La Ley del menor


La Ley era clara, su consideración prioritaria era el bienestar del menor. ¿Cuántas páginas y cuántas sentencias había dedicado a este concepto?. La asistencia, el bienestar eran sociales. Ningún niño es una isla. Pensó que sus responsabilidades terminaban dentro de las paredes del tribunal. Pero ¿como podían terminar allí?.

Fiona Mayer una Juez del Tribunal Superior, especializada en derecho de familia se hace estas reflexiones después de conocer las consecuencias de una sentencia por ella dictada. Este pensamiento es el meollo de la novela que el autor Ian Mcewan desarrolla con buen ritmo y buena prosa. De buscar algún defecto a la narración tendríamos que mencionar su meticulosa forma de describir ciertos ambientes, así como diversos detalles sobre la Administración de Justicia en Reino Unido.

Comienza el relato haciendo que el lector entre en la vida familiar de la citada Jueza, Fiona Mayer. Mujer que ronda los sesenta años, casada con Jack, un profesor universitario de su misma edad. No tienen hijos. Viven en una elegante casa en la que en ocasiones acogen a sus sobrinos. Su dilatada vida matrimonial ha entrado hace tiempo en la rutina y monotonía que el tiempo y la dedicación a sus profesiones  introduce en la relación sentimental de algunas personas. En especial en Fiona, mujer que ha logrado alcanzar un  importante grado profesional y a cuyas responsabilidades dedica la casi totalidad de su tiempo.

Jack en cambio siente como este se va acabando y no quiere renunciar  a un postrero delirio de una pasión compartida. Al no conseguir este deseo en su compañera ha decidido buscarlo fuera del matrimonio. Lo curioso es que quiere hacerlo con el consentimiento de su esposa. Dice que quiere quemar “su último cartucho“. Ella se niega y él abandona el hogar dejando a su mujer desconcertada.

Esta situación que en otra persona hubiese producido un desajuste intelectual no lo provoca en el caso de la Jueza. Al otro día tiene un juicio difícil. Deberá decidir después de oír a las partes implicadas, sobre la legalidad de aplicar una transfusión sanguínea a una persona, aún menor de edad, que por razones religiosas se niega a recibirla. Tanto el enfermo como su familia y entorno aducen motivos morales basados en sus creencias como la causa de dicha negativa. El menor de edad lo es por solo tres meses, pero los médicos dicen que no pueden esperar a que cumpla los 18 años ya que el riesgo de muerte es alto. Fiona escucha las diversas razones y antes de dictar sentencia toma la determinación de visitar al enfermo, un muchacho bien parecido, inteligente y firme en su postura. Después de esto sentencia a favor del equipo médico. Es menor y la protección del mismo está por encima de otras cuestiones. En realidad estamos en la eterna lucha entre la Ortodoxia religiosa y la Razón. Las sociedades modernas por lo general protegen al menor en estos casos. Pero esto no esconde que en esas sociedades, pese a sus adelantos técnicos e intelectuales, sigan existiendo focos intransigentes que basan su vida en el cumplimiento estricto de normas religiosas, llegando incluso a retorcer lo que los libros sagrados dicen para imponer conceptos rígidos que coartan la vida de quien los cree. La libertad de culto tiene estos riesgos que son asumidos por el conjunto social y legislados en la mayoría de los casos bajo preceptos laicos socialmente admitidos.

A partir de aquí toman especial interés las consecuencias de dicha sentencia. Es algo que cambia la vida de Adam Henry que así se llama el menor protegido. La decisión produce una evolución profunda sobre lo que hasta ese momento pensaba, que abarca tanto a sus creencias religiosas como a sus relaciones familiares y con el grupo. Ha descubierto un nuevo paradigma, la Jueza, y quiere basarse en ella para vivir su futuro. Intentará que le acepte como discípulo. Es su nueva religión. Por supuesto Fiona no se aviene a tal cosa. Adam seguirá intentándolo, le escribe cartas que ella no contesta y al final le escribe un sentido poema al que Fiona no da demasiada importancia. La actuación de la juez en este nuevo escenario no se lo suficientemente profesional, y traera consecuencias.

A mi manera de ver uno de los momentos más hermosos de la narración se produce cuando Fiona durante un acto cultural en la que con otro compañero interviene como pianista recapacita sobre lo sucedido con Adam. Es la música y el canto de su pareja la que hace que recuerde el postrero poema y meditar sobre la responsabilidad que asumió al redactar   la sentencia que obligaba a medicar a Adam. Comprende el significado del citado poema que tan a la ligera había leído. Todo este proceso está descrito bellamente, con unas secuencias que mezclan realidad y pensamientos. Me parecieron hermosas y un gran acierto literario.

Dejó para los lectores el final de la historia. El de su relación con Jack y el de su responsabilidad con Adam. Personalmente me gustó lo leído.

Ian Mcewan nació en Aldershot, Hampshire, Inglaterra, el 21 de Junio de 1948.

Estudió en la Universidad de Sussex y en la Universidad de East Anglia. La primera de sus obras que salió a la luz fue la colección de relatos Primer amor, últimos ritos en 1975. En 1997 publico Amor perdurable, considerada por muchos como una obra maestra acerca de una persona que sufre el síndrome de Cerambault. En 1998, y causando gran controversia, le fue concedido el Booker Prize por su novela Amsterdam.

En marzo y abril de 2004, unos meses después de que el gobierno británico le invitara a una cena con la primera dama de los Estados Unidos, Laura Bush, el Departamento de Seguridad Nacional de este país le impidió la entrada al mismo por no tener visado apropiado para trabajar (Mcewan estaba preparando una serie de conferencias remuneradas). Solo varios días después y tras hacerse público en la prensa británica se le permitió la entrada, ya que, según un oficial de aduanas le dijo: “Seguimos sin quererle por aquí, pero todo está atrayendo mucha publicidad desfavorable”.

Ha editados novelas, relatos y ficción infantil. Alguno de sus trabajos han sido adaptados al cine.

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Posted on 13 Marzo, 2016, in Actividades do club, Club Castrillón, Clubes de lectura, Novela sobre a vida cotiá, Novela social e política and tagged , , , . Bookmark the permalink. 2 Comentarios.

  1. Hemos acabado la lectura del libro. Nos pareció muy interesante, fuera de lo común y dió lugar a largos variados debates sobre los temas que trata, religión, fidelidad conyugal, vida de Jueces, dictámenes jurídicos, etc.. Nos gustó.

  2. LA LEY DEL MENOR

    IAN MCEWAB

    Novela perfectamente construida y bellamente escrita.

    El autor nos adentra en el mundo femenino; explora la psique de una mujer hasta el punto de hacer pensar, al lector, que la que está escribiendo es ella. Narra, de forma fantástica, dos mundos dentro de una misma persona. La vida personal y la profesional. Estas dos tramas funcionan de forma paralela y, a la vez, en la novela, están íntimamente relacionadas.

    Los problemas personales y los profesionales se van intercambiando en el relato, pero no se interfieren. Una mujer racional, que cumple todas las normas, que parece que lo tiene todo claro, se que encuentra en situaciones límites. Siendo Juez sabe lo que es conveniente y correcto. Acostumbrada a evaluar, y a decidir sobre la vida de los demás, se encuentra que la suya está llena de inseguridades y dudas.

    Brillante en su vida profesional deja olvidada su parte personal.

    No se derrumba, utiliza la música y la poesía. La música, en esta novela, es salvadora.

    El autor se sirve de esta vida personal para hablar de la crisis de pareja que se resuelve en ruptura. Ruptura decidida por ella, al no aceptar las propuestas del otro. A partir de aquí, se plantean dudas, sentimientos de culpa, miedo a la soledad, miedo social, autocompasión, situaciones sociales, inconveniencias sociales. Se interrogan todos los pros y los contra de una ruptura; el envejecimiento, el miedo al cambio del cuerpo, ante otro lleno de juventud. La validez del matrimonio socialmente admitido y el comienzo de la vida social por separado. Todo esto magistralmente escrito.

    A través de su vida profesional, podemos ver cómo, a partir de una Juez de familia, que vive entre códigos legales, leyes y conflictos interculturales, el autor nos va planteando temas de gran envergadura
    -¿Las leyes religiosas y las civiles se contraponen, se suman; se encuentran o se repelen?

    -Cómo influye la religión en la sociedad. Cómo pueden influir las distintas religiones en el seno de una familia y, como consecuencia, en la educación de los hijos.

    -Leyes aplicadas a menores, en teoría para su defensa, por desgracia, muchas veces no son efectivas. Abogados y tutores legales luchan por conseguir sus propios intereses, no siempre los del menor.

    – Cómo la aplicación de estas leyes, por personas con distintos valores y creencias, trae distintas valoraciones.

    -Plantea, también, si los jueces tienen que ser objetivos en esta aplicación. ¿Es bueno que un juez se implique, de manera personal, en un caso?

    En la novela, además, hay una parte descriptiva. En ella, podemos encontrar gran enumeración de detalles. Nos describe los ambientes como para hacernos sentirnos más identificados, parece que trata de hacernos sentir Fiona. Así, nos enteramos cómo funciona la Administración de Justicia en Reino Unido; el nombre de las calles las que va recorriendo la protagonista; la decoración de las habitaciones en que se desarrolla la trama… Todo esto magistralmente escrito

    La novela me hizo pensar y sentir, sin llegar a la emoción.

    La resumiría, primero con una cita del autor:” todos ocupamos algún grado de la escala que se extiende entre la fría persecución de nuestros intereses personales y la devastadora conciencia de lo que piensan los demás”

    Y con un párrafo de la Ley del Menor:” Cuando un tribunal se pronuncia sobre cualquier cuestión relativa a (…) la educación de un niño (…) el bienestar del menor será la consideración primordial del Juez.

    Sección I (A), Ley del Menor (1989)

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