Crematorio de Rafael Chirbes


En  Café con libros de los miércoles, terminamos la novela de Rafael Chirbes, Crematorio,  sobrecogedor relato de una sociedad corrupta que vive inmersa en una grave crisis social.

   Rafael Chirbes, obtuvo con esta durísima novela sobre la corrupción urbanística, el Premio Nacional de la Crítica en el 2007 y fue elegida, por  un jurado compuesto de editores, escritores y agentes culturales organizado por ABC, “La segunda mejor novela española del siglo XXI”, destacando su carácter revulsivo realista en la narrativa española.

Para comprender mejor al autor y su obra, os recomiendo leer los post que mis compañeros de otros clubs realizaron en el  blog, a través de  este enlace y  escuchar a Rafael hablando de Crematorio en  una entrevista del programa de TVE  Página 2.

Chirbes acaba de publicar En la orilla, “La gran novela de la crisis en España” según Javier Rodríguez Marcos.

Si Crematorio era el pelotazo y la burbuja inmobiliaria pilotados por un arquitecto valenciano que cambió ideales políticos por corrupción política, “En la orilla” es el largo y resacoso invierno que sigue a aquella fiesta. Y que todavía dura.

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Posted on 22 Novembro, 2013, in Club Os Rosales, Libros lidos and tagged , , , . Bookmark the permalink. 1 comentario.

  1. Aquí os dejo las citas extraídas que más me gustaron ….

    Crematorio (Rafael Chirbes)

    Nadie vive para sí mismo, nadie muere para sí mismo (San Pablo, Epístola a los romanos)

    Me quedo a solas conmigo mismo.

    El coche avanza lentamente, mientras yo me olvido de tí …

    Necesito esa calma en un día como hoy.

    Hay que tener cuidado para que la fuerza no se vuelva contra ti mismo. La fuerza te empuja, pero tú tienes que saber dónde dirigir todo ese impulso para no estrellarte. Cuando tienes mucha fuerza, el golpe es más duro.

    Es el mundo, tan grande y tan pequeño a la vez, tan diferente y tan jodidamente igual. La vida.

    Tiempos, en cualquier caso, que tenían lo que ahora le parece una entrañable dosis de verdad; hacia los que ahora mira con la melancolía con que los viejos miran a los niños que juegan.

    Temen las palabras, porque una palabra los tumba de forma más contundente que un puñetazo, te corta, te hiere, te aplasta, es cuchillo, es maza.

    No es malo tener miedo, ni malo ni bueno. Un estado de ánimo.

    Él mira dentro y busca, pero no encuentra lo bueno, encuentra tristeza, a lo mejor la tristeza es buena porque te ayuda a entender a los otros (para conocer a los otros, mírate tú dentro), pero también es mala, porque te vuelve frágil. Si encuentras la tristeza dentro de ti, cualquiera puede hacerte daño.

    … la amargura de las cosas, ese café sin azúcar que tiene la vida.

    Cinismo y amargura son los dos frutos que te da el árbol de la vida.

    Vivimos en un lugar que no es nada: derribo de lo que fue y andamio de lo que será.

    El pasado es un alien que llevamos todos dentro, que engorda, que está ahí siempre a punto de reventarnos el pecho y escapar.

    Los momentos de luz son pasajeros, inestables.

    Lo que no puedes solucionar no es un problema. Hay que preocuparse de los problemas que sí puedes solucionar.

    … las cosas son suficientemente hermosas cuando uno las entiende como son, y que no vale la pena cargarlas de sentidos suplementarios.

    La vida no te da nada gratis.

    En la vida nada es así de fácil. Todo cuestra trabajo, esfuerzo, todo lo que vale la pena cuesta.

    Cuando de verdad empiezan las relaciones entre las personas es cuando se acaban las formas, cuando se rompen. Cuando de verdad te importa algo, discutes, te enfrentas, estás relacionándote y no hay forma que valga, hay una búsqueda de la verdad.

    El sufrimiento es el precio que se paga uno a sí mismo.

    Comprar el olvido, comprar incluso la distancia.

    El dolor no te da nada, puede ser que al principio sí que te ayude a conocer algo más: comprobar que la caverna humana es aún más oscura de lo que crees, pero luego, a partir de un momento, te quita la piel, te deja desnudo.

    Pedir una segunda oportunidad, porque hemos dejado volar la primera.

    Del primer amor, uno no se cura nunca del todo.

    Si no hemos sido más felices, seguramente se debe a que el ser humano no da mucho más de si.

    La vida es así. Irregular, arbitraria. Nada se libra de esa incomodidad, es la esencia de lo real.

    Está muy bien que te escapes de la realidad por cualquier gatera que te pongan. La realidad es siempre un engorro. Pero cuando te metes en una gatera intentando escaparte de ella, ten en cuenta que es muy probable que ese hueco te lleve a otro peor.

    La vida es una inversión muy cara para convertirla tan deprisa en cenizas.

    Uno no elige dónde se verá obligado a pelear.

    En la vida va todo mezclado. No recicla, no separa lo malo de lo peor, todo revuelto. Así es la familia.

    La vida no es lo que tú llevas en la cabeza, es lo que las cosas son.

    Claro que está en tí la capacidad para iluminar o ensombrecer la estampa.

    Puedes librarte de todo cuando ya lo llevas dentro.

    No sabemos lo que guardará la memoria.

    El hecho es que todo eso – que es tan poco, tan frágil – le genera tanta desazón, que el día a día se le vuelve casi invivible.

    El dolor a palo seco no lo aguanta nadie. Tienes que tener alguna historia metida en la cabeza para soportarlo. Darle un sentido, imaginarte que sirve para algo. Que te cura, que te salva. Lo que escuece, cura … No soportamos saber que algo escuece y no cura, que duele y sólo es eso, dolor, nada de medicina.

    Las circunstancias pesan mucho.

    Yo no soy nada para nadie, ni siquiera soy nada para mí mismo.

    La verdad es que, al final, manda siempre la vida, lo arrolla todo, se lo lleva todo de un sitio para otro.

    Todas las juventudes se parecen, es en la madurez cuando empieza la diferencia, nos diferenciamos en cómo resolvemos esa desazón originaria, en cómo abordamos el cruce de caminos que se nos presenta a la salida de la juventud. El tiempo que perdimos. La imposibilidad de recuperarlo. No tener claro si lo que hicimos fue ganar o perder. Uno nunca sabe si hay otra forma de madurar que no sea perdiendo todo ese tiempo.

    ¿Sabes otra manera de empezar que no sea ponerte un futuro que te sobrepase? Es la única manera de hacerlo. Poner la meta siempre un paso por delante.

    …pero tienes que notarte arriba, mirar las cosas desde arriba, aunque sólo sea unos pocos metros.

    La vida resbala entre los dedos.

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