Jaime Gil de Biedma, más problemático por poeta que por maricón


Jaime Gil de BiedmaJaime Gil de Biedma (1929-1990), poeta español de la considerada Generación del 50  fue uno de los primeros escritores españoles que murieron de sida. Proveniente de una familia acomodada, ésto no le impidió poner su condición sexual por bandera, lo que ocasionó  el rechazo del partido comunista que no permitió su ingreso por homosexual.

Su poesía, que bebe de Lorca y Cernuda,  destaca por su rigor poético, fina ironía está plagada de alusiones a su vida sentimental y al paso del tiempo, es latente una cierta obsesión vital por el hedonismo; todo ello enmarcado en una época histórica revuelta, en plena dictadura, como él mismo confesó  “He dado más problemas a mi familia como poeta que como maricón.” 

Vivió su homosexualidad sin esconderse pero con discreción, lógico teniendo en cuenta el clima social en que le tocó vivir, en plena dictadura, pero con la llegada de la democracia a España,se convirtió en un importante, aunque discreto militante del movimiento reivindicativo de gays y lesbianas.

Compartimos hoy uno de sus poemas, Pandémica Celeste, donde refleja los dos tipos de amor existentes, el amor del cuerpo y el amor del alma, y como Platón, Gil de Biedma defiende que a través del cuerpo se llega a amar el alma.

PANDÉMICA CELESTE

Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años !

Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones…
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée à ce mal d’être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.

Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.

Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.

Si quedaba alguna duda… #asMunicipaisEntenden y en nuestras bibliotecas podeis encontrar este y otros poemas de este poeta barcelonés, que según dicen, murió con un libro inédito escondido en el armario… además de la película “El Cónsul de Godoma”, basada en sus Diarios

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Posted on 5 Xullo, 2013, in Escritores and tagged , , , , . Bookmark the permalink. Deixar un comentario.

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