Fotocopias, John Berger


En “Café con Libros” procuramos seguir la actualidad con nuestras lecturas, y el fallecimiento de John Berger hace unos meses, nos animó a descubrir uno de sus mejores cuentos.

Fotocopias es una sucesión de momentos hermosos, narrados con una velocidad de obturación baja, de manera que todos los haces de luz que pasan frente al lente de la cámara del escritor y se extienden como hilos multicolores. ¿No son las personas, en su mejor versión, eso? Haces de luz. Fogatas que tienen una necesidad sublime: dar. John Berger toma, captura lo que esas personas dan, y continúa la cadena de dones ofreciendo un libro excepcional.

El autor presenta una colección de sus encuentros vividos en la Europa de finales de milenio. Veintinueve momentos que, en conjunto, conforman un fresco de la historia de la humanidad, así como un autorretrato de su autor. Por sus páginas nos cruzamos con amigos, con viajeros en estaciones de tren, con campesinos, con Simone Weil en su apartamento de París, con vecinos, con extraños en cafés, con el fotógrafo Henri Cartier- Bresson, con pintores y otros artistas. Personas, más que personajes observadas con una mirada lúcida, sencilla, bondadosa e intensa que recorre todas las dimensiones y posibilidades de lo cotidiano.

Las fotografías sirven para recordarnos lo que olvidamos. Son el opuesto de las pinturas, estas muestran lo que el pintor recuerda.

Por Galicia, Berger sentía un cariño especial, que se visualizaba en Betanzos (el dibujo de abajo es de él)  y que se fraguó durante siete años en los que cada verano venía en su motocicleta, recorriendo la costa norte a visitar a un escritor indio afincado en tierras del Mandeo, Víctor Anand. Este amor quedó plamado en un cuento de Fotocopias donde compara las casetas de las ferias del pulpo con el mantel parisino del restaurante Maxims´s.

El autor

Consumado poeta, confiaba ciega e ingenuamente en el poder de la Literatura y de la palabra, para transformar el mundo, con pequeños pasos.

La vida de John Berger estuvo marcada por el nomadismo geográfico y cultural, por la necesidad de ver y su amplio sentido moral y estético. Su biografía es una reunión de datos fascinantes, un manojo de encuentros, exilios y un grado de independencia insospechado para un escritor. Berger ha sido considerado un humanista, no solo intelectualmente, sino por su gran humanidad. Decía que si escribía, si creaba, era únicamente porque la naturaleza lo había dotado con la capacidad de escuchar a los demás.  El valor de su palabra residía en el sentido ético de su trabajo, de su obra, de su compromiso con la ciudadanía.

Berger nació en Londres en 1926. Abandonó por obligación la escuela en 1942 e ingresó en la escuela central de Bellas Artes con el objetivo de convertirse en pintor bajo los bombardeos. Fue llamado a filas y su estancia en el ejército se prolongó debido al servicio militar. Concluida la Guerra, se incorporó como profesor de dibujo en Chelsea. Se sentía pintor y se ganaba la vida haciendo portadas de libros y otros encargos. Aceptó una columna semanal de crítica de arte en el New Statesman y el Tribune.

Desde el año 49 hasta el 58, Berger asume una intensa actividad política y sus artículos abordaron denuncias y todo aquello que era digno de ser defendido. Comenzó a ser considerado un crítico y periodista marxista a pesar de que nunca fue miembro del partido.
En 1955, publica su primera novela, Un pintor de nuestro tiempo en la que relata la historia de un exiliado húngaro en forma de diario íntimo. El libro señala la amargura del exilio, el drama y se extiende sobre el fascismo y sobre los sucesos de Hungría. El libro se retiró de las librerías y Berger apareció en varias listas negras. En 1960 abandona Inglaterra e inicia su nomadismo geográfico por el “midi francés”, Suiza e Italia. El exilio aporta una visión sosegada y consciente de su escritura.

En 1965 publicó el análisis más iluminador y controvertido sobre la obra de Picasso. Berger se fascina por el personaje y su leyenda, trata la soledad y la tristeza de un artista insolente, el impúdico genio.

En los años 70 inicia se colaboración con el director suizo Alain Tanner como guionista. Su primera película conjunta es La salamandra (1971), a la que seguirán La milie du monde (1974) y Jonás que cumplirás 25 años en el 2000 (1976).

En 1971 recibe el máximo galardón de la literatura inglesa por su novela G. En G. sostiene la tesis de que de no haber vivido en el siglo XVII, Don Juan hubiese sido un revolucionario. Intalado en la Alta Saboya  escribió su trilogía De sus fatigas que consta de tres novelas: Puerca tierra, Una vez en Europa y Lila y Flag en el que trabajó durante quince años.

Puerca Tierra se sitúa entre el principio de los años cincuenta y finales de los sesenta y es el testimonio de la destrucción radical de la vida rural a consecuencia de la economía contemporánea. El libro fue visto como un documento sociológico.  Una vez en Europa abarca desde los años sesenta y alcanza hasta los noventa y son historias de amor. En  Lila y Flag, los campesinos han abandonado el pueblo y se han instalado en las ciudades.

Cultivando su versatilidad, rompiendo géneros, en 1974 escribe un hermosísimo libro de crítica de arte y literaria, Modos de Ver, en el que como crítico intenta demostrar las funciones sociales del arte, la manera en que el artista responde a las condiciones históricas y sociales. Mirar y El sentido de la vista completan su prestigio como crítico de arte.

En 1995, cuando era reivindicado por los indignados del momento y, a la vez, reclamado como experto en los principales museos del mundo —el Prado entre ello —, el escritor británico dio otra vuelta de tuerca a su obra literaria narrando una historia de amor en los tiempos del Sida: Hacia la boda. Esta vez los derechos de autor de aquel viaje por el viejo continente camino de unos esponsales estaban destinados a los comités de lucha contra el Sida de cada país en que se publicó.

Ya fueran enfermos, campesinos, mendigos o inmigrantes, los desheredados de la tierra estuvieron siempre en el centro de la obra de John Berger. Nunca dejó de dibujar, de viajar en moto ni de escribir poemas. Fue el puente entre la gente de a pie y los grandes maestros de la pintura occidental. También la voz de los seres más frágiles, residuos del mundo moderno a los que su obra otorgó una dignidad de reyes.

Su producción literaria en los últimos años engloba novelas como King, una historia de la calle, (2000), la obra de teatro El último retrato de Goya (1998), la recopilación de artículos, Fotocopias (2000), La forma de un bolsillo (2002), libros compartidos con el fotógrafo Jean MorhOtra forma de contar, A Fortunate Man: The Story of a Country Doctor. Un hombre afortunado y At the edge of the world.

En 2008 publicó de De A para X. Una historia en cartas, y en abril de 2009 la cineasta española Isabel Coixet presentó una exposición monográfica  La Casa Encendida:  “From I to J. Un homenaje de Isabel Coixet a John Berger”, con la colaboración de la arquitecta Benedetta Tagliabue y la participación de las actrices Penélope Cruz, Monica Bellucci, Isabelle Huppert, Maria de Medeiros, Sarah Polley, Tilda Swinton o Leonor Watling.

Alfaguara editó hace pocos meses Rondó para Beverly, un homenaje que el autor escribió junto con su hijo Yves para su esposa, fallecida en 2013.

Obras de John Berger en las Bibliotecas Muncipales:

Un libro no puede cambiar el mundo. Pero tal vez nos ayude a preguntarnos cosas sobre nosotros mismos.

Felices lecturas!

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Posted on 24 Marzo, 2017, in Club Os Rosales, Libros lidos and tagged , , , , . Bookmark the permalink. Deixar un comentario.

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