ford trabajó como fogonero en el Ferrocarril Misuri Pacífico en Little Rock. Disléxico, no era un buen estudiante y confiesa que no tenía talento para las matemáticas. “Para hacer algo bien tengo que trabajar más duro que otra gente. No puedo hacer muchas cosas al mismo tiempo, tengo que concentrarme en una sola” reconocería.

Ingresó en la Universidad de Michigan a estudiar administración hotelera, pero tras el primer año se cambió a literatura. Se graduó en 1966. Fue en la universidad donde conoció a Kristina Hensley, con quien se casó en 1968.

Probó diversos trabajos, pero en fin optó por ir a continuar sus estudios superiores en Saint Louis, para lo que eligió Derecho. Pero entonces “intervinieron la suerte y el amor”:

Me robaron del coche todos mis libros de Derecho unos días antes de los exámenes. Estaba hundido. Había trabajado duro para estar ahí. Pero me robaron los libros. Y entonces me pregunté si de verdad quería hacer lo que estaba haciendo. Era como si el destino me brindara una segunda oportunidad para decidir. ¿Qué otra cosa podría estar hacendo?, me pregunté. Y pensé: podría casarme con Kristina, mudarme a Nueva York, pasarlo bien e intentar ser un escritor. Fue un puñado de estrellas que se alinearon, algunas oscuras y otras brillantes. Y elegí la dirección de la estrella brillante, que era Kristina”.

Debido en parte a su dislexia no habría leído prácticamente nada hasta los 18 años. Esa enfermedad es la que lo hace ser un lector lento pero al tiempo estima que le ayuda a escribir, “me hace ser más cuidadoso“, señala. Enamorado de la literatura y ya decidido a convertirse en narrador hizo una maestría de escritura creativa en la Universidad de California que terminó en 1970.

Seis años más tarde salió su primera novela, “Un trozo de mi corazón”. En 1981 le siguió “La última oportunidad”.

“Publiqué mi segunda novela y tuvo buenas críticas. Pero nadie la compró. Enconces cogí un trabajo de periodista deportivo. Y pensé que si podía conservar aquel empleo lo haría para siempre. Era divertido, era fácil, estaba bien pagado, viajabas por todo el mundo…… era perfecto”, recuerdad Ford.

Trabajaba para Inside Sports. Cuando cerró y lo rechazaron en Sports Illustrated decidió retornar a la ficción y fue entonces cuando creo su personaje más conocido, Frank Bascome, protagonista de varios libros suyos. “Un personaje feliz, con un trabajo que le gusta, periodista deportivo, que ha superado un pasado infeliz. Alguien que intenta hacerse un hombre mejor, un hombre feliz”

El periodista deportivo, (1986) es una novela sobre un escritor fracasado convertido en periodista deportivo. Esta obra lo consagró: la revista Time la eligió una de las cinco mejores novelas del año. Además fue finalista del Premio Faulkner 1987.

La seunda novela de la serie de Frank Bascome, El día de la independencia (1995) obtuvo el premio Pulitzer y el Faulkner, siendo el único autor que ha ganado ambos premios por el mismo libro.

Se ha querido ver en Frank Bascombre el álter ego de Ford y considerar que las historias que protagoniza son autobriográficas. A eso Ford ha constestado: “pero yo no tengo dos ex mujeres, ni hijos, no soy agente inmobiliario, no he ido a la Universidad de Michigan (sic)….. La buenas novelas no son autobiográficas, estaría limitado a lo que el autor es. Mi concepción de lo que es una buena novela es aquella que utiliza la imaginación para provocar que el lector experimente lo impredecible. Esto sucede cuando el escritor imagina cosas que están muy lejos de su propia vida cándida”.

Vive con su esposa en Boothbay (Maine).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A flor de piel

“No imagino que los anales de la Historia hayan aportado un ejemplo de filantropía tan noble y tan extenso como este” (Edward Jenner .- 1806)

Tenemos que agradecer a Javier Moro que haya escrito esta epopeya. A algunos les refrescará la memoria y para otros, la mayoría me parece a mi, les hará conocer e interesarse por una de las proezas sanitarias más importantes de la humanidad. Los que la llevaron a cabo salvaron millones de vidas y a la postre comenzaron la erradicación de una de las enfermedades que mayor número de víctimas se había cobrado en los siglos en los que su curación era imposible, la viruela.

La historia nos cuenta como se proyectó y llevó a cabo esta gesta. La idea parte de un hombre dotado de una excepcional intuición, fuerte personalidad y una desmedida ambición de gloria, Francisco Xavier Balmis.  Sus conocimientos médicos, adquiridos a base de estudio y práctica, son excepcionales. Es además un organizador nato y sabe a quien dirigirse para lograr las ayudas necesarias para la magna empresa que desea realizar. Así alcanza el favor real. Carlos IV le otorgará su placet. El Rey es un hombre ilustrado, comulga con las ideas de Balmis sobre la necesidad de mitigar las enfermedades allí donde se producen y tambien prevenirlas sí, como es el caso, existe la forma de hacerlo. No solo ayuda con dinero y recomendaciones a sus Virreyes de más allá del ancho mar océano, también en la composición del equipo que debe acompañarle. Como ayudante le impone, más que le sugiere, a otro médico bien dotado de conocimientos, el Dr. Josep Salvany. A ellos se les unirán enfermeros y prácticantes y lo más importante de todo, los portadores del fluido de la vacuna. Estamos en principios del siglo XIX y el transporte del preciado fluido presenta muchas dificultades. Existen algunas formas de hacerlo pero no son seguras. Solo una lo es. Debe transportarse de brazo a brazo. Esto es, hay que inocularlo en una persona sana que no haya padecido la enfermedad anteriormente y que tampoco  haya estado en contacto con ella. Cuando la pústula se produce habrá que mantenerla durante unos días hasta el momento preciso en que se pueda traspasar su pus a otro individuo de iguales características que el anterior. Así  las veces necesarias para llegar con el fluido en condiciones al punto de destino.

Para hacer de portadores se piensa en niños, de unos cuatro a diez años. Las dificultades de encontrar personas que quieran ceder a sus hijos voluntariamente para este fin y más sabiendo que se van al otro lado del mundo, hace que se piense en incorporar como transportistas a niños incluseros. Primero en Madrid, donde se inicia la aventura y luego en La Coruña, de donde parten para América, la organización se hace con el número de niños necesario.

Y es en esta última ciudad donde se incorporará a la expedición una mujer excepcional, Isabel Zendal. Es joven y de origen campesino, lo que no impide que sepa leer y escribir y llevar registros. Es la Rectora de la inclusa de La Coruña. Tiene un hijo de soltera pero aún así es respetada por aquellos que la conocen. Pese a las resistencias de los marinos que componen la dotación de la María Pita, nombre del barco que les llevará al Nuevo Mundo, Isabel se embarca en la aventura. Para ella es la oportunidad de mejorar su condición social. Ya no será una “madre soltera“. El Rey le otorga el título de Doña. Además su hijo podrá llevar sus apellidos. Otro motivo que le impulsa a embarcar es no dejar solos a los niños que hasta ese momento estaban a su cargo en el hospicio coruñes. Sabe que las condiciones a bordo serán difíciles y duras y ella se considera preparada para ayudar a sobrellevarlas.

La novela además de hablarnos de Balmis, Salvany y otros muchos sujetos que estuvieron en aquella epopeya, lo hace de este personaje femenino, Isabel Zendal. Sin ella no hubiese sido posible finalizar con éxito la gesta. Ella será la base sobre la que Balmis asentará su hazaña. Ella influirá en la forma de actuar y pensar del médico. También en Salvany, más sociable que Balmis y tan excepcional como él, que pese a la incurable enfermedad que padece no duda en partir a esa aventura. Será el encargado de llevar la vacuna a América del Sur. Y sobre todo ella se encontrará a si misma, evolucionará como persona. Será fiel a la encomienda real, pero no volverá a España. Se quedará en Puebla. Con su hijo Benito y con su otro hijo, Cándido de la Caridad, madrileño, inclusero, aventurero, a quíen ella protegió desde el principio. Su historia nos emociona de principio a fin. Sin lugar a dudas fue una extraordinaria mujer.

La narración está escrita de forma muy amena. Engancha y no deja indiferente. No es lógico que una persona real como Isabel Zendal sea desconocida para la mayoría de los habitantes de La Coruña. Hoy en día, la Escuela de Enfermería de la Facultad de Medicina de Puebla lleva su nombre y la Organización Mundial de la Salud en 1950 la nombró “primera enfermera de la Historia en misión internacional“. El Premio Nacional de Enfermeria, que cada año concede el Gobierno de México, lleva el nombre de Isabel Cendala Gómez.También la Asociación de Enfermería Comunitaria y la Cátedra Balmis de Vacunología de la Universiad de Alicante han firmado un convenio específico para la creación del Premio Nacional de Enfermería “Isabel Zendal y Gómez, Contrastan todos estos recuerdos y méritos con que en la ciudad que le dió la responsabilidad de dirigir su inclusa y la vió partir hacia un incierto destino, solo tiene dedicada a su memoria  una pequeña calle en el barrio viejo, la calle de Isabel López Gandalia, y una placa en el balcón Balmis en el museo cientifico Casa del Hombre.Domus

Javier Rafael Moro Lapierre, nació en Madrid el 11 de Febrero de 1955.

Estudió el bachillerato en el Liceo Francés de Madrid. Desde muy joven viajó con su padre, ejecutivo de la TWA, a países de África, Asia y América. Estos viajes en los que descubre el mundo constituyen los mejores recuerdos de su infancia y dejan una huella que aparecerá más tarde en sus libros.

Entre 1973 y 1978 estudia Historia y Antropología en la Universidad de Jessieu. Ha trabajado como invesigador en varios libros de Dominique Lapiérre -del que es sobrino carnal- y Larry Collins. También ha coproducido películas basadas en la obra de Ramón J. Sender, (Valentina y 1919; Crónica del alba).

Para escribir su primera novela, Senderos de libertad, viajó durante tres años por la Amazonía en avioneta, canoa, autocar e incluso a pie, para poder reconstruir la historia de Chico Mendes, un humilde cauchero que se convirtió en símbolo internacional de la defensa del medio ambiente.

Su secunda novela, El pie de Jaipur, apareció tres años más tarde y es la primera en estar ambientada en Asia. La periodista y escritora Maruja Torres dijo de esta obra “debería leerla todo el mundo porque trata, como alguno de los múltiples seres reales que lo pueblan dice en algún momento, de lo importante que es ‘lo que hacemos con lo que nos queda’. O sea de la superación de frustraciones”.

A esta le siguieron otros tres libros cuya acción transcurre en ese continente: Las Montañas de Buda, Era medianoche en Bhopal, Pasión india y El sari rojo, que según ha explidado “es la historia dramatizada de la familia Gandhi a traves de los ojos de Sonia

Su septimo libro, El imperio eres tú, vuelve a estar ambientado en América del Sur. Es la novela que le valió el Premio Planeta 2011

En 2015 publica “A flor de piel”

Es Patrono de la Fundación “Ciudad de la Alegría”.

 

La traductora

¿Es posible que una mujer musulmana sea al mismo tiempo moderna y creyente?

Tenemos ante nosotros una obra singular. Y lo es porque en ella se habla de algo muy presente en nuestras sociedades occidentales, la convivencia pacífica entre dos maneras de enteder la vida: la occidental, representada por nuestra cultura judeo-cristiana y la islámica representada por aquellos que creen en esa religión y siguen la cultura que ella inspira.

No hablamos de rupturas ni de inmersión de una cultura en la otra. Sammar, musulmana, viuda y con un hijo que vive en Sudán, trabaja en la universidad de Aberdeen, en Escocia. Ella se ha criado en Gran Bretaña, conoce bien la  sociedad en la que habita. Tiene un buen empleo, trata con personas cultas y tolerantes, pero aún así siente un fuerte extrañamiento. Busca consuelo en su fe y es musulmana practicante.

Rae es un profesor de ciencias políticas que habla árabe. Es un estudioso de la cultura islámica. Escocés de nacimiento y educado también en Gran Bretaña siente un atractivo especial por la cultura oriental. Es agnóstico.

Motivos de trabajo los emparejan. Sammar no deja de sentirse atraida por él, primero de una forma amistosa que se traduce en amor con el día a día. Él, separado de su primera mujer, con una hija que estudia en Suiza, no es indiferente a lo que observa en Sammar, sin proponérselo se siente atraido por ella y en el fondo enamorado de  esa mujer sensible, valiente e inteligente.

Lo que podia quedarse en una novela rosa, o en algo crítico hacia las relaciones de los dos mundos, se covierte en un relato apasionante. Sammar no va a dejar sus principios religiosos por un amor mundano, aunque este sea ilusionante y no tenga duda alguna que sería algo que la hiciese feliz. Su cultura y sus creencias religiosas exigen que su compañero sea musulmán. Rae deberá recitar la shahada, las palabras de testimonio de que no hay otro dios que Alá, si así como ella desea, quieren labrar un futuro común.

Por otra parte Rae tampoco desea perder a Sammar. Conoce a fondo de la religión coránica, estudio en el que se encuentra cómodo y del que saca conclusiones espirituales. Va descubriendo poco a poco que no es tan insensible a dicha fe como quiere creer. De hecho Sammar no se explica como sabiendo tanto del Islam   no se convierte. Será un proceso largo muy bien descrito por la autora. No solo describe con mucho acierto este proceso, también los estados emocionales de la protagonista, sus dudas y miedos, sus soledades y esperanzas, el profundo amor por su cultura, por su fe y por su hijo y demás familia. Aún así llegado el caso no dudaría en seguir a Rae si este al fin cumple su sueño de convertirse y desposarla.

Es un canto a la tolerancia, al comprender al otro y en su caso a hacernos ese otro.

Leila Aboulela nos viene a decir que el mundo no está predistinado a tener que copiar solo el canon occidental. Que es posible vivir en él amigablemente desde los dos puntos de vista. En la novela es el varón quien abraza la otra religión, lo que es algo muy poco común en la literatura al uso.

No podemos negar que nuestros conceptos religiosos impregnan nuestra manera de vivir. Es cierto que en nuestras sociedades occidentales no son los preceptos religiosos los únicos que dictan la normas de convivencia, pero aún así siguen teniendo una fuerte influencia. En las sociedades islámicas esta influencia es mayor, incluso total. Cuando ambas culturas ocupan un mismo espacio se producen conflictos que deben ser resueltos mediante la convicción, separando la vida pública de la privada, lo que no cabe duda no resultará fácil ni rápido en el caso de los postulados islámicos.

Leila Aboulela nació en El Cairo en 1964, es una escritora sudanesa en inglés.

Aunque nació en Egipto crecio en Jartum donde estudió en la Khartoum American School y economía en la Universidad de Jartum. Más tarde le concedieron un título M. Phil. en estadística en la London School of Economics.

Vivió muchos años en Aberdeen y actualmente vive en Doha. Sus novelas han sido nominadas varias veces al Orange Prize.