Distintas formas de mirar el agua, Julio Llamazares


Tras acabar la apasionante novela “A memoria da Choiva”  y tener el lujo de poder comentarla con su autor Pedro Feijoo, nos trasladamos a otra región de nuestra península para sumergirnos en la excelente novela de Julio Llamazares, Distintas formas de mirar el agua.

La novela

“Eran las llaves de su memoria, de su corazón, de su pasado, no las de las  casas”

Distintas formas de mirar el agua

¿Se puede regresar a un lugar del que, en realidad, nunca nos hemos marchado?

Ésta es la pregunta a la que intenta dar respuesta Julio Llamazares en su última novela, Distintas formas de mirar el agua .Un apasionante relato originalmente construido acerca del pasado, la memoria, el olvido o la familia. Y todo con un punto de partida: el exilio de los habitantes de una comarca leonesa por la construcción de un pantano que sepultó varios pueblos.

Muchos años después, una de esas familias exiliadas se reúne en torno a ese pantano para esparcir las cenizas del abuelo y patriarca. Y en ese acto íntimo se cruzan las distintas visiones y recuerdos que cada uno de los personajes tiene sobre ese lugar, sepultado ahora por las aguas. “La novela habla de quien quiere volver a un lugar al que ya no puede regresar, primero porque ese lugar ya no existe y, segundo, porque mentalmente nunca se fue de allí”, asegura el autor.

La familia de Julio Llamazares fue una de las que tuvo que dejar la zona para nunca volver. Sin embargo, en 1983, el pantano fue desecado y el autor tuvo la oportunidad de regresar, ya con 28 años, a la ruinas del pueblo, convertido en un lodazal. El panorama “fantasmal y surrealista” que allí se encontró le marcó de manera definitiva, aunque la novela haya tardado en ver la luz más de 30 años.

“La novela se formó en mi conciencia desde el mismo momento que supe que había nacido en un pueblo que estaba sepultado por un pantano. Pero las novelas son como tumores emocionales que se van formando, tienen un crecimiento orgánico en la conciencia y un día estallan y sacan afuera todo ese contenido emocional que es lo que sirve de sustrato a una novela”, dice Llamazares.

El libro habla de cómo nos moldean los lugares por los que pasamos y hasta qué punto determinan nuestra vida, nuestra forma de ser. Los lugares, los paisajes, la climatología, la forma de vida influyen decisivamente en nuestro carácter.

En este sentido, se puede decir que la última novela del escritor es un homenaje a la tierra. Estamos ante un escenario de mucha fuerza, un pantano que ha sumergido varios pueblos,un pantano que sepultó toda su memoria y todo el paisaje. Por tanto, el paisaje tiene aquí mucha más fuerza porque ha migrado, es un nuevo paisaje que no tiene nada que ver con el anterior.

Dividida en 16 monólogos, enunciados por 16 personajes de tres generaciones de una familia que plantean 16 distintas formas de mirar el agua.  Son 16 puntos de vista, 16 flujos de conciencia, incluido el de un personaje que pasa por allí, ajeno a la ceremonia, un personaje para mí muy importante porque sería la mirada de la sociedad. Y la suma de todas esas miradas sería seguramente mi mirada hacia esta historia, dice LLamazares

La familia protagonista de Distintas formas de mirar el agua sufre en sus propias carnes la dureza del exilio que es, según el autor, “la propia historia de la Humanidad: la de abandonar el sitio natal y acabar queriendo volver a él”. Llamazares recuerda que los emigrantes “están toda la vida pensando en regresar y, cuando vuelven, se sienten extraños porque ni son los mismos, ni el lugar que dejaron atrás es el mismo, ni los demás son los mismos”.

 

Julio Llamazares

Julio Llamazares

Julio Llamazares escritor y periodista español, nació en el desaparecido pueblo leonés de Vegamián el 28 de marzo de 1955, donde su padre Nemesio Alonso trabajaba como maestro nacional poco antes de que la localidad quedase inundada por el embalse del Porma.
Su familia procede del pueblo leonés de Mata de la Bérbula (también llamada La Matica), ubicado en la cuenca del río Curueño y cuya descripción está recogida en su libro de viajes El río del olvido.

Tras la destrucción del pueblo de Vegamián se muda con su familia al pueblo de Olleros de Sabero, en la cuenca carbonífera de Sabero. La infancia en ambos pueblos marca, en adelante, parte de su obra.

“Yo siempre he dicho que los damnificados por los pantanos son los judíos españoles del siglo XX, y, de hecho, muchos de los habitantes de esos pueblos guardaron las llaves de sus casas aunque sabían que las iban a destruir, como hicieron los judíos cuando fueron expulsados de España”

Licenciado en Derecho, abandonó el ejercicio de la profesión para dedicarse al periodismo escrito, radiofónico y televisivo en Madrid, donde reside actualmente.

Sus obras

La literatura de viajes El río del olvido (1990), Trás-os-montes (1998) y Cuaderno del Duero (1999). Las rosas de piedra (2008). Ensayo: El entierro de Genarín (1981) y Los viajeros de Madrid,(1998) Narrativa Luna de lobos (1985), La lluvia amarilla (1988), Escenas de cine mudo (1994), En mitad de ninguna parte (1995), Tres historias verdaderas (1998), El cielo de Madrid (2005), Tanta pasión para nada (2011) Las lágrimas de San Lorenzo (2013), Distintas formas de mirar el agua (2015).

Libros de Julio Llamazares en las Bibliotecas Municipales:

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La próxima semana leeremos en #Caféconlibros una novela ambientada en Corea y cuyo eje principal es el mundo de las familias Por favor, cuida de mamá de la autora Kyung-sook Shin, sobre la que ya escribió en este blog, mi compañera Luisa Lis.

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Posted on 17 Febreiro, 2016, in Club Os Rosales, Libros lidos, Novela sobre a vida cotiá and tagged , , , . Bookmark the permalink. 2 Comentarios.

  1. Me ha gustado mucho. En ambos la madre es el personaje central y las que sacan adelante a su familia anteponiendo sus deseos, sentimientos, etc. Cuidan de sus hijos, y éstes no aprecian cuan importante es la labor de madre y también la persona hasta que es demasiado tarde.

    Me gustaron ambos, si bien el de Por favor, cuida de mamá a veces se me hacía no aburrido, sino lento.

    Distintas formas de mirar el agua (Julio Llamazares)
    No existe una única forma de mirar el agua, pero el sentimiento de desarraigo, de exilio definitivo, ha permeado gota a gota a esta familia, generación tras generación. Tal vez porque ningún lugar duele tanto como aquel al que jamás podrás volver si no es desde el recuerdo o una vez muerto. Pero lo importante es regresar, como Ulises a Ítaca. No importa cómo ni de qué forma.
    Justo todo lo contrario que nosotros, su padre y yo, que, como los demás colonos, mientras más pasaba el tiempo, más añoranza sentíamos de nuestro antiguo pueblo y de las montañas que lo envolvían y que son las mismas que me contemplan de nuevo hoy, sólo que rodeadas de un lago inmenso, el del pantano bajo el que yace aquél.
    Domingo prefería olvidarse del pasado y para eso lo mejor, pensaba, era no nombrarlo.
    … mientras más hacía por olvidar, más recordaba y me dolía el recuerdo.
    Mi madre pertenece, como yo, a esa clase de mujeres acostumbradas a obedecer, primero a nuestros padres y luego a nuestros maridos. ¡Qué distintas de las jóvenes de hoy!
    La labor de una madre no se acaba nunca.
    Pero una cosa es el agradecimiento y otra el cariño, un sentimiento que va más allá de aquél y que él nunca me demostró abiertamente a pesar de que sé que me lo tenía. Cariño y confianza en mí.
    Las luces cambian a cada hora y los colores con cada estación, por lo que el paisaje está en transformación constante.
    Pero la vida lo complica todo. La vida y nosotros mismos, que en seguida relegamos y olvidamos a las personas a las que más queremos en favor de otras menos importantes. Luego nos arrepentimos.
    Hay lugares que pesan como la culpa.
    Pero en fin, así es el progreso, esa gran rueda que mueve la historia y que siempre gira hacia delante por más que les duela a muchos a los que como a mi familia les cambió la vida.
    La vida es muy complicada (y la complicamos nosotros a veces todavía más) y lo que uno desea no es siempre lo que puede hacer.
    Qué sentimiento tan doloroso! Ser extranjero en todos los sitios, sentirse así cada día debe de ser muy penoso por más que uno se acostumbre, incluso se olvide de ello en el día a día. Si es que ese sentimiento puede llegar a olvidarse.
    Está claro que la muerte de una persona es siempre algo triste, que lo es más en este caso, al tratarse de alguien que ni siquiera puede ser enterrado donde querría, pero de ahí a regodearse en el dolor hay gran diferencia.
    Es ley de vida, como se dice. Unos se van y otros vienen, unos desaparecen y otros los sustituimos y así será mientras haya mundo. Por eso hay que disfrutar de la primavera, y de las nubes, y de los pájaros, y hasta de la belleza de este pantano que esconde, como todo, algo siniestro, pero que es una maravilla como paisaje, y por eso hay que aprovechar cada minuto de nuestro tiempo, que se va a toda velocidad, en lugar de regodearse en el dolor de lo que perdemos. O de lo que perdimos hace ya mucho, como le pasa a la abuela de Daniel con este sitio. La pobre no ha disfrutado de lo que tiene porque nunca pudo olvidar lo que perdió.
    La verdad es que la imaginación es imprevisible. Y la memoria lo mismo.
    Como al principio me ocurriera a mí, cuando tampoco era capaz de entender que los amores se mueren como las personas …
    ¿No será que el secreto de la felicidad es conformarte con lo que tienes, con lo que a base de esfuerzo vas consiguiendo por ti mismo, con el amor de unas pocas personas que la vida puso a tu lado, con la tranquilidad que dan la fidelidad y la compañía de una mujer a la que conociste un día y que, si entonces te pareció la mejor del mundo, quizá fue porque lo era?
    Para ser feliz de esa forma tendría que empezar de cero. Tendría que convertirme en otra persona (una persona como mis suegros, como mis padres, como tantos padres que he conocido, especialmente de su generación) y vivir como viven ellos: sin pretender otra cosa que ser felices aun sabiendo que la felicidad no existe.
    Al final va a ser verdad que todo se reduce a unas imágenes, a unos paisajes que nos marcaron, a unas personas que nos acompañarán por siempre incluso cuando ya no estemos en este mundo para recordarlas. Eso es la vida …
    Qué querencia a los orígenes! A mí, que siempre he visto Santander como una ciudad ajena por más que haya nacido en ella, me sorprende la querencia de la gente a sus orígenes, tanto la que los conserva siempre como la que los perdió algún día. Como mamá, para la que la laguna es una ensoñación de la que no se desprende a pesar de los años que hace que la abandonó.
    Pese a ello, nunca he entendido su fijación con este lugar y con la memoria de sus antepasados. Respetando a los míos, que son ellos, entre otros, yo prefiero mirar hacia delante, hacia el tiempo que me queda por vivir, que todavía es mucho, o eso espero, pues soy todavía muy joven (ayer cumplí diecinueve años). Y lo quiero vivir con ilusión. Para ello necesito, como he hecho hasta este momento, dejar atrás los recuerdos tristes, no regodearme en ellos como mi madre, o como mis abuelos, cuya memoria les ha impedido vivir con más alegría. No sé lo que pensaré cuando sea ya viejo, pero hoy por hoy lo único a lo que yo aspiro es a no parecerme a ellos.
    Pero en fin, cada uno siente lo que siente y yo no soy quién para juzgar a nadie y menos por sus sentimientos. En todo caso, puedo exigir que me dejen a mí vivir ajeno a ellos, pues me parecen autodestructivos. Yo necesito y quiero vivir sin mirar atrás, sin añorar un tiempo que ya pasó y que afortunadamente no volverá, porque, pese a que mi abuela crea que era mejor, no lo era en realidad y la prueba es ella misma. ¿Cómo sería su vida ahora si hubiera seguido aquí? ¿Viviría feliz y sin pena como imagina o, por el contrario, sería una anciana doblada por el trabajo, aún más de lo que ya lo está?
    HAY distintas formas de mirar el agua, depende de cada uno y de lo que busque. Siempre me lo dijo él.

    http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/11/babelia/1423658631_697394.html

    http://www.elcultural.com/revista/letras/Distintas-formas-de-mirar-el-agua/36024

    https://www.youtube.com/watch?v=wOmadU5wUPM (video adjunto comentado por el propio Llamazares, con imágenes de la presa y de la fantasmagórica resurrección de la aldea con motivo de la desecación del pantano en 1978. (Ver a partir del minuto 11,58)

    http://www.elmundo.es/cultura/2015/02/13/54ddb656268e3e71188b456b.html

    http://www.eldiario.es/andalucia/Julio-Llamazares-verdad-existe-forma_0_410159238.html

    http://www.20minutos.es/noticia/2446674/0/julio-llamazares/novelas-tumores-emocionales/van-formando-conciencia/

    http://www.lavanguardia.com/cultura/20150212/54427166652/julio-llamazares-apatrida-libertad.html

  2. Distintas formas de mirar el agua

    Cuando el lector se acerca a una novela con este título espera encontrar distintas formas de ver la vida, sentirla, percibirla..se espera encontrar, a la vez, poesía.
    Al leerla, encuentro que no hay distintas formas de mirar. Hay una forma que viene de la identidad social que nos produce el paisaje, y lo que nos provoca su pérdida, equiparándola, el autor, a la pérdida de un ser querido.

    El paisaje forma parte de esa Identidad cultural, de ese conjunto de valores, tradiciones, símbolos, creencias y modos de comportamiento que ayudan a fundamentar el sentimiento de pertenencia.

    En la novela se puede encontrar una misma forma de mirar, a pesar de que está dividida en 16 monólogos de diferentes personas , con un lenguaje repetitivo. Todas ellas recuerdan al jefe de familia que nunca quiso hablar de esa pérdida. Sin hablar, la ha transmitido a través de distintas generaciones. Los más jóvenes se interrogan cómo se puede tener esa identidad; cómo el paisaje, las costumbres, la relaciones de un pueblo son capaces de interiorizarse para formar parte de nuestra vida.

    Esta identidad siempre va con uno. El autor, por eso, nos plantea si se puede regresar a un lugar del que, en realidad, nunca nos hemos marchado?

    Resumiendo; la novela, a pesar de estar muy bien escrita, me ha decepcionado. No se encuentran esas distintas formas de mirar, como nos anuncia el título. Tal vez quisiera ser una novela coral con distintas voces, pero en mi opinión hay solamente una.

    Si el autor quiso escribir sobre lo que puede significar la tristeza de esa pérdida lo ha conseguido. Y de forma reiterativa

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