Tenemos que hablar de Kevin


Un niño necesita más vuestro amor cuando menos lo merece (Emma Bombeck)

Lionel Shriver hace figurar esta cita como prólogo a la historia que nos va a contar, un largo monólogo a través de unas imaginarias cartas que la protagonista Eva Khatchadourian escribe a su  marido Franklin Plaskett.

Y lo hace para descargar los sentimientos, emociones, tristezas y desesperanzas que ha soportado desde el momento en que decidieron tener un hijo. Incluso antes de ese momento porque también expone las razones que le llevaron a admitir esa posibilidad. Ella era una mujer realizada, con una profesión que le satisfacía plenamente, recorrer el mundo buscando material para editar guías de viaje para otra gente tan feliz y urbana como ella. Casada con Franklin, un fotógrafo e iluminador que trabaja en publicidad. Son felices y se complementan pero él siente que falta algo en su matrimonio, un hijo que complete la bonanza en que se desenvuelve su unión.

Eva es reticente, pero accede al deseo de su esposo en un momento en que se da cuenta de la mortalidad del mismo, de que pasaría si él faltase. No quiere quedarse sola y piensa que ese hijo que él tanto desea puede ser el compañero que necesite, si se da el caso. La verdad es que los dos llevan una vida agitada, ella viajando constantemente en busca de datos para su libros y él viajando también buscando exteriores en los que filmar, o simplemente fotografiar, anuncios publicitarios.

El embarazo que Eva vive no es precisamente el momento más feliz de su existencia. Lo siente como algo extraño a ella, es más, es un freno a su forma de actuar y una permanente base de conflictos con su marido que le reprocha su poca preocupación por el estado en que se encuentra. Incluso el nombre o el apellido que llevará el nacido son motivos de controversia y discusión.

Lo que antecede preludia una relación madre-hijo complicada. Eva no se siente especialmente alborozada por el nacimiento del pequeño Kevin, un parto difícil, cuyo resultado no le proporciona ese estado emocional de maternidad feliz. Vemos que esa incompatibilidad parece tenerla también el pequeño, llora constantemente, rechaza el pecho de su madre, no quiere comer, en definitiva, desde su nacimiento es un niño complicado. Según va creciendo y recibiendo los estímulos de parte de las personas que lo tratan va tomando posiciones ante el mundo que lo rodea con una sola excepción, su padre. Este que pasa mucho tiempo fuera de casa por motivos laborales, cuando vuele lo trata como un colega, su compañero de juegos, su aliado, el clavo al que agarrarse ya que todo lo que hace mal él lo disculpa; sin darse cuenta que es un niño manipulador y que lo utiliza como una forma de castigo a su madre.  Franklin  la culpabiliza  del estado del pequeño y le echa en cara que no es una buena madre.

Leyendo el libro y pensando en la educación de Kevin, en el enfrentamiento que por él tienen sus progenitores, me vienen a la cabeza aquella pregunta de Mafalda a sus padres, con su hermano al lado: “Ustedes tienen un plan para educarnos o van improvisando“. Por que de eso trata también la historia, de como los padres deben enfocar la educación de sus hijos, de como marcar los límites y que estos estén consensuados y ambos sean firmes en su defensa. Un niño como Kevin necesita esto como el aire que respira.

Otras preguntas suscita su lectura. ¿La deriva de un niño hacia el mal es producto solo de una educación equivocada?. ¿Se nace con esa propensión o se adquiere?. ¿Como influye la falta de amor de uno de los progenitores, en este caso su madre, en su comportamiento futuro?. No hay duda que todos estas circunstancia son influyente en el futuro carácter de un  infante, como lo son los múltiples ejemplos de violencia que reciben diariamente y que en ocasiones se ensalzan por los medios sociales. Todo esto plantea el libro y  más. También  nos expone las consecuencias de lo que Kevin ha hecho, desde el dolor causado hasta la responsabilidad que Eva,  como madre, asume. Como su vida, antes feliz y plena, se rompe y debe comenzar de nuevo, pero ya no como antes. La losa de esa responsabilidad será la carga que la limitará hacia el futuro.

Los personajes están muy  bien descritos, la maldad de Kevin, el miedo a la soledad de Eva, la forma de ser de Franklin. Todo da como resultado un libro duro, sobrecogedor y que en algún momento puede hacerse difícil de leer, pero la buena prosa, la manera de expresar lo que sucedió y sucede y las ansias de llegar a una conclusión, hace que su lectura atraiga y emocione. Es normal comparar la historia con la tragedia de Columbine y sin duda este hecho fue importante para que el libro saliera a la luz.

Lionel Shriver (nacida Margaret Ann Shriver el 18 de mayo de 1957) es periodista y escritora. Nació en Gastonia (Carlolina del Norte), en el seno de una familia profundamente religiosa , siendo su padre un predicador presbiteriano. Cambió su nombre a la edad de 15 años porque le gustaba como sonaba. Se graduó por la Universidad de Columbia en Bellas Artes,  y también obtuvo un máster. Ha vivido en Nairobi, Bangkok y Belfast, y en la actualidad reside en Londres. Esta casada con el batería de jazz Jeff Williams.

Publicó su primera novela, The Female of the Specie, en 1986. Desde entonces ha escrito diez más, de las que se han traducido al español Tenemos que hablar de Kevin, 2005; El mundo después del cumpleaños, 2007; Todo esto para qué, 2010 y Big Brother, 213.

En 2005 ganó el Premio Orange de ficción por la novela que tenemos entre manos y que era la séptima que publicaba. El libro creó mucha controversia, y consiguió su éxito a través del boca a boca. La novela ha sido llevada a la gran pantalla en 2011, dirigiendo la película Lynne Ramsay.

En julio del 2005  Shriver empezó a escribir artículos para el diario inglés The Guardian, en los que comparte sus opiniones respecto a la forma de ver la maternidad en las culturas y sociedades occidentales, la estrechez de miras de las autoridades del gobierno británico y la importancia de las bibliotecas (planea dejar en herencia su librería al Belsfast Library Board de cuyas bibliotecas sacó tanto provecho cuando vivió en Irlanda del Norte).

 

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Posted on 14 Outubro, 2014, in Actividades do club, Club Castrillón, Libros lidos, Novela sobre a vida cotiá, Novela social e política and tagged , , , . Bookmark the permalink. 4 Comentarios.

  1. Novela dura y al tiempo llena de esperanza. Todos hemos sentido la repulsa que provoca el hecho que narra, un asesinato en masa sin más motivos que la falta de simpatía mutua o simplemente el rechazo al otro por considerar que lo que piensa de él es erróneo. Pues bien, pese a la crudeza del relato los componentes del club hemos sido unánimes a la hora de valorar lo buena que es la narrativa que cuenta la historia. La forma en que la escritora eligió para ello, cartas a su marido y padre de Kevin. Como a través de ellas y el tiempo va naciendo un afecto mutuo inexistente hasta ese momento. Eva, su madre, sabe que tiene que vivir con esa afrenta, tener un hijo asesino, pero aún así lo reconoce como tal hijo y está dispuesta a que su vida gire en torno a él. Kevín también comienza a reconocer el valor humano de su madre. El futuro está por escribir pero el final de la historia es el comienzo de ese porvenir. Una buena novela, dura, en ocasiones desagradable, pero buen relato.

  2. Un libro que trata un tema crudo,cruel y muy espinoso.A pesar de todo,la narrativa es espectacular.

  3. Este libro nos puede llevar a reflexionar y debatir sobre muchas cuestiones:
    • La decisión de tener hijos.
    • Las expectativas acerca de la maternidad. Recojo unas frases del libro
    Por supuesto que la maternidad me inspiraba recelos. Pero las esperanzas que había puesto en ella eran grades, pues de lo contrario no hubiera accedido a ese trance…. No paraba de escudriñar los más íntimos recovecos de mi ser para ver si encontraba aquella emoción nueva e indescriptible…Me dirías que la paternidad no es algo que se adquiere de golpe y porrazo, que el hecho de tener un hijo -cuando hace unos instantes no tenías ninguno- era tan desconcertante que, probablemente aun no lo había asumido por completo… No había por mi parte falta de cariño ni dureza de corazón… Además, cuando escrutas tus sentimientos con un exceso de obsesiva atención, llega un momento en que se te escapan… Reviví aquella sensación de no saber qué hacer de la fiesta de mi décimo cumpleaños. Yo era tímida y me esforzaba demasiado. Me había hundido en una especie de parálisis emocional
    • La influencia de los hijos en la relación de pareja. ¿Cómo asumen la responsabilidad maternal/paternal cada uno de ellos?
    • El peso de las tradiciones, el machismo, las convenciones sociales, etc. frente a las relaciones de igualdad a la hora del desarrollo profesional de los miembros de la pareja, sobre todo si es la madre la que puede aportar mayores posibilidades económicas y de desarrollo profesional, cuando los hijos requieren más dedicación
    • La complicidad de los padres en las pautas educativas de los hijos. Límites consensuados.
    • Los rasgos psicópatas del hijo: ausencia de empatía, de sentimientos, de remordimiento y de culpa, la manipulación, la maldad…
    • En el libro, dificultad de la familia para asumir que su hijo es un psicópata. El padre se niega a ver que su hijo tiene problemas y cree que el problema es Eva, la madre. Eva conoce a su hijo y está convencida de que determinadas actuaciones y accidentes que han sucedido son “obra de Kevin”, por más que los hechos lo nieguen. Ya es difícil reconocer defectos en los hijos, y máxime si la pareja e incluso las “evidencias” te hacen ver lo contrario. La autora dota al personaje de Kevin de una gran inteligencia, lo que hace que los demás no adviertan su trastorno. Kevin es un auténtico manipulador, que vive contra la madre y busca la complicidad del padre.
    • Dificultad para detectar y diagnosticar determinados trastornos de la mente, incluso por parte de los profesionales: psicólogos y psiquiatras.
    • La facilidad para obtener armas, por parte de la sociedad norteamericana.
    • Elementos de juicio para valorar si el personaje de Kevin está bien construido.

    En resumen, es una novela epistolar, dura y sobrecogedora, que transmite un gran desasosiego, y la autora logra este efecto al ser la madre, Eva, la que escribe las cartas a su marido Franklin, después de la tragedia perpetrada por Kevin y desde el estado de ánimo en que se encuentra (¿parálisis emocional?). En las cartas hace un análisis retrospectivo y le cuenta su punto de vista, sus sentimientos y sus reproches respecto a lo que ha sucedido entre ellos y con sus hijos.

    Se lee bien, aunque en ocasiones se extiende un poco en las descripciones. Logra captar la atención.

  1. Pingback: Canciones de amor a quemarropa de Nickolas Butler | Blogs Clubs Lectura das Bibliotecas Municipais da Coruña

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