La tía Mame


Existen diferentes formas de criticar la realidad cotidiana. Sobre todo cuando se quiere hacer una crítica a una parte de esa sociedad, a la Alta Sociedad. Se puede hacer escribiendo pestes y diatribas contra ellos, su mal ejemplo y la absurda forma de ver y quemar su vida o bien, sin dejar de hacer esto, aplicar el humor haciendo que los que leen lo escrito pasen un buen y divertido rato sin menoscabo de que saquen las conclusiones que estimen pertinentes sobre los comportamientos a los que se alude. El cine ha hecho esto muchas veces, ahí están, entre otras muchas,  Historias de Filadelfia o Desayuno con diamantes. Precisamente Truman Capote cuando publicó Breakfast at Tiffany’s en 1958 repetía que Holly Gilithly era una mezcla de Lolita y Auntie Mame, personaje este último que da nombre a la historia que nos ocupa, La tía Mame.

El texto fue editado en 1955 y tuvo un éxito inmediato. Su autor Patrick Dennis tuvo necesidad de presentar la obra a 20 editores. Los diecinueve primeros la rechazaron. Certificaba así su intención de hacer una crítica social sobre los comportamientos de sus contemporáneos, 19 editores no olieron el bombón que les pusieron encima de su mesa y olímpicamente lo despreciaron. Dennis no era un autor conocido y ya se sabe lo tedioso que es descubrir talentos.

La historia se enmarca en el final de los años veinte del siglo pasado. El crack económico se esta cebando en la sociedad americana de entonces,  con sus trágicas consecuencias. Aquí comienza la trama contada desde la óptica que un niño, huérfano de padre y sobrino de Tia Mame. Este buen señor, el padre del niño, ha muerto jugando al golf victima de un ataque al corazón – para que luego digan que el golf es bueno como prevención para dichos ataques -. Un año antes este señor había hecho testamento dejando toda su fortuna a su único hijo. Nombraba albacea a la Trust Company de Nueva York y como cuidadora del pequeño a su querida hermana, Tía Mame. La fortuna del desdichado padre se ha salvado de la quema general provocada por el crack debido a sus cuidadas inversiones, lo que garantizaba que se su hijo podría vivir en un ambiente selecto y asistir a buenos y escogidos centros educativos, voluntad paterna que así constaba en el texto póstumo comentado.

Tía Mame vive en esa burbuja snob de la high society neoyorkina. El crack hará estragos en su riqueza, pero no en el extraordinario espíritu luchador y optimista que ella tiene. Patrick no tendrá problema alguno y sus gastos están garantizados por la eficiente Trust Company, pero Mame se tendrá que apañar por sí misma.

La obra está dividida en 11 capítulos. A través de ellos asistimos divertidos a la vida y milagros de Tía Mame. A su incorregible optimismo y sus variadas maneras de encajar en dicha sociedad de forma notable. Todo contado con humor calculado para que conservemos siempre la sonrisa y lleguemos a la hilaridad en momentos puntuales.

Ella es una señora elegante, estrafalaria, rica, culta, sensual, ingenua, caprichosa y sentimental. Toda una joya. Encantadora como tía o familiar lejano pero que de ser nuestra madre posiblemente echaríamos a correr. A través de ella no solo se critica a esa sociedad de ricos, universitarios acomodados y arribistas varios. Así mismo lo hace con algunas actitudes que pudiesen pasar por altruistas, como cuando hace el ridículo cada vez que protege a escritores mediocres, madres solteras, pijos descarriados y huérfanos gamberros. Igualmente salen mal parados los trepas sin estilo ni educación. En fin, no solo es una crítica a lo fatuo,  la mala educación y el mal gusto tienen en ella sitio preferente.

El final nos deja un buen sabor de boca. Por cierto,  hay dos alusiones a España; la primera a Don Quijote y la segunda las prostitutas de Barcelona.

Como muestra de la buena aceptación que la novela tuvo, comentar que al año siguiente de su publicación la trama se había adaptado al teatro siendo al día de hoy uno de los diez espectáculos de Broadway más vistos de la historia. También fue llevada a la gran pantalla en 1958. Interpretó al personaje Rosalind Russell y dirigió la película Morton DaCosta.

Patrick Dennis, seudónimo de Edward Everett Tanner III, fue un escritor norteamericano. Nació en Evanston, Illiniois, en Mayo de 1921 y murió en Manhattan, Nueva York, en noviembre de 1976. Su padre lo apodó Pat en honor al boxeador irlandés Pat Sweeney del que era un admirador. Cuando Edward tuvo edad para decidir prefirió que le llamasen Pat, dejando de lado su verdadero nombre de pila.

Durante la segunda guerra mundial sirvió como conductor de ambulancias en el norte de África y en Oriente Medio.

En diciembre de 1948 se casó con Louise Stickney con la que tuvo dos hijos.

Hemos de hacer constar que su vida fue muy controvertida. Pese a parecer un convencional padre de familia su realidad era distinta. Era bisexual y en los últimos años de su existencia fue un personaje muy conocido en el Greenwich Village’s gay.

Además de Tía Mame escribió un segunda entrega titulada La vuelta al mundo de la Tía Mamen y otros trabajos. En los años 70 sus historias pierden popularidad. Deja de escribir y se convierte en mayordomo, ocupación que según dice le gusta. Trabajó un tiempo para Ray Kroc, el fundador de McDonald’s. Estos trabajos las hacía bajo su verdadero nombre por lo que sus empleadores no sespechaban que aquel Tanner fuese realmente el celebre escritor Patrick Dennis.

Murió de cáncer de páncreas en Manhattan a la edad de 55 años.

Con la llegada del siglo XXI se produce un resurgimiento del interés por sus libros. Se han vuelto a editar y las universidades estadounidenses de  Yale y Boston, han incluido cursos sobre su obra.

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Posted on 8 Novembro, 2012, in Actividades do club, Club Castrillón, Libros lidos, Novela de humor and tagged , , , , . Bookmark the permalink. 1 comentario.

  1. Nos lo pasamos muy bien leyendo las aventuras de la iconoclasta Tía Mame. Es un libro recomendado para procesos de tristeza y épocas en que parece que todo sale mal. Tener a alguien como ella en la familia ayudaría a pasar las largas noches de invierno al lado de la chimenea, viendo como se quema el tronco de “carballo”, contando las peripecias de tan pintoresco y singular personaje.

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