Noventa y dos días


Sobre su afición  a viajar, el autor nos dice: “en mi caso, y en el de muchos mejores que yo, existe una fascinación por los territorios lejanos y bárbaros, y particularmente por las zonas fronterizas en las que entran en conflicto culturas y  niveles de desarrollo, donde las ideas, arrancadas de raíz de sus tradiciones, adoptan otra forma al ser trasplantadas”.

Personalmente me gustan los libros que narran viajes, bien novelas, “El correo del Zar” por ejemplo; bien narraciones que describen las impresiones que el viajero experimenta y transmite. Me viene a la memoria los libros de Kapuscinski, alguno de ellos leído en el club – El imperio – al que he considerado como un maestro en el arte de narrar y describir sus impresiones. De antiguo estos libros han sido una fuente de conocimientos y datos culturales e históricos como Homero y otros dejaron patente desde el principio de la Historia, sin olvidar las enseñanzas que transmiten los libros sagrados de las diferentes religiones que también cuentan viajes y las dificultades pasadas por los pueblos elegidos.

Evelyn Waugh es uno de esos escritores rendidos a la magia de contar lo que ve. Sin que le  desanimen las dificultades  que sabe va a pasar, dos años después de su viaje a África para asistir a la coronación del Emperador de Etiopía, Haile Selassie, se embarca en un periplo de noventa y dos días por la Guayana Británica y las tierras de Brasil limítrofes con ella.

Estamos en 1932, en un territorio escasamente explorado, sin apenas estructuras de comunicaciones.  Este es el escenario escogido para viajar y contar las penalidades y sorpresas que todo tour proporciona. Medios de transporte rudimentarios o inexistentes, montañas y ríos caudalosos y peligrosos, contacto con indígenas con los que el entendimiento siempre es difícil, desconfiados, con los que negociar cualquier cosa, desde la compra de alimentos a conseguir porteadores es una labor compleja y tediosa. A todo esto se añade las “bondades” del clima con sus bandadas de mosquitos, garrapatas y bichos de distinto pelaje y tamaño,  que hay que sufrir  lo más  estoicamente posible.

Se encontrará no solo con los  indígenas  propios del territorio, también con negros traídos de la lejana África como mano de obra esclava, con mestizos y con hombres blancos, misioneros generalmente, que intentan llevar la palabra de Dios y dar otros medios de vida que mejoren la calidad de esta, algunos realmente disparatados como la pretensión de la Compañía, como llama a la Orden Benedictina,de llevar el progreso a esa región mediante la instalación de una fábrica de hielo en plena selva, hazaña que no se puede decir que tuviese éxito.

Esta mezcolanza de personas y razas pululando en el territorio es otra fuente de problemas, dado el distinto sentir y pensar de sus componentes, unos sintiéndose propietarios del suelo que pisan, otros sabiendo su condición de esclavos, los mestizos no siendo de nadie y los blancos considerándose dueños de todo, incluso de imponer su modo de vida y pensamiento.

Todo queda a un albur y  a un destino imprevisto. Siempre hay que tener un plan B ya que con frecuencia lo organizado no puede llevarse a cabo, bien por razones de geografía bien por imponderables humanos no previstos. Estos inconvenientes incrementan el concepto de aventura que se supone a cualquier viaje por territorios no bien conocidos.

La descripción aunque aclaratoria de como eran las cosas en esas latitudes, no cansa. No abusa al contarnos como era la cultura de esos indios amazónicos o de los conflictos territoriales que siempre ha habido en esa zona entre los países que la tienen como límites, Brasil y Venezuela. Eso hace que la lectura sea amena y  a través de ella lleguemos a conocer como eran por entonces aquellos territorios, aún hoy entre los más inexplorados de América del Sur.

Evelyn Waugh nació en octubre de 1903 en Hillfield Road, Hampstead, Londres. Falleción el 10 de Abril de 1966 en Combe Florey en Somerset.

En 1928 contrajo matrimonio con Evelyn Gardener. Se divorcia de ella en 1930, año en que se convierte al catolicismo.

En 1937 contrae nuevo matrimonio, con Laura Herbert, con la que tiene tres hijos, dos mujeres, Teresa y Harriet y un varón Septimus.

Su espíritu viajero le llevó desde muy joven a moverse por el mundo adelante. Comienza con un crucero por el Mediterráneo en 1929, África por primera vez en 1930, en el 33 Sudamérica. Vuelve a Abisinia en 1935. Interviene en la segunda guerra mundial y en 1944 es destinado a Yugoslavia, regresando a Londres como civil en 1945. Dos años después viaja a Estados Unidos y Jamaica, volviendo a África en 1958.

Su estilo literario se caracteriza por unhumor negro y satírico en novelas como Un puñado de polvo, Decadencia y caída, entre otras. Sus viajes dan motivos para la publicación de libros como Labels, Remote People, Waugh in Abyssinia y el que tenemos con nosotros Noventa y dos días. Su obra más conocida a nivel mundial es Retorno a Brideshead (1945), que fue llevada con éxito a la pequeña pantalla por medio de una serie basada en su argumento.

En muchas de sus novelas se refleja la alta sociedad y aristocracias británica, que aunque es duramente satirizada, conserva un halo de atracción para el lector. Waugh  atacaba la ausencia de valores de la vida moderna y en especial de la sociedad londinense. En su país fue reconocido como uno de los grandes novelistas del siglo pasado, pero no fue hasta después de su muerte y en razón a la adaptación a la televisión de la obra comentada cuando esta apreciación fue reconocida por el resto del mundo occidental.

Posted on 12 Outubro, 2013, in Actividades do club, Club Fórum mañás, Libros lidos, Novas and tagged . Bookmark the permalink. 1 comentario.

  1. Hemos terminado el libro y a decir verdad no parece que vaya a ser recordado como un relato que nos impactó. La mayoría lo han considerado frio y poco descriptivo. Bien escrito pero sin emoción alguna. Personalmente creo que sin ser un buen libro de viajes, tipo Kapuscinski, sí nos da pistas de como eran aquellos parajes en los años treinta del siglo pasado y como vivían los que en ellos moraban. Es un lugar del mundo que no ha sido objeto de grandes exploraciones ni relatos sobre hechos relevantes, por lo que el libro tiene de bueno abrir una ventana por la que se puede atisbar que tipo de vida y relaciones existían.

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