La vida exagerada de Marín Romaña


La vida exagerada de Marin RomañaMi nombre es Martín Romaña y ésta es la historia de mi crisis positiva.

Así comienza el libro que tenemos entre manos. Pero, ¿quien es Martín Romaña?. Es peruano, miembro de una adinerada familia, que abandona en 1964 impulsado por lo que en las novelas del gran Ernest Hemingway se dice de los encantos y oportunidades existentes en la Ciudad de la Luz. Ni por un momento duda de que al igual que el Nobel, él también podrá vivir y disfrutar de los encantos narrados al tiempo que intentará y, sin dudarlo, logrará ser un famoso escritor que ensalce aún más si cabe, las donosuras que su imaginación sitúa en dicho orbe.

Ya en su destino descubrirá que todo es más difícil, sorprendente y no tan bonito como pintaba lo leído. Al poco tiempo se casa con la tímida Inés, persona que ha pasado del “catolicismo más militante al marxismo más puro“. Por seguirla milita en un partido de extrema izquierda, en la que su tarea revolucionaria consistirá en escribir una novel sobre los sindicatos pesqueros en el Perú, tema importante y trascendental donde los haya.

Al tiempo y a su alrededor se van dando una serie de circunstancias caóticas e incomprensibles para su punto de vista sudamericano, incluyendo lo que se vive en las revueltas de Mayo del 68. En ellas está, intentando ser un buen revolucionario como su boda con Inés parece exigirle.

Todas estas circunstancias lo llevan a una crisis de melancolía y soledad. Literalmente se hunde en su sillón Voltaire. Él es una persona que no puede concebir la vida sin un sentido humorístico y parece que este ha volado. Y así hubiera sido si  el 7 de Junio de 1978 no se levanta tres veces del mentado sillón para atender al cartero, que  al ser portador de tres cartas certificadas lo obligó al esfuerzo anteriormente citado de levantarse. Ese día la crisis aún siguiendo, revierte y se convierte en positiva. Con la compañía inseparable de su cuaderno azul y sin abandonar  a Voltaire, va tomando nota de todos y cada uno de los acontecimientos, historias, relatos, hechos, etc. que le han sucedido desde su llegada a está “Ciudad de la Luz a la que parece que se le han fundido los plomos“.

Este proceso hace que sus recuerdos se vayan enriqueciendo y ayudan a que resurja su humor e imaginación. Lo que está escribiendo es una novela sobre el mundo de los latinoamericanos en la citada ciudad fundida.

El relato es un compendio de buen humor e ironía aún en los momentos más dramáticos. Esta obra junto con “El hombre que hablaba con Octavia de Cádiz” forman un díptico que se dio a conocer como: “Cuadernos de navegación en un sillón Voltaire“.Sinceramente creo que es un libro muy apropiado para esos estados carenciales que nos hunden en la tristeza y el desaliento. Vamos, para este tiempo que nos ha tocado vivir.

Alfredo Bryce Echenique es un escritor peruano, uno de los más leídos del Perú. Con obras como Un mundo para Julius, No me esperen en abril o la que tenemos entre manos, La vida exagerada de Martín Romaña.  

Nació en Lima el 19 de Febrero de 1939, en el seno de una familia de la oligarquía, ambiente en el que se educó. Mencionar como signo de su cuna que su bisabuelo, José Rufino Echenique fue presidente del Perú en 1851. Cursó sus estudios primarios y secundarios en colegios ingleses de Lima. Se licenció en Derecho y obtuvo el título de Doctor en Letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima. En París se licenció en la Sorbona en Literatura francesa clásica (1965) y Literatura francesa contemporánea (1966). También obtuvo el Magister en Literatura de la Universidad de Vincennes, (París) en 1975.

Colaboró en la segunda etapa del semanario Oiga, del que su cuñado Francisco Igartua Rovira es diseñador y refundador. Estas colaboraciones empezaron en 1962 y finalizaron en 1995, cuando la revista tuvo que cerrar por el acoso del gobierno dictatorial de Alberto Fujimori al que dicha publicación no se plegó. A través de estas colaboraciones se puede conocer muchas facetas de la vida de Bryce, como es su oposición anti dictadura y de enfrentamiento contra todo abuso venga de donde venga. Una de sus facetas es decir las cosas como son, lo que le mereció ser llamado el Niño Terrible o Niño Goyito, tal como se llama el personaje principal de una de sus obras.

Ha residido en Francia, Italia, Grecia y Alemania. Desde 1984 vive en España si bien hacía frecuentes viajes a su país natal al que, incluso,  regresó temporalmente. En 1999 lo abandonó debido al clima político existente. En 2005 publicó su segundo libro de memorias, Permiso para sentir, en el que denuncia ácidamente la transformación de Perú.

Se declara seguidor de los argentinos Julio Cortazar y Manuel Puig y de los peruanos Julio Ramón Ribeyro y Cesar Vallejo porque “introdujeron y produjeron el mundo de los sentimientos y el humor, tópicos muy escasos dentro de la literatura latinoamericana de entonces“.

Y es que la literatura de Bryce Echenique esta poblada de simpáticos personajes que se mueven como un poco perdidos en un mundo laberíntico, entre lo delirante, lo añorante y lo grotesco, pero rodeados de un fino humor y una tierna ironía. Es un maestro de la palabra, que domina y recrea. Su fino humor es reconocido tanto en América Latina como en Europa. Otra de sus características es que los personajes que configuran sus obras están basados en personas por él conocidas.

Ha trabajado como profesor en diversas Universidades, Nanterre, Sorbona, Yale, etc. y ha sido ponente en múltiples congresos de escritores a uno y otro lado del Atlántico.

Entre otros numerosos premios cuenta con el de Narrativa de España 1998. En 1995 durante el gobierno de Alberto Fujimori, renunció a la Orden del Sol, por sus convicciones democráticas.

En enero de 2009 un tribunal peruano le condenó a pagar una multa de 177.500 soles (42.000 €) por plagio. El delito fue el haber publicado 16 artículos de prensa de 15 autores diferentes como propios. Durante el proceso el autor negó la publicación de dichos artículos aduciendo que otros lo hicieron en su nombre. También que la acusación no era competente para ello y que la comunicación de la denuncia no le fue debidamente presentada en su domicilio de Barcelona. Nada de ésto le valió y fue finalmente condenado. Bryce Echenique siempre negó ser el autor de dichas publicaciones y dijo sentirse el objeto de una campaña de la prensa peruana para desprestigiarlo. No era la primera vez ni sería la última en ser acusado de dicho acto.

Después de escribir “Permiso para sentir“, Celia Valenzuela hizo una entrevista al autor. Por su interés para conocer como piensa y como dice las cosas, dejamos aquí una dirección electrónica en donde se reproduce dicha entrevista.

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Posted on 7 Abril, 2011, in Club Fórum mañás, Obras and tagged , . Bookmark the permalink. 2 Comentarios.

  1. Este es un libro que podrá tener otro uso, la de ser un buen ejemplo escrito sobre la personalidad de un neurótico obscesivo, así como Madame Bovarie aportó para designar con ese nombre a una determinada personalidad femenina, igual puede decirse de “La vida exagerada de Martín Romaña, no voy a decir que todo el libro me gustó de igual modo, porque hasta la página 400 y pico ya me cansaba el recurso literario de introducir nuevos personajes para sostener la exageración del personaje principal, pero a partir del personaje del psiquiatra y su esposa, ya me gustó más. El final tampoco me gustó mucho, me hubiera gustado que después de tanta medicación, trabajara psicoanalíticamente más para evitar su dependencia emocional, sobre todo de sus parejas. Lo bueno de leer esta clase de libros es tener un grupo de compañeros en el club de lectura que suman interesantes puntos de vistas.

  2. Con esta novela me ha pasado algo curioso. Ansiaba leerla, y me divertía haciéndolo, pero cuando la dejaba me costaba un poco volver a ella. Mi opinión es que la culpa de este quiero/no quiero la tiene la peculiar sintaxis de la obra. Es de un barroco subido. Vueltas y vueltas sobre una misma frase o situación. Eso la hace larga y en ocasiones pesada. Al final riza el rizo con las situaciones escatológicas que describe. Son muy buenos sus historias en Laguardia, en el manicomio de Barcelona, etc., son muy ocurrentes y divertidas. El final es soso, quizás porque nos remite a “Conversaciones con Octavia de Cádiz” como continuación de la historia. Al grupo le costó leerla. Hasta Septiembre compañeros y compañeras (de estas más)

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