EL QUINTO EN DISCORDIA


Esa es una de las crueldades del teatro de la vida: todos pensamos que somos protagonistas, y cuando se hace evidente que somos simples personajes secundarios o figurantes, raramente lo reconocemos.

Estamos en la primera novela de la Trilogía Deptford. En estas tres novelas el autor Robertson Davies recurriendo a sus recuerdos en el Canadá rural de su infancia narra la vida de tres personajes, Boy Staunton, exitoso hombre de negocios; Paul Dempster, un prestidigitador mundial y la de Dunstan Ramsay, un profesor que tiene por especialidad las vidas, reales o míticas, de los santos católicos, religión a la que él, Ramsay, no pertenece. Cada una de las tres novelas que componen la triología mencionada detalla la vida de uno de estos personajes, figurando los otros dos como protagonistas secundarios y ofreciendo así un cuadro completo sobre la vida de todos ellos.

Enjuiciar lo vivido es un ejercicio saludable, sirve para que a través de la experiencia acumulada  evaluemos mejor y con mayor justicia aquellos hechos que compusieron nuestra existencia, relativizando tanto los éxitos como los fracasos que la componen. Pero hemos de tener presente que lo actuado lo fue en relación a las circunstancias imperantes en aquelllos momentos. Pasado un tiempo y revisado lo decidido podemos considerar que no acertamos en las decisiones tomadas, podíamos haber seguido otros rumbos. Hemos de tener cuidado con estas consideraciones ya que pueden provocar sentimientos de culpa que afecten a nuestro presente. Nuestra opinión sobre nosotros mismos es lógico que varíe a lo largo del tiempo, nos reinventamos cada día y es esa una de nuestras características humanas más saludables, la de ser capaz  de caer y alzarnos de forma repetida a lo largo de nuestra existencia.

En El quinto en discordia nos adentramos en la vida de Dustan Ramsay, en su visión del mundo y en su papel en la vida de los otros personajes. Un hecho fortuito, una bola de nieve que evita e impacta en la sensible esposa del pastor baptista de Deptford hace que se produzca el nacimiento prematuro de Paul Dempster y el debilitamiento mental de la madre, la Sra. Dempster.

Ramsay cargará toda su vida con la culpabilidad de este suceso. Si él no hubiese esquivado la dichosa bola no hubiese sucedido el alumbramiento mencionado ni los terribles acontecimientos que dicho parto dio lugar. Movido por este sentimiento o quizás por una atracción física hacía la mencionada Sra. Dempster, Dustan la acompañará hasta el final de sus días así como la ayudará a cuidar de su recien nacido hijo, que a duras penas conseguirá sobrevivir dadas las condiciones sanitarias de la época y del pueblo en particular. Es el inicio de un periplo vital como tercer vértice de esa extraña relación que une a los tres protagonistas.

Vamos a obviar el motivo que inicia la novela, ese escrito que Dunstan, recien jubilado y molesto por el tono de los discursos pronunciados por sus compañeros en la ceremonia de homenaje y despedida, remnite al director del centro educativo en el que ha trabajado durante toda su carrera. Escrito en el que intenta dejar constacia de que su vida no ha sido ni gris ni anodina, como quieren hacer creer lo pronunciado en dicho homenaje.

A partir de aquí asistimos como espectadores a la vida de Ramsay, una vida que solo parece cobrar sentido en relación a la del resto de personajes, desmintiendo así su propio criterio sobre como fue su existencia. Él es quien enseñará a Dempster las artes de la magia; actúa como confiente de Staunton e incluso se beneficia de los consejos financieros que este le proporciona al tiempo que procura consuelo a la afligida esposa, por las infidelidades del magnate en que se ha convertido su amigo.

Ya comentamos que cuidó a la Sra. Dempster hasta su muerte con unos sentimientos hacía ella en que había una mezcla de piedad religiosa, sentimentalismo y honestidad.

Esa mezcla de sentimientos es aplicable a su labor de profesor de Historia, ya que se especializa en el estudio de la hagiografía, lo que nuevamente le convierte en espectador de vidas ajenas. Rareza esta que le hace un extraño entre sus colegas,  al igual que él mayoritariamente protestantes, como entre los católicos que desconfían de alguien que sin prácticar dicho credo sea aficionado al estudio de los santos de esta religión.

Extraño en cualquier tierra solo su mundo interior, su honestidad y fortaleza moral le ofrecen un asidero al que agarrarse y evitar zozobras.

De esta dependencia a terceros surge el título de la novela. El quinto en discordia que es como se denomina en el mundo de la Opera y el Teatro a ese personaje necesario para intervenir entres dos rivales masculinos y femeninos, el que por conocer a fondo a todos ellos vive realmente a través de la vida de los demás sin ser capaz de llenar con algo suyo su propia existencia.

Lo que el autor nos quiere decir con esta novela es que una vida nunca debe ser juzgada por los parámetros de éxito comúnmente admitidos. Hay otras formas de vivir sin perseguir el éxito a toda costa. Desde ese punto de vista tiene sentido que Ramsay considere que su vida ha sido plena y dotada de un sentido general. Es una persona de profunda moralidad, con una integridad total, un tanto trasnochada sí, pero completa. Ha sido a lo largo de ella fiel a la imagen inicial de cuando no era más que un chico en Deptford.

El quinto en discordia no es propiamente una novela sobre un antihéroe sino la reivindicación de una postura ante la vida y ante los demás. Es probable que después de leer el libro alguno seamos también un quinto en discordia.

La narración está bien estructurada. Con una sintaxis fácil de leer y su lectura engancha. Pese a lo prolijo de la historia el argumento interesa en todo momento.

Robertson Davies nace en Thomasville, Ontario, el 28 de Agosto de 1913 y fallece en Orangeville, Ontario el 2 de Diciembre de 1995. Es uno de los autores más conocidos en su país.

Desde muy niño estuvo rodeado de libros y leteratura. Su padre, el Senador William Rupert Davies era dueño de un periódico y  le encantaba la lectura al igual que a su hijo Davies  que leía todo lo que caía en sus manos.

De pequeño participo en numerosas obras teatrales y fue entonces cuando empezó a despertar en él su interés por el drama. Estudio en el Upper Canada College de Toronto desde 1926 a 1932 y después atendió a la Universidad de Queen, en Kingston, Ontario de 1932 a 1935. Más tarde dejó la universidad de Canadá para ir al Balliol College de Oxford donde se graduó en 1938. Al año siguiente  publicó su tesis Shakespeare’s Boy Actors y empezo a trabajar en Londres donde participó en pequeñas obras teatrales e hizo trabajos literarios para el director del Old Vic Repertory Company. En 1940 Davies se caso con Brenda Mathews a la que había conocido en su estancia en Oxford.

Estos primeros años  fueron muy importantes para él y su obra. Con mucha frecuencia en sus escritos posteriores recurrió a dichas experiencias: por ejemplo es recurrente el tema de los canadienses yendo a Inglaterra para finalizar sus estudios sobre el tema teatral. El mismo año de su boda la pareja regresó a Canadá donde consiguió el trabajo de editor literario en la revista Saturday Night.

Su obra literaria es muy extensa. Escribió ensayos, novelas, relatos breves, crítica y obras de teatro.

Entre sus novelas destacar La trilogía de Salterton, La trilogía de Deptford; La trilogía de Cornish y dos obras de La trilogía Toronto.

Su prolija y meritoria obra fue reconocida con importantes premios y  menciones. Destacamos aquí:

 

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Posted on 21 Xaneiro, 2017, in Actividades do club, Club Castrillón, Clubes de lectura, Libros lidos, Novela sobre a vida cotiá, Novela social e política and tagged , , , . Bookmark the permalink. 1 comentario.

  1. Toda una sorpresa. Un relato muy interesante. Una historia en la que se mezclan muchas cosas. La asunción de una responsabilidad hacia otra persona desde una edad adolescente, la autoestima, el ánsia de saber y conocer aquello que parece más enigmatico del comportamiento humano, la amistad, ser el conocedor de aquello que puede unir o separar a otros implicados en la trama. Todo muy bien contado. Escrito con soltura. La historia empieza a interesar desde la primera hoja y la atención no decae a lo largo de toda la narración. Gustó a todos los componentes del club, lo que no es habitual.

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